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Full text of "El Parnaso Oriental. Tomo II"

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5AL 5 



féarbarti Collejje fLífirars 




FROM THE FUND 

FOR A 

PROFESSORSHIP OF 
LATIN-AMERICAN HISTORY AND 
ECONOMICS 

ESTABLISHED I913 




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INSTITUTO HISTORICO Y GEOGRAFICO DEL URUGUAY 
BIBLIOTECA DE AUTORES RACI0NAUS 

«Miiiiiir'iiuiiiiM'Miiiiiinv-'MiiMUitirii.iiM'iiti'riimiiii.'iiiiiiliiMtiMBiiiu;) nimniui fimti : ir i üiuiitw 

EL PARNASO ORIENTAL 

o 

GUIRNALDA POÉTICA 

DE LA 

REPÚBLICA URUGUAYA 

NUEVA EDICION 



TOMO II 



EL 

PARNASO ORIENTAL 

o 

DG LA 

REPUBLICA URUGUAYA 



JESÚS MENÉNDEZ 
LIBRERÍA 
a. dc miaoYCN ise 

■UENOS AIRES 



MONTEVIDEO 
IMPRENTA DE LA CARIDAD. 

1835. 

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HARVARD C0LLE8E LliKAtY 
LATIN-AMERICAN 
PRQfESSORSHlP FUND 

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El Editor. 



siendo otra la aspiración del Editor del Parnaso al 
redactarlo, qne sacar de la oib&curidad las obras con que el 
genio y las inspiraciones de Apolo quisieron inmortalizar las 
glorias y los sucesos de la República, cree no haberla satisfecho 
con la publicación del primer tomo, y se apresura a dar a 
luz el segando, enriquecido por la variedad de asuntos y de 
autores en gran parte desconocidos. 

Los acontecimientos de la revolución hablan sepultado en 
el olvido, muchas producciones; de éstas se han podido re- 
coger algunas, que el tiempo no logró destruir. De las que 
habían condenado sus autores a existir entre el polvo de los 
estantes, por temor a la censura o por moderación, se ha 
formado un caudal suficiente a manifestar los progresos que 
hace la literatura en esta parte del Nuevo Mundo. 

De los trabajos que apenas habían dejado recuerdos, ha ad- 
quirido los del señor Prego de Oliver, que aunque no son de 
nuestra época, no por eso dejan de pertenecer al país, y ser 
dignos de figurar entre los nacionales y extranjeros que han 
cantado las glorias de la Patria. 

Si es satisfactorio al Editor presentar las bellezas del nu- 
men del señor Oliver, no lo es menos ofrecer las producciones 
de la señora doña Petrona Rosende, porque consagrada a diri- 
gir una casa de educaciób del bello sexo, parece que el tiempo 
que debía destinar al descanso y lleno de las obligaciones de 
una madre de familia, lo ha distribuido entre ese deber y el 
«tedio con que ha llegado a distinguirse entre sus contem- 
poráneas. 

Observando que la Carta Constitucional hace poco mé- 
rito de la mezquindad con que algunos reclaman los títulos 
causales de naturalización para pensar y emitir el fruto de 
esa facilitad natural, ha economizado el inútil trabajo de exi- 
gir la fe de bautismo de los hijos de Apolo, a quienes ha 
recurrido por materiales. Comprometido a publicar el Par- 




naso, creyó que eran propiedad del país las composiciones 
concebidas 'bajo su Cielo, y por motivos nacionales, y sin ha- 
cer distinción entre Orientales, Argentinos y Españoles, ha 
cooperado a transmitir a otros pueblos y edades la prueba de 
capacidad intelectual que ofrece un puebdo que aún no ha 
salido de la cuna. 

Habiendo conseguido un ensayo dramático del Dr. D. Car- 
los G. Villademoros, titulado Los Treinta y Tres, convenci- 
do de la importancia de esta composición por el suceso que 
se ha querido celebrar, se le ha dado un lugar preferente en 
el tomo segundo. La adquisición de Los Treinta y Tres es 
vji triunfo conseguido sobre la resistencia de su autor. La 
influencia personal, la amistad y los ruegos puestos en acción, 
produjeron su efecto; disiparon los temores inspirados por la 
moderación y delicadeza del señor Villademoros, y le ofrecieron 
recursos para contener las impresiones que pudiera hacer su 
obra publicada en los momentos presentes. Con este motivo, 
es justo hacer enumeración de las causas que evitaron se hu- 
biese publicado en el año de 1832. 

El Drama histórico con que el Dr. Villademoros (perpetuó 
el atrevido y glorioso paso de esos Treinta y Tres valientes 
Orientales, fué concebido y arreglado en el año 32, en los 
momentos desocupados que le dejaban las obligaciones de su 
facultad. Un mes trabajó su obra que hubo de representarse 
por aficionados en el aniversario de la Jura de la Constitu- 
ción. El movimiento del 3 de Julio del propio año, suspendió 
los aprestos de ensayos y el estudio de los aficionados, y la 
impresión que se hacía en la Imprenta de la Caridad, que- 
dó también sin efecto, condenando al olvido el pensamiento 
y producción que eterniza el hecbo miáis glorioso que se re- 
gistra en los fastos amiericanos . 

Le es sensible al Editor no haber sido tan feliz para hallar 
las poesías del señor Aguiar, y esto le ha privado insertarlas 
en el Parnaso. Este vacío tan involuntario como el que dejó 
la negativa de un Poeta nacional, no disminuye las pruebas 
que ofrecen los dos tomos dedicados al Pueblo Oriental. En 
ellos, su Editor manifiesta el interés que tiene por los pro- 
gresos de la ilustración, y la gratitud que debe a la protección 
que le dispensan las instituciones de la República. 



El Editor. 




COMEDIA EN TRES ACTOS. 

POR EL 

Doctor D. Carlos G. Villademoros. 



actores. 



D. Juan A. Lavalleja. . General y primer Je- 
lfe de los 33. 

" Manuel Oribe. . . . ] rus • i a 

T / Oficiales Superiores 

' Manuel Lavalleja . . > j i oo 

^ rj \ de los do. 

Pablo Zufriategui . . . J 

" Tomás Gómez vecino de la B. O. y 

Su esposa. 

D. Jacinto Trápani . . . Ayudante del Gene- 
ral Lavalleja. 
" Julián Laguna .... Coronel al servicio 

del Brasil. 
Un Juez del Pueblo de San Salvador. 
Un mensajero. 
Tropa de los treinta y tres. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Por doquier cercan en diversos bandos. 
La Patria, no, jamás agradecida 
Te dejará de estar: el intentarlo 
Es un bastante rasgo de heroísmo 
Que asombro fuera al lidiador romano. 
Libertarla quisiste, mas, ¿qué pueden 
Treinta y tres hombres, para osar tamaño! 
Venís a perecer y vuestra muerte 
Mil siglos cava de vivir esclavo. 
No, ¡volveos, amigos! Esos pechos 
Precisos a la Patria conservadlos. 
Que otro tiempo feliz tal vez ofrezca, 
Menos cruel, a vuestro ardor el hado. 

(Se siente mido de armas). 

Entonces. . . Mas ¿qué escucho?; ya muy cerca 
De las armas el ruido siento. Huyamos. 

ESCENA 2. a 

Aparece D. Manuel Lavalleja y algunos otros, 
qne se supone haber desembarcado mientras ha- 
blaba Gómez; pero por la espesura del bosque, no 
han sido vistos por aquél, ni tampoco han podido 
ellos distinguirlo. Gómez, después de huir, vuelve 
sobre sus pasos, ocultándose con los árboles, has- 
la que es apercibido por Lavalleja. 

Lavalleja (D. Manuel) 

Ya pisamos la playa deseada, 
De donde tanto tiempo desterrados 
Y en otros climas, en miseria hundidos, 
A nuestra triste suerte abandonados, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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En vano al cielo, las sentidas quejas, 
De nuestros corazones enviamos. 
Ved ahí la playa, contemplad la tierra, 
Do a vencer o a morir determinados . . . 

(Descubriendo a Gómez). 
Pero, ¿quién es aquel que hacia nosotros 
Incierto rige y temeroso el paso? 

(Echando mano a la espdda). 
Descúbrete: ¿quién eres! 

ESCENA 3. a 

Los dichos y Gómez. 

Gómez. 

Vuestro amigo 
Que solo, solo, el postrimer abrazo, 
Ño cual creía en indecible gozo, 
Más sumergido en desperado llanto. 
Perseguido, en angustias horrorosas, 
Atrevido patriota! viene a (Jaros. 
Se acabó la esperanza: no hay remedio: 
Es preciso sufrir y que encorvado 
El cuello dócil, al pesado yugo, 
Siga, en silencio, su destino aciago. 
El fuerte Arenas, que en la grande empresa, 
Activa ayuda prometiera daros, 
Hoy ¡ay triste! del plomo cruel herido, 
Yace en el lecho del dolor, postrado (1) 

(1) Y traidora esperaste 

Verle, en el ieeho del dolor postrado — 
D. Juan C. Várela, en su Oda a la muerte del General 
Bel grano. 

El autor. 
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EL PARNASO ORIENTAL. 



Yo mismo, hacia esta costa, escapo huyendo 

Del bárbaro enemigo; y a mostraros 

El peligro, he venido, que os rodea, 

Si no partís al punto ; retiraos, 

Idos, amado amigo, el triste anuncio, 

Llevad al noble, malhadado hermano, 

Llevad; que lejos de su suelo evite 

De infausta suerte el hospedaje ingrato. 

Lavalleja (D. Manuel) 

Y ¿a quién aconsejáis tal ignominia í 
O ¿acaso habéis creído que fiados, 
De ajeno auxilio, a nuestra cara patria, 
Libertarla o morir hemos jurado? 
Os engañáis: del Oriental el pecho 
No tiembla, no, con el falaz amago 
De cobarde legión que pretendiera 
Oponer el Imperio, a nuestros bravos. 
Si quien ayude falta nuestro intento 
Membrudo al menos conservar el brazo 
Nos será dado y en la lid triunfemos 
O seamos en ella sepultados, 
Es igual si se rompen las cadenas 
Y olvidamos de siervo, el nombre odiado. 

Gómez. 

Ese valor indómito, otro tiempo, 
¡Cual mereciera el general aplauso! 
Cuando unidas las fuerzas Orientales, 
Al enemigo, disputar el campo, 
Palmo a palmo, pudieran: cuando todos 
La invasión horrorosa detestando 



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EL PAKNASO OBIENTAL. 



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Al primer grito de la hallada patria, 
Las usadas espadas descolgaron. 
Entonces, sí, que el belicoso pueblo, 
La libertad sagrada, respirando, 
De un extremo, hasta el otro conducía 
De Marte fiero, el estruendoso carro. 
Tal época pasó; y ora abatidos 
Los valientes campeones y humillados 
Apenas osan levantar el rostro, 
Ante el altar de la opresión, nefando. 
Vosotros solos, para ejemplo eterno, 
De intrepidez y patriotismo, en vano, 
Despreciando la muerte y sus horrores, 
Os habéis a estos montes, arrojado. 
En vano pretendéis : Duras cadenas . . . 

Lavallbja (D. Manuel) interrumpiendo 

Tened, Gómez, tened y no el infausto 
Porvenir descubráis a vuestro amigo, 
A quien nada capaz es de arredrarlo. 
Los que ya han padecido, cual nosotros, 
Tantas contrariedades y trabajos, 
No el fin ilustre, de inmortal carrera, 
Verán jamás, con el temor manchado; 
Yo los vi, yo los vi, a esos valientes, 
Salir ocultos, de entre el pueblo hermano, 
Que generoso asilo dispensara 
A sus desgracias y destino airado. 
Yo los vi, envueltos en obscura noche, 
El tierno adiós, de la amistad, enviando, 
Pobres, desnudos, sin apoyo alguno, 
En sus nobles espaldas colocado 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



El aparejo militar, gozosos 

Seguir, con todo, sus proyectos altos. 

Ni una queja, del ¡pecho se despide 

Ni allí gemido se escapo al cansancio 

Que penosa carrera nos causara 

Hasta el punto lejano del embarco. 

Al fin pusimos, en endeble pino, 

El decidido pie; y separados 

De la costa, nos vimos y los remos 

Al undísono Plata, golpearon. 

Fresco era el viento y favorable entonces ; 

Mas, al momento, se tornó contrario, 

Y a pesar del esfuerzo vigoroso, 
Hacia la playa amiga, do zarpamos, 
Nos conduce otra vez. Al nacer Febo, 
De sus brillantes rayos rodeado, 
Alumbró nuestro mal y la constancia, 
Con que a los elementos, contrastando, 
A su fuerza las nuestras oponiendo, 
El frágil remo, en valedora mano, 
Quisimos obligar al alto cielo 

A proteger nuestro designio osado. 
Nada es bastante ya: la áncora aferra 
Pronto el piloto, mas la aferra en vano, 
Que el Aquilón furioso, el diente corvo, 
De la arena desprende, y arrastrados 
Hacia tierra, volvimos, cuando Oribe, 
El valeroso Oribe, que en el campo 
De la guerra, supiera tantas veces, 
El fuerte acero, descargar airado, 

Y mil muertes y mil, al enemigo, 
En cada golpe dar, al encrespado 
Pronto se arroja y a la débil quilla, 



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EL PAJtNASO OBIENTAL. 



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Opone, diestro, el invencible brazo. 
Aquesto nos salvó; y al fin nos vemos 
En el seguro puerto, deseado, 
Adonde yo el primero conducido, 
Mi grata voz al eternal levanto. 
Pronto aquí llegarán mis compañeros 
Y pronto, Gómez, el fraterno abrazo, 
De ellos recibiréis . . . 

ESCENA 4/ 

Al finalizar D. Manuel Lavalleja estas expre- 
siones, se hará sentir un pequeño ruido, y Lava- 
lleja y Gómez verán ya en tierra a todos, los que 
mientras él hablaba, venían remando hacia la eos- 
ta. Al verlos D. Manuel Lavalleja, dirá a Gómez. 

Lavalleja (D. Manuel) 

Helos, amigo. 

Gómez. 

¡Oh Dios! venero tus decretos altos! 

D. Juan Antonio Lavalleja es él ultimo que 
salta en tierra, con una bandera tricolor en la 
mano izquierda, y en el momento, hincando una 
rodilla, pronunciará la invocación siguiente. El 
acto de hincarse lo imitan todos. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

¡Salve, Patria infeliz, mi Patria amada! 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Al fin toco tus costas oprimidas 

Y el Dios eterno, de las almas dueño, 
Aquí, en mi pecho renovar las iras 

Y la venganza ve que atrajo dura 
Del Lusitano la opresión impía! 
¡Salve! mil veces, salve! helos tus hijos, 
Tus hijos, sí, de la mansión querida, 
Do la abundancia grata los rodeaba, 
Prófugo, ¡ay! y en la miseria mira, 
Mira el hierro mortífero, en su mano, 
Precursor <Jel estrago y de la ruina, 
Mira el fiero semblante, en que la rabia, 
La sangre anuncia que verás vertida. 
¡Sangre del invasor! Sangre que piden 
Las sacras sombras de la tumba fría, 
Do el furor de la guerra las lanzara, 

De do al furor y a la venganza, incitan. 
¡Venganza sin piedad! amigos, todos 
Tended la espada, y a la faz benigna 
Del Dios de los mortales, hoy juremos 
No gozar de quietud, sino concluida 
La raza infame, que al Oriente libre, 
De esclavo el nombre, vergonzoso fija. 

Todos. 

Lo juramos. 

La valle ja (D. Juan Antonio.) 

¡Señor! El juramento 
Acepta, que prestamos, y castiga 
Con el rigor de tu potente diestra, 
Al que cobarde, de llenar desista, 



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EL PAitNASO ORIENTAL. 



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Los deberes sagrados que le impone 
El cautiverio de la Patria mía. 

(Se levantan.) 

D. Manuel Ortbe (Levantándose.) 

Nadie desistirá: no jura en vano, 
El Oriental jamás; (1) y larga vida 
Nunca supo arrastrar entre cadenas 
Ligado al carro de potencia altiva, 
Que despreciando los derechos santos, 
Que a las naciones, eternales, ligan 
Lanzara injusta, sus legiones fieras 

Y en la confianza de la paz, dormida, 
Los límites invade, sin defensa, 

Y audaz la tierra, de la gloria, pisa. 
Harto tiempo su mano destructora 
Se burló del valor; y la ignominia, 
Harto tiempo, sufrimos, con que mancha 
Antiguos triunfos, la nación vencida. 
Basta de padecer, basta de llanto, 
Basta de ver las míseras familias 

De los ínclitos hijos del Oriente 
En la vergüenza y el dolor sumidas. 
Llegó la hora de sangre, corra, amigos, 
Corra a torrentes y de riego sirva 
Al laurel majestuoso, que se eleve, 
De nuestros montes en las altas cimas. 
Aprendan a temblar esos malvados, 

(1) Nada sucederá; no jura en vano, 

El rey de Argos, jaiüás — 
D. Juan C. Várela en su Argia. 

El autor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



A arrepentirse aprenda su osadía: 
Que la muerte sañuda, en el combate, 
Veloz recorra, sus cobardes filas. 
Todos perezcan, sí; y a los que libre 
De nuestro acero, vergonzosa huida, 
Errantes, vaguen sin hallar la senda 
Que al país de esclavos, do nacieron, guía. 

Gómez. 

¡Ilustres campeones!! Cuán gozoso 
Sacrificara la existencia mía 
Si a la Patria pudiera tal ofrenda 
Volver ¡ay Dios! la libertad perdida! 
Nada temo, en verdad ; mas traicionara 
La fe que en mí depositasteis, digna 
De un suceso mejor, si os ocultase, 
Entre esperanzas de triunfar, fingidas. 
La situación horrenda, en que confiados 
Vuestro noble valor os precipita. 
No bien hubo llegado a aquesta banda 
El eco de la fama, y la noticia 
No bien aún se extendiera, del designio, 
Que el munclo todo, con asombro, admira, 
Cuando un mil de partidas opresoras 
En numerosos puntos, divididas, 
Acechan vuestros pasos . Los temores 
Que al trono imprime injusta tiranía, 
Más perspicaz el ojo del Tirano, 
Hacen, y cierta vuestra pronta ruina. 
Pero aún podéis burlarlo, aún amarradas 
Las barcas conductoras a la orilla, 
La salvación ofrecen, que en muy poco, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Imposible será. Sí, todavía 
Podéis volveros a la opuesta costa 
Y las personas reservar queridas, 
Para emplearlas cuando justo el cielo 
La independencia y libertad revivan. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

Vuestro cuidado, Gómez, agradezco; 

(Al dueño del lanchón). 

Mas oíd mi respuesta. Te aproxima, 
Remero amigo, que a la amada playa, 
Apresuraste la llegada mía. 
Prémiete el cielo tu favor; ya nadie 

(Dándole dinero). 

Ora aquí, tu servicio necesita. 
Sólo un momento espera, por que lleves, 
Al generoso Pueblo, aquesta lista, 
De los que, al cabo, la Oriental arena, 
Llenos de orgullo y de entusiasmo pisan. 
Formadla, Zufriategui. 

Aquí empezará D. Pablo Zufriategui a formar 
la lista, nombrando a cada uno de los treinta 
y tres en voz alta y por él orden de sus clases. 
Acabada que sea, la presentará a Lavalleja, 
quien, después de recorrerla con la vista, dirá. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

Falta Araújo, 
Que una empresa le fuera cometida, 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



En un punto distante, donde importa 
Que, con valor y actividad, se expida. 

(Dando la lista al marinero). 
Ahora, tómala y marcha. 



D. 



D. 



LISTA. 

CLASES Y NOMBRES. 



General, 

Juan Antonio Lavalleja 
Jefes, 

Manuel Oribe 
Pabilo Zufriategui 
Manuel Lavalleja 
Manuel Freiré 
Simón del Pino 
Basilio Araújo. 
Oficiales, 

Santiago Gaxlea 
Atanasio Sierra 
Jacinto Trapani 
Gregorio Sanalbria 
Manuel Meléndez 
Pantalón Artigas 
Juan PiquinWLn 
Andrés Piquimán. 



Soldados, 
Avelino Miranda 
Celedonio Rojas 
Andrés Aregnetí 
Juan Ortiz 
Camelo Colmftn 
Ramón Ortiz 
Dionisio Oribe 
Juan Rosas 
Felipe Carapé 
Francisco Laval'leja 
Joaquín Artigas 
Juan Acosta 
Santiago Nieva 
Ignacio Núñez 
Andrés Gheveste 
Luciano Romero 
Agustín Vetázquez 
Ignacio Medina. 



El marinero, luego que toma la lista, se embar- 
ca precipitadamente y empieza a alejarse de la 
costa y remando. Luego que Lavalleja lo ve dis- 
tante, dirige a Gómez la palabra. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

La esperanza, 
Que tenías, ¡oh Gómez! se disipa. 
Ved alejarse, entre espumosas olas, 
El único refugio que ofrecía, 
A quien, a costa del honor, quisiese, 
Cobardemente prolongar su vida. 
No existe salvación; sólo la espada, 
El brío sólo guardará los días, 
De los que muerte o vencimiento quieren 

Y sólo a muerte o vencimiento, aspiran. 

Y ella los guardará. Venid soberbios 
Brasileños, corred; el pie ya fijan 
Treinta y tres hombres, en el vasto campo, 
Que, en horrible fragor, todo se agita, 

Al rodar presuroso de las armas 
A que el Imperio su defensa fía. 
Venid, veréis que en su serena frente, 
Sangrientas letras " Libertad' 9 os gritan. 
Sonó el instante del feroz estrago, 
Del Cielo, en torno, la venganza gira! 

Al finalizar Lavalleja las anteriores expresio- 
nes, aparecerá un vecino que se supone enviado 
por Gómez para observar al enemigo. 

ESCENA 5/ 
Los dichos y el mensajero 
Gómez. 

¡Valiente Lavalleja! este vecino 
Es mensajero fiel, que yo enviara 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



A espiar, del enemigo, el movimiento, 

Y él puede daros la noticia exacta 
De la fuerza que tiene. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

¡ Mensajero ! 
Hazme saber, tan sólo, la distancia, 
Que al portugués cobarde, de los libres 
Armados sólo de valor, separa; 
Hazme saber si centelleante el rostro, 
El cuerpo firme y marcial la planta, 
A recibir el impetuoso empuje 
De estos bravos soldados, se prepara . 
Si sediento de lágrimas y sangre 
Invoca ansioso, la fatal batalla, 

Y si de la pelea, el hierro agudo 
Brilla en su mano, y lo sostiene airada, 
i Qué me importa su fuerza? ¿Decididos 
No estamos a vencer, o en la campaña 
Dejar los fríos cuerpos insepultos, 
Ejemplo de valor y de constancia! 
Solo me importa que me esperen, sólo 
Que den lugar a saciar mi saña; 

Que mil vidas y mil arrancar pueda 

Y mil y mil, aún no satisfagan, 

El eterno rencor, de aqueste pecho, 
De aqueste pecho la eternal venganza. 

Mensajero 

No muy lejos, señor, de aqueste bosque, 
Se ven lucir las enemigas armas, 

Y no mucho, de vos, dista el peligro, 
Que, con pavor, veréis os amenaza. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Lavalleja (D. Juan Antonio) 

¡ Cuánto a una alma pequeña, el torpe miedo, 
La vence en el instante y avasalla! 
¡Y cuál mide constante, por la suya, 
La fortaleza de las grandes almas! 
¿Piensas que tiemblo yo, porque tú tiemblas? 
Conóceme mejor, ve con quién hablas. 
Nunca el peligro cerca, al que no teme, 
Ni hay defensa bastante al que acobarda, 
Su mente misma, a quien la leve piedra 
Gigantesco coloso le retrata. 
Sólo, en medio del riesgo es que se adquiere, 
Para el guerrero, merecida fama, 

Y nunca el eco, de victoria fácil, 
Mover hiciera sus veloces alas . 
Pregunta si hay alguno, entre nosotros, 
Que muestre, vil, la fugitiva espalda, 
Cuando horrísono, el bronce de la guerra, 
Por doquier muertes y furor reparta; 

Y valor hallarás y huye cobarde, 
Su voz de trueno, sonará agitada. 
Huye Oriental indigno de las glorias, 
Que están para nosotros reservadas. 
Píntanos fiero al enemigo, pinta, 
Numerosa falange, concentrada, 

Que un triple muro, insuperable, forme 

Y donde brillen terrorosas armas. 
Allí conocerás lo que valemos, 
Allí verás a la insaciable parca, 
Cual huye temerosa, ante nosotros 

Y al enemigo, convertir su rabia. 
Escucharás, del vencedor, el canto 

Y la bandera tricolor, alzada 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



A los libres dirá: "Esta es la seña, 

Que a pronta muerte o libertad os llama". 

Z UFBI ATEGUI. 

Y todos correrán, que al grito heroico 
De ''hijos de Oriente revivió la Patria". 
No hay brazo alguno que en el ocio quede, 
No hay corazón que sosegado lata. 
Pronto será que presurosos vuelen, 
Resonando elevadas, las montañas, 
L03 numerosos grupos de habitantes 
Que de llorosa esclavitud escapan. 
Obcecado, en el trono, el cruel tirano, 
Cree su dominación bien asentada, 
tCon la engañosa sumisión que presta 
El intrépido pueblo a la pesada 
Corona que lo oprime y que pretende 
Su poder aumentar con nuestra infamia. 
Pronto será que sufra el espantoso, 
Terrible desengaño, y que arrojada 
De este suelo, la hueste destructora, 
De su derrota, la noticia infausta, 
Vergonzosa le lleve y mal seguro 
El férreo cetro de su mano caiga. 
Nosotros, el ejemplo les daremos 
De invencible coraje en las batallas 
Y haremos ver que noble independencia, 
En sabiendo morir, siempre se alcanza. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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ACTO SEGUNDO. 

ESCENA 1/ 

Va siendo más claro. Lavalleja se presentará 
acompañado de Oribe y Zufriategui. Entre el bos- 
que y a distancia, se percibirán algunos soldados 
de los treinta y tres apostados como centinelas. 

Lavalleja (D. Juan Antonio) 

Ya no hay lugar a dudas; es preciso 
Marchar a la victoria, compañeros, 
Ese (Jía que luce, va a mirarnos 
Oponer fuertes el murado pecho 
A todos los horrores de la guerra, 

Y en medio del estrago y del incendio, 
Verá a nuestro soldado imperturbable 
Marchar sobre cadáveres sangrientos. 
Mis órdenes he dado, y Lavalleja 

Y Cheveste y Ortiz, aquí bien presto 
Conducirán caballos, con que Gómez 
Ha querido ayudarnos. 

D. Manuel Oribe. 

Sólo eso 

Necesitamos, y al combate, al punto, 
Todos corramos, al combate fiero. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Lavalleja (D. Juan Antonio) 

Todos corramos, sí, que una victoria, 
Una sola victoria, el vencimiento 
Para siempre asegura. Yo conozco 
Cuánto estima el valor, el noble pueblo 
Que, en la opuesta ribera, majestuoso, 
Marcha triunfante, de laurel cubierto. 
Laureles merecidos que cogiera 
En cien batallas, que el hispano fiero 
Avaro provocara y que su ruina 
Y su deshonra nacional trajeron. 
Dígalo, allí, sino el laborioso 
Inteligente nauta, rico isleño, 
Cuyos trofeos, holocausto digno 
De la deidad, en el sagrado templo 
De los hijos del Sol, allí atestiguan 
El valor a los siglos venideros. 
Díganlo Maipo y Chacabuco, digan 
Del Perú libre los riscosos cerros. 
Junín lo grite y Ayacucho, en donde, 
Del León de la Iberia los postreros 
Rugidos se escucharon, y vencido, 
Fué a ocultar su vergüenza a otro hemisferio. 
Su3 haces tantas veces vencedoras, 
Vuelven gozosas al nativo suelo, 
Que de glorias llenaron y un instante (1) . 
Sólo darán descanso al fuerte aliento; 
Que en la guerra sangrienta, les prepara 
Nuevas victorias y laureles nuevos . 

(1) En la Iglesia Catedral de Buenos Aires, y no me acuer- 
do si tamíbién en la de Sto. Domingo, existen las Banderas 
tomadas en diferentes acciones ganadas por los Generales de 
aquella República . El autor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Ellas vendrán aquí y esta esperanza, 
Ha apresurado, en parte, mis proyectos. 
Para seguridad de que en Oriente, 
Jamás, de esclavitud, el duro reino, 
Firme se asentará, que en todas partes. 
Segundados serán nuestros esfuerzos, 
Por el bravo habitante que murmura 

Y encorva apenas, el indócil cuello. 
Ellas vendrán, repito, y generosas, 
Tolerar no podrán que el extranjero 
Aje de un país el lustre que adquiriera 
Marchando unido al Argentino suelo. 

Oribe (D. Manuel,) 

Yo he venido a morir, ¡oh Lavalleja! 

Y aqueste corazón jamás el miedo 
Le hiciera palpitar, que nunca cupo 
Temor alguno en varoniles pechos. 
Vos lo sabéis también, lo saben todos 
Los que estamos aquí. Aún recuerdo 
La última noche, que a la orilla hermosa 
Del majestuoso Plata, en el silencio 

De quietud general, nosotros solos 
Llamábamos, ansiosos, el momento 
De partir a la lid; y vos, entonce, 
Nos convocasteis, y el semblante lleno 
Del ardor Patrio; y en la diestra mano, 
Mostrando, en alto, el formidable acero : 
" Compañeros, dijisteis, no confiados 
" Queráis marchar, en el auxilio ajeno, 
" Ni contéis ayudaros con más fuerza 
" Que ésta que pronta en la ribera vemos. 
* * Yo no quiero engañaros : nunca, a nadie 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



" Mi plan comuniqué; sólo mi esfuerzo, 

* 6 Mi espada sola y mi valor a Oriente 

" Y el vuestro sólo, en sacrificio, ofrezco, 

" Solos, solos, a todos los peligros 

<k Que van a rodearnos, correremos, 

u Yes preciso que solos, la victoria 

" A la imperial legión arrebatemos. 

" Yo ya estoy decidido; mas vosotros 

" De dar un paso atrás, aún tenéis tiempo; 

" No me culpéis después; ahora os invito 

" A que reflexionéis; mas si resuelto, 

" Una vez, este paso, en adelante 

" Alguno escucha del temor, consejos, 

" Perdido es para siempre, que este brazo, 

" Sobre el traidor descargaré el primero". 

Así hablasteis, señor, y nadie, nadie 

Quiso, cobarde, rehusar el pecho 

Al acero enemigo; la esperanza 

Sólo los brazos y la espada fueron, 

Y en lugar de temblor, sólo coraje 

A nuestras almas inspirara el cielo. 

(Por qué ahora, cambiáis ese lenguaje. 

En la promesa del socorro incierto, 

Que la gran Buenos Aires, generosa, 

Prestar podría al oprimido pueblo? 

(Acaso desmayar habéis sentido 

De libertad el rigoroso anhelo? 

¿O, próximo el peligro, habéis creído 

Que se extinguiera nuestro heroico aliento? 

Lavalleja (D. Juan Antonio) 

Jamás así juzgué que ofensa fuera, 
A vuestro brío y .general denuedo, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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La más leve sospecha que encerrara, 
Contra vosotros, lo interior del pecho. 
Siempre os creí valientes, siempre prontos 
A oponer al peligro, el firme esfuerzo 

Y a crecer en valor, al punto mismo 

Que horrendo amaga, aterrador, el riesgo. 
Mas no era el caso allí de lisonjearos 

Y a un engaño fatal, luego exponeros. 
Debí manifestaros los peligros 

Y la muerte horrorosa, sosteniendo 
La guadaña terrible, con que abate, 
Sin distinguir en su rabioso empeño, 
Del virtuoso patriota, en la batalla 

Y de orgulloso usurpador, el cuello. 
Debí buscar amigas decididos, 

Que no temiesen el aspecto fiero 

De la parca sangrienta y que supiesen 

Al hondo averno descender contentos. 

En vos los encontré y ora gozoso 

Manifestar del corazón, ya puedo 

Las miras escondidas y confiado 

Descubrir la extensión de mis proyectos. 

Ved aquí la razón de la conducta 

Que guardé sigilosa, aunque estoy cierto 

Que pronto esta bandera, defendida 

Por mil brazos, será, de mil guerreros. 

Todos aman la ¡patria ; cual nosotros, 

Aspiran todos al feliz momento 

En que la propia sangre mire ahogado, 

El soldado feroz, que el cautiverio, 

Nos impone y soberbio muestra el arma 

Que usurpó al Oriente sus sagrados fueros . 

Mas no todos se atreven a lanzarse 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



En el campo de Marte, los primeros, 
Sin que haya uno, que osado quiera darles 
De Libertad el poderoso ejemplo. 
Nosotros ya le dimos . . . pero, amigos, 

( Empieza a mostrarse él Sol.) 

Ved que comienza el movimiento eterno, 
El astro esplendoroso y nos alumbra 
Con su luz, protectora de los buenos; 
El nos invita a acelerar el paso, 
A dejar estos bosques y ponernos 
En la actitud terrible de los libres, 
Que a nn tirano disputan sus derechos. 
Ora es preciso obrar, es necesario 
Mostrar desnudo el destructor acero 

Y obligarlo a servir a nuestra saña 

Y a derribar el vacilante Imperio. 
Marchemos al combate ; la victoria 

Es vuestra, compatriotas: yo os la ofrezco. 

ESCENA 2: 
Los dichos ;// Trápani, Ayudante de Lavdlleja 
Trápani 

Están aquí, señor, los que enviasteis 
A traernos de Gómez el auxilio : 
La belicosa gente entusiasmada, 
Al Cielo eleva de i i pelea " el grito. 
Vuestra sola presencia allí, se espera. 

L avalle ja (D. Juan Antonio) 
Ayudante, marchad; vamos, amigos. (Vanse.) 



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EL PARNASO OKIENTAL. 



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ESCENA 3/ 

Después de irse Lavalleja y los que lo acompa- 
ñan, por nn lado del bosque, se presentará, por 
el opuesto, la mujer de Gómez, con dos chicos, la 
que se supone venir afligida, buscando a su ma- 
rido, que ha huido la noche anterior. 

La esposa de Gómez 

¡Hijos de mi dolor»! Tiernos renuevos 
De un padre desgraciado! Cuán acerba, 
Cuan triste suerte, idolatrados míos! 
En vuestra propia habitación, os cerca. 
Prófugos, desvalidos y en la busca 
De vuestro padre, en las obscuras breñas 
Donde solo de sierpe venenosa 
El silbo se oye y de sañuda fiera 
El bramido horroroso, con que el monte 
Retiembla todo y de pavor os llena! 
¡Ay! ¿Quién podrá valeros? Vuestra madre, 
Esta madre infeliz que apenas fuerzas 
Conserva ya, para mover el paso 
Cansado y débil, que en el polvo sienta? 
¡Ah! desolada esposa! ¿A dónde, a dónde 
Tu ventura se fué? ¿En qué ofendieras 
Al alto Cielo que irritado y duro 
A dolor tan amargo te condena? 
¡Esposo de mi amor! Mira tus hijos 
De nuestra unión las deseadas prendas, 
Cuál invocan tu nombre, y desoídos, 
Cuál baña el llanto sus mejillas tiernas! 
¿Y eres sordo a su voz? Y sus caricias 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Y dulces juegos infantiles dejas? 

¿Por qué no vienes, di! Mas, ¡desgraciada! 

¿A dónde triste <mi aflicción me lleva? 

No vuelvas, no; más bien abandonada, 

Seguiré sola, mi fatal carrera. 

Venid, amados míos; en mi seno, 

Que es el único escudo que ya os queda, 

Venid a guareceros... ¡Cielos santos! 

(Oyese ruido de armas.) 

Hasta aquí el ruido de las aranas llega. 
¡Asesinos infames de mi esposo! 
¿Queréis también las criaturas tiernas, 
Degollar en los brazos de su madre? 
No lo conseguiréis: primero vea 
Mi cuerpo, en mil pedazos dividido. . . 
Ya no soy débil, no; vuestra presencia 
De tímida mujer me ha convertido 
En furibunda y despiadada fiera. 

ESCENA 4/ 

La mujer de Gómez y don Manuel Lavalleja, 
que ha debido estar escuchando las expresiones de 
aquélla desde "Cielos Santos" adelante. 

Lavalleja (D. Manuel) 

Tened, señora, suspended las voces 
Que el dolor os arranca. No contrarios. 
No infames asesinos, vuestros ojos, 
Por el bosque vagar, están mirando. 
Todos somos amigos; Orientales.,, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



2."> 



Mientras ha hablado D. Manuel Lavalleja, la 
mujer de Gómez lo habrá estado mirando, como 
si quisiera reconocerlo, y al fin prorrumpirá en 
las siguientes expresiones. 

Esposa de Gómez 

Es verdad o me engaño ¡Dioses santos! 
[.Sois Manuel Lavalleja? 

Lavalleja (D. Manuel) 

Sí, señora; 

El mismo soy, el mismo que otros años 
Con libertad pisaba y alegría 
De aquesta banda los preciosos campos; 
El mismo que después» en triste fuga, 
La piedad implorara del extraño, 
Cuando vencido el país, en que naciera, 
Las portuguesas armas me arrojaron, 
Y el mismo soy que, a libertar mi suelo, 
Con un nuevo coraje, torno armado. 
Ved allí al General, y vuestro esposo 
Está también con él ; id, preparaos . . . 

Esposa de Gómez 

¡Mi esposo! ¿Qué decís? ¡Ah! permitidme 
Que me arroje, señor, entre sus brazos. (Fase). 

ESCENA 5." 

Se supone que la mujer de Gómez no ha en- 
contrado a D. Juan A. Lavalleja, Oribe y Zu- 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



friategui, que en el momento se ven en la escena. 
Lavalleja (D. Juan Antonio) 

Sí, lo he sabido todo; de esa fuerza 
El Coronel Laguna tiene el mando, 

Y es verdad que este Jefe, nunca aleve, 
Contra su patria levantara el brazo. 
Pero quizá en la crisis, temeroso, 
Olvide, antiguos de amistad, los lazos, 

Y más propicia, otra ocasión, espere 
Para obrar decidido. Es necesario 
Amar, no sólo el país, amar la muerte, 
No mirar hacia atrás y abandonando 
Bienes, esposas, hijos, a este suelo 
Que nos viera nacer, sacrificarlos 

Para arrojarse a la arriesgada empresa 
De libertar aquél, con un puñado 
De valientes, es cierto ; pero expuestos 
En el empeño, a sucumbir osados. 
Mas ya no hay que elegir; venga Laguna 

Y tiemble, tiemble, al pronunciar su labio 
La sentencia fatal. Una palabra, 

Una sola ¡palabra va a anegarnos 
En raudales de sangre: allí la mía 
Correrá, puede ser; pero, entretanto, 
Descenderé al sepulcro, sin mancilla 

Y con mil muertes bajaré vengado. 

Oribe (D. Manuel.) 

Un mismo sitio, ilustre Lavalleja. 
Nos verá victoriosos o a tu lado 
Nos verá perecer: tu noble sangre 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Jamás de Oriente correrá en las campos, 
Si no va con la mía; mas la muerte 
No cebará tan pronto el descarnado 
Brazo, en nosotros y a la eterna noche 
No bajaremos antes que saciados 
De horrores y de sangre, nuestros pechos 
Vayan contentos, a eternal descanso. 
Cada vida que acabe, con cien otras 
Pagará el enemigo; que a los bravos, 
Que no temen morir, siempre la parca, 
Supo, en medio del riesgo, respetarlos. (1) 
Mancha en sangre del débil su guadaña 
Y la mancha otra vez ; mas la de esclavos 
Nunca deja mezclar con la del libre 
Para altos hechos de valor formado. 

Lavalleja (D. Juan Antonio) 

¡Cuánto place a mi alma ese coraje, 
Ese noble furor! ¡Cuánto entusiasmo, 
Cuánto valor inspiran las palabras 
Que, de un labio, se vierten esforzado! 
Es preciso vencer, que del suceso 
Pende, sin duda, el general dictado 
Que, por la edad presente y venidera, 
Está ya a nuestra empresa reservado. 
¡Ay, si somos vencidos! Aunque fuertes 
En el campo de Marte, derramando 



(1) ...Marte 

Que mi 1 ] veces, el furor depuesto, 
Supo en medio del riesgo, respetarte. 
D. Juan Crcz V abela, en su Oda a la muerte del General 
Belgrano. El autor. 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



Nuestra sangre, a torrentes la contraria, 

Correr, amigos, con placer veamos. 

Nada conseguiremos: nuestros hijos, 

Todo el Oriente quedará entregado 

A más dura opresión. Duerme un instante, 

Con un sueño feroz, cruel el tirano 

En ciega confianza sumergido, 

Y su dormir ofrece algún descanso 
Al afligido pueblo. No hay remedio, 
Vamos a despertarle; pero hagamos 
Que cuando empiece, con semblante torvo, 
La víctima a escoger, y cuando airado, 
Tienda sobre ella, vengativo y fiero, 

De su poder el execrable brazo, 
Entonces sienta de victoria el grito 

Y el golpe sienta, que acabó su mando. 

ESCENA 6.* 

Los dichos y Trápani, que se supone haber sido 
enviado a llamar a Laguna, para la conferencia 
que tiene lugar en el tercer acto. 

Trápani 

Ya he cumplido, Señor, lo que ordenasteis. 
He hablado con Laguna, y él se presta 
A explicarse con vos, desde el instante 
Que de este bosque nos observe fuera . 

Lavalleja (D. Juan Antonio) 

Pronto <Je el partiremos: al momento 
Id y la orden dad que nuestra fuerza 
Al inmediato pueblo se conduzca. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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ESCENA 7/ 

El Ayudante se va y Lavalleja (D. Juan An- 
tonio), prosigue. 

Vamos, amigos, vamos: la hora llega, 
De decidir si de Laguna, aliados 
O enemigos seremos: la pelea, 
En el iiltimo caso, es el recurso 
Unico y necesario que nos queda. 
¡Oh Sol! padre de América, que alumbras 
El mundo todo, en tu eternal carrera! 
No más, no mas, tu frente majestuosa 
Veré, al nacer, de deshonor cubierta. 
No más verás tus hijos abatidos 
Implorar, tristes, la piedad ajena 
Ni míseras familias desoladas 
Al cielo alzar sus despreciadas quejas. 
Yo lo repito, ¡oh Dios!, vivamos libres 
0 al punto se abran las gloriosas huesas. 




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EL PARNASO ORIENTAL. 



ACTO TERCERO. 

ESCENA l. m 

El Teatro representará el Pueblo de San Salva- 
dor en el que se distinguirá la Casa del Juez, con 
una puerta principal al foro, que es por la que en- 
trarán D. Juan Antonio Lavalleja, Oribe, Zu- 

FRIATEGUI Y EL AYUDANTE D. JACINTO TbÁPANI, y 

por la misma lo hará después Laguna. Otra a la 
derecha, que se supone ser la que guía a los 
aposentos. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

(al Ayudante) 

Mucho tarda, en verdad; pero, decidme, 
¿De qué modo Laguna la noticia 
Recibió que le disteis? ¿Era acaso 
Impuesto ya de la llegada mía? 
¿O dudaba, tal vez? ¿Qué sentimientos 
Su semblante mostrara, cuando dicha 
Le fuera mi embajada? 

Trapani 

Mil afectos 
Su americano pecho combatían, 
Ora miraba con sañudo aspecto, 
La hueste asoladora, que en sus filas, 



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Eli PARNASO ORIENTAL. 



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Al Imperio defiende; y ora triste 

" Tú te pierdes, amigo, repetía. 

il Tú te pierdes y encuentran mil valientes 

" Si siguen ciegos tu furor, su ruina, 

" Mi Patria. . . "mi deber". . . y sin concepto, 

Mil voces de sus labios se partían. 

Al fin me llama, y Ayudante, dice: 

Llevad esta respuesta, la que oída 

Ha sido ya por vos. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

Basta; que pronta 
Se mantenga la gente, apercibida. 

Al decir esto hará señal para que el Ayudante 
se retire, lo que éste ejecutará con la venia de 
costumbre. 

BSCENiA 2: 

Los de la anterior, menos el Ayudante. 

Lavauleja (D. Juan Antonio.) 

i Habéis oído, amigos míos? No le basta 
Al déspota insolente, sujetarnos 
Ni en angustiosa rabia, al yugo uncido, 
Mirar le basta, al Oriental, el carro 
Conducir odioso. Que su orgullo 
Mas horrores desea. Contrastando 
De natura las leyes eternales, 
Forma de Oriente, el horroroso teatro, , 
Donde el hijo del padre, despedace, 
El anciano pecho y do el hermano 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Al hermano infeliz, envuelto en sangre 
Mire caer, por la fraterna mano. 
Sí; tal es su intención. Pero te engañas, 
Cobarde usurpador, que nuestros brazos 
Jamás el golpe matador dirigen 
Del indígena, al cuello desgraciado. 
Sólo a ti, sólo a ti, sobre ti sólo 
Ellos han de caer. Pronto empapado, 
El verde campo enrojecido, en sangre y 
Por todas partes se verá; y alzado 
Una vez el alfanje de la guerra, 
La muerte y nada más; muerte, malvado, 
Muerte será de tu falange impía. 
Muerte tuya será ; y bamboleando 
Tu trono, en el abismo silencioso. 
Servirá de escarmiento a los tiranos. 

ESCENA 3. a 
Los dichos y Trápani. 

Trápani (a Lavalleja) 
El Coronel Laguna hacia aquí viene. 

Lavalleja (D. Juan Antonio.) 
A Trápani A los que le acompañan. 

Y vos conducidlo: retiraos. 

ElSCENA 4." 

Salen todos por la parte del foro y al momento 
entra por la misma, Laguna, quien se dirige a 
D. Juan Antonio Lavalleja, en ademán de abra- 
zarlo, diciendo lo siguiente. 

Laguna. 

j Mil afectos, amigo y compatriota. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Lavalleja (D. Juan A.) (Deteniéndolo) 

Aún no se si lo somos; otros años 
Las armas de la Patria vengadoras, 
Juntamente esgrimiendo y en el campo 
De la guerra sangrienta, al enemigo, 
Envuelto en muerte y en pavor, dejando 
Nuestra sagrada causa el dulce nombre 
Que me dais permitiera; y el abrazo 
Que me ofrecéis ahora, entonces era 
Lo que formaba mi placer más grato. 
Hoy, empero, no así : esas insignias 
Con que os miro, Laguna, decorado, 
Una barrera eterna, entre nosotros, 
Pretenden colocar; que despojado 
El Oriental, de todo, y solo rico 
En virtud y en valor, no le ba quedado 
Como ostentar el brillo, con que ofende 
Vuestro cuerpo mis ojos irritados, 
No sé si el uniforme, el sentimiento, 
Podrá cambiar también. En este caso, 
En lugar de amistad, pronunciad guerra, 
Porque soy libre yo, vos sois esclavo. 

Laguna. 

No así insultéis, con imprudentes voces, 
A un patriota cual yo. Aqueste brazo 
Bastantes veces desmintió en la guerra, 
El infame dicterio, con que ajado, 
He sido aquí por vos . Bastante tiempo 
Mi reposo y mi vida despreciando, 
Supe lidiar valiente; y este acero 
Que la Patria me diera, siempre en alto 



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EL P AUN ASO ORIENTAL, 



Bastantes veces lusitana sangre, 

En las playas de Oriente ha derramado. 

La valle ja (D. Juan Antonio.) 

Lo sé, lo sé, Laguna; mas, ¿qué importan 
Vuestros servicios y valor? Si osado 
Os mostrasteis un tiempo y defendisteis 
J)e la patria los fueros sacrosantos, 
Al fin también al vergonzoso yugo 
Sujetasteis el cuello; y aún armado, 
En defensa del déspota, más dura 
Sostenéis la cadena, a que amarrado 
El pueblo de valientes, llora triste 
El poder, los insultos del tirano. 

Laguna. 

¡Oh 5 ! ¡Cuál os engañáis! Las mismas armas 
Que en otro tiempo, al enemigo, espanto 
Supieron producir, escudo ahora 
Y baluarte, son, al desgraciado 
Pueblo de Oriente; que la ronca rueda, 
En nada pararía y tropellando 
Al huérfano infeliz, la triste viuda, 
Al valiente y vencido ciudadano, 
Yermo, asolado, el país de las riquezas 
Mirar me hiciera, sumergido en llanto . 
Yo previne estos males : las insignias 
Que al noble Lavalleja han irritado, 
No son, no, de opresión; son las señales 
Que aún después del incendio y del estrago, 
Al bajel derruido de la Patria, 
Muestran el puerto de feliz descanso. 



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EL PAKNASO ORIENTAL. 



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Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

Por el pueblo Oriental, os doy las gracias. 
Debisteis así obrar; mas es llegado 
Be defender a nuestro suelo, el tiempo, 
De un modo más activo ; es necesario 
Hacer sentir al déspota los males 
Que su conquista y su ambición le trajo. 
Treinta y dos Orientales han querido 
Mis destinos seguir: ya hemos jurado 
O vencer en los campos de batalla 
O libres sucumbir... 

Laguna (interrumpiendo). 

No, desgraciado; 
Valiente General : la hermosa vida 
Que, en favor de la Patria, se os ha dado, 
No así la prodiguéis . Dejad al tiempo 
Preparar los sucesos; temerario 
Vuestro empeño será ... 

Lavalleja (interrumpiendo). 

Allá en lo alto 
Se escuchó el juramento y justo el cielo, 
Suspenso tiene el formidable brazo, 
Con que abate, al inicuo, que quisiera 
Hollar los votos que hasta él llegaron . 
Votos de libertad, votos solemnes, 
Que formó el patriotismo y entusiasmo, 
De los que nunca retraerse debe. 
No los desmentiré : ni un solo paso 
Sé yo dar hacia atrás , Firme, constante, 

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EL PABNASO ORIENTAL. 



Seguiré mis proyectos; y si acabo 
En lucha desigual, también conmigo 
La vil acaba, condición de esclavo. 

Laguna. 

Y solo os libraréis; y el triste pueblo, 
Más que nunca oprimido y humillado, 
En vano entonces, tenderá las palmas, 
Buscando un protector. En vano, en vano, 
Eecordará el valor con que supisteis 
Combatir y vencer. Precipitado 
Vuestro ciego furor, no raciocina, 
No mira los peligros, y, entretanto, 
Ellos se acercan, Lavalleja ilustre, 
Y hacia vos vienen con ligero paso . 
Mas, si no os intimidan, si no basta 
8u horroroso semblante, a separaros 
De la empresa arriesgada, que a lo menos 
Las tristes quejas y afligido llanto 
Os puedan conmover; ved cuánta esposa 
Vais a privar (Je esposo; cuánto hermano, 
Cuánto padre infeliz . . . 

Lavalleja ( interrumpiendo.) 

Esos horrores 
Al enemigo sólo amenazando, 
Jamás deben temerlos los patriotas; 
Contra ellos nunca levanté mi brazo, - 
Ni jamás se alzará. Vengan y unidos 
Todos, conmigo, a destruir corramos 
El poder extranjero. Vos, Laguna, 
El ejemplo dadles; yo os he llamado 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



37 



Para este solo objeto. Si la gloria 

Que forma la ambición de pechos altos, 

Tiene poder en vos ; si el dulce nombre 

De sacra libertad os fuere grato, 

Si odiáis la esclavitud, nunca más bella 

Se mostró la ocasión. Eternizado 

Una sola palabra, vuestro nombre, 

Va a colocar en los gloriosos fastos 

Que un día a nuestros nietos, en la historia 

Enseñe, (Je los héroes, a imitarlos. 

Hablad, jqué respondéis? 

Laguna (Después de una pansa.) 

Soy vuestro amigo ; 
Pero más de este pueblo . Si a salvarlo 
Viese yo que bastaban nuestras fuerzas, 
O con mi muerte, sus derechos santos 
Lograse establecer, ¡cuán presuroso 
Entregara mi cuello al afilado 
Alfanje del Imperio! Ni un suspiro 
Me arrancara el temor, que acostumbrado 
A ver de aquélla, en diferente aspecto, 
La guadaña inflexible, no aterrado 
Quedaría esta vez ; pero bien lejos 
De pensar como vos, el temerario 
Arrojo vitupero, que al sepulcro, 
Sin salvar a la patria, os va guiando. 
Ta miro desplomarse las legiones 
Que hirviendo en saña, enviaría el tirano, 
En nosotros vengarse y no contentas, 
Volver su rabia al pueblo desgraciado, 
Que solo e indefenso y (Jesvalido 



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38 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Con razón nos culpara de su llanto. 
Yo no puedo seguiros: otro tiempo 
Esperad más propicio y entretanto 
Avaro, aquí, de vuestra propia vida, 
Os pido convengáis en retiraros. 
Considerad la sangre. . . 

Lavalleja (mterrumpiendo.) 

Ya no es tiempo. 
Yo nada considero; vuestro labio 
Es quien debe cuidar cuáles palabras 
Se atreve a pronunciar. Hemos tardado 
Ya mucho en discurrir : el tiempo vuela ; 
Explicarse, Laguna, es necesario, 
Pero explicarse breve : una palabra 
Tan sólo, quiero oir: ¿Sois el soldado 
De la patria, al instante, o mi enemigo? 

Laguna. 

Soy de la patria, sí, pero sensato 
Sé servirla también. Si es heroísmo 
Por salvarla, perder lo más sagrado, 
El olvidar la vida y a la muerte 
Entregar nuestros pechos esforzados, 
Es delirio, furor inconcebible 
El llamar al combate, cuando airado 
El Dios de las batallas, sólo sangre, 
Horror y esclavitud, está mostrando. 
Es doblar las cadenas. . . 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



39 



Lavalle j a (interrumpiendo con furor.) 

Basta, basta, 
O con mi espada el discurrir osado, 
Sabré yo contener. Basta, Laguna, 
Ya mi vista no puede soportaros. 
Id, preparad la hueste usurpadora 
Que dirigís, ¡esclavo del tirano! 
Id, ya empieza el combate, y ya la sangre 
Miro salir en borbotones altos. 
En mi justo furor, nada respeto, 
Ni vuestra misma vida; y desgraciado 
Si allí os llego a encontrar. La tumba fría 
Os dictará el deber de un ciudadano. 

ESCENA 5.' 

Al acabar LavaUeja estas expresiones, saldrá 
con todas las señales de enojo, por la puerta del 
foro; el Ayudante lo seguirá, y Laguna, también 
sale como pensativo, pero con dignidad. Desocu- 
pada la escena por ellos, se presenta el Juez de 
San Salvador, que se supone haber estado en los 
aposentos. 

El Juez (solo) 

¡Cielos! ¡Qué frenesí! ¡Cuánto sepulcro, 
En el vecino campo miro abierto ! 
¡Cuánta sangre correr! ¡Cuántos horrores 
Presentarán los destrozados miembros, 
De un montón de infelices habitantes! 

(Empiezan a sentirse tiros.) 
Ya se empezó el combate. . . ¡Dios eterno! 



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40 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Tú que sostienes, en igual balanza, 
Los destinos del mundo, tú que excelso 
Premias al bueno y la maldad castigas, 
Vuelve tu faz benigna y a este suelo 
Conserva un defensor. Esos valientes 
No dejes perecer. Son sus derechos, 
Son los derechos santos de la patria 
Que van a defender. Echa sobre ellos 
Escudo protector. Nunca permitas 
Triunfe la usurpación. Mira que expuestos, 
Si ella triunfa, quedamos, al ultraje 
Del feroz vencedor. Si estos cabellos, 
Teñidos ya de blanco, no te mueven, 
Si de un padre infeliz los tristes ecos 
No llegan hasta ti, de mil familias, 
Oye los gritos y el clamor, al menos . 

Hasta aquí se habrán oído tiros, con pequeños 
intervalos; pero al concluir estas expresiones, ha- 
brán cesado de todo punto. El Juez prestará el 
oído como para escuchar, y no sintiendo nada, 
prorrumpirá del modo siguiente: 

Todo en silencio calla, pavoroso; 
No se sienten las armas y el estruendo 
Ceso ya, de la guerra . ¿ Qué me anuncias, 
Instante de terror? ¿Está resuelto 
Que el Oriental, esclavo para siempre, 
La mísera existencia, sin remedio 
Así habrá de llevar? ¿Y tantos héroes 
En tan justo combate, perecieron! 
¡Ilustre Lavalleja! ¿Cuál tu suerte 
Habrá sido, infeliz? Quizá tu pecho, 



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Eli PARNASO ORIENTAL. 



41 



Por una infame mano dirigido, 
De un vil abriera el destructor acero . 
Quizá a esta hora, exánime, olvidado . . . 
¡Olvidado)! Jamás: tu nombre eterno 
Reinará entre nosotros. Balbuciente 
El labio del infante y en el seno 
Todavía, de la madre, a pronunciarlo 
Aprenderá con varonil acento. 

ESCENA 6/ 

Al llegar a este punto, se abre de golpe la puerta 
del foro y entra Trapani a quien el anterior in- 
terlocutor dirigirá l<i palabra. 

El Juez ( a Trapani.) 

¿Qué nuevas conducís? 

Trapani 

De aqueste suelo, 
Los dioses tutelares pronunciaron: 
Ya no hay esclavitud. 

El Juez 

¡Cielos! ¿Es cierto? 

Trapani 

Escuchad el suceso de mi labio. 
Visteis con qué furor, en saña hirviendo, 
El General, al fin, determinado 



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42 EL» PARNASO ORIENTAL. 



A vencer o morir, dejó este puesto; 

Y ya síio el combate respirando 
Se presentó a la tropa, que esperaba 
Una sola señal; ya desplegado 

El estandarte patrio, comenzaba 
A lucir el acero en nuestras manos, 
Cuando una voz de en medio de la fuerza 
Que condujo Laguna "a mis paisanos' 9 
Retumbó atronadora : otras mil voces 
Oon un ¡Viva la patria! contestaron, 

Y al punto, nuestras filas engrosadas, 
Más terribles se hicieron al tirano. 
Serrano fué quien, valeroso y libre, 

Sin temor de la muerte, a acompañarnos 
Se decidió al momento, el santo dogma 
De sacra libertad preconizando. 
Desde luego, en silencio temeroso 
V r ióse quedar, el enemigo campo. 
Ya no esperamos más : parten los brutos 
Como el viento, veloces y arrollando 
Todo cuanto se opuso a nuestra vista, 
Bien ¡pronto de cadáveres, sembrado 
El terreno se viera. Favorable 
El cielo se nos muestra. Nunca vanos 
Los votos de los libres, hasta el trono, 
Del Dios de los mortales, han llegado. 
Helo ya al General. 

ESCENA 7/ 

D. Juan A. y D. Manuel Lavalleja, Oribe, del 
Pino, Zufriategui y tropa de los Treinta y Tres. 



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EL PARNASO OBIENTAL. 



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Lavalleja (D. Juan Antonio.) 

¡Hijos de Marte ! 

Las cadenas rompimos: ya está dado 
El golpe de la muerte, que amagaba 
Al trono usurpador. El triste llanto 
Que regó tantas veces las mejillas 
Del valiente Oriental, las del tirano 
Trillará hoy a su vez. Ya desparece 
La inerme presa que oprimiera en vano 

Y sólo la vergüenza , y el oprobio, 

De la injusta invasión, con que insensato, 
Provocara la cólera del libre 

Y atroz remordimiento, le lia quedado. 

i No lo veis? ¿No lo veis? El solo aspecto, 

El aire vengador, solo el amago, 

i No bastó a disipar, a nuestra vista, 

Todo el poder del enemigo campo? 

Pero aún tenéis que obrar, aún es preciso 

Combatir y vencer. ¡ Fácil trabajo 

A tan alto valor! Esos cobardes 

Que, a nuestra vista huyeron, nunca osados 

Volverán a mostrarse . Ni un asilo 

Les dejemos tomar: sobre sus pasos, 

Llevemos la victoria y la venganza 

Y el horror y la muerte a los tiranos. 
¡Vamos, pues, compatriotas! Sólo guerra 
Sea nuestra divisa : no hay descanso 

Ya para los valientes, sino encima 
De cuerpos portugueses. Allí es dado 
Reposar de fatigas : las heridas 
Allí es dado curar. ¡Sí, ciudadanos! 
Prontitud y valor : que cuando al seno 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



De la amada familia, en paz, volvamos, 
Diga aquel que nos mire y nos señale: 
Es de los Treinta y Tres, ved ; ¡ respetadlo ! 
¿Queréis merecer esto? 

Todos. 

Sí, queremos 
Salvar la Patria y a salvarla vamos. 




FIN DE LA COMEDIA. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



45 




CANCION PATRIOTICA (1) 

publicada en la aurora, periodico 
de Montevideo en 1823. 




CORO. 

Orientales, corred a las armas , 
El momento de gloria llegó, 
Quien no quiera gemir en cadenas 
Vuele al punto a los campos de honor. 

Ya esa turba de esclavos desplega 
De la guerra la insignia fatal, 
Parricidas infames le siguen 
Agitando con rabia el puñal. 

Entre el polvo que al cielo levantan 
Se divisa al tirano opresor 
Fuego y sangre respira ominoso 
Y es la muerte su grito de unión. 



(1) De mcierto autor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



CORO. 

i No escucháis esos ecos terribles 
Cual bramidos de un tigre feroz 
Que estremecen los montes vecinos 

Y los valles con triste fragor? 
Esos son, Ciudadanos valientes, 

Viles siervos del trono imperial, 
Ellos quieren en vil servidumbre 
Someternos al yugo fatal. 

CORO. 

¿No los veis respirando venganzas 
Sus espadas, infames vibrar, 
Ultrajar a las tímidas madres 

Y a los hijos inermes matar? 
Ese sordo rugido que suena 

Son cadenas que intentan ceñir 
Al cobarde que no prefiriese 
Antes muerte que esclavo vivir. 

CORO. 

Escuchad, Orientales valientes, 
De la Patria la imperiosa voz; 
Ella os tiende los brazos diciendo : 
Eomped, hijos, mi dura opresión: 

Sus heridas os piden venganza, 
Orientales, vengarla o morir, 
De esas fieras sangrientas, y caiga 
A sus plantas su indigna cerviz. 

CORO. 

Contemplad esos campos que en sangre 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



47 



Por ser libres supisteis teñir, 
Ellos fueron la tumba horrorosa 
Del tirano que os quiso oprimir: 

Fuisteis libres, en fin, Orientales, 
i Y habrá alguno tan bajo y tan vil 
Que hoy no grite también animoso 
Libertad, Libertad, o morir? 

COBO. 

Españoles que fuisteis ejemplo 
De firmeza, constancia y valor 
Hoy el hado feliz nos reúne 
A romper nuestra indigna opresión: 

Ya cesaron los odios injustos, 
De la sangre el afecto triunfó, 
Empuñemos la espada y sucumba 
Del Brasil la tirana legión. 

COBO. 

Las Provincias hermanas oyeron 
Del Oriente el sublime clamor, 
Y en su auxilio ya corren los bravos 
Ambiciosos de gloria y honor: 

Tiemble y tema el injusto tirano 
De la Patria el sangriento furor 
Que con ecos tremendos publica 
Guerra eterna al infame opresor. 

COBO. 

Orientales, corred a las armas. 
El momento de gloria Uegó, 
Quien no quiera gemir en cadenas 
Vuele al punto a los campos de honor. 



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EL. PARNASO ORIENTAL. 



CANCION PATRIOTICA (1) 

DE LOS CÍVICOS DE MONTEVIDEO 




La Patria adorada 
Vuelva a revivir. 

Oh Patria adorada 
Te oyeron ya, sí, 
Los ¿éroes de Oriente 
En iprisión gemir: 

Te oyeron y al punto 
Se vio repetir 
Por todos los libres 
Salvarla o morir. 

coro. 

¡Quién lazos de un fuerte 
Supo desasir 
Pudiera a un cobarde 
La frente rendir! 

Jamás tal oprobio 
Se podrá escribir: 
Del ínclito Oriente 
Valientes decid. 



(1) De incierto autor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



49 



CORO. 

Si gime el esclavo 
Uncido al Brasil 
Vendiendo a su Patria 
Con infame ardid; 

Exista en lo dado 
Mas, ¡ ay ! tema, sí, 
Funesto presagio 
Que se ha de cumplir. 

CORO. 

¡Oh, hijos de Oriente! 
¡Oh, hijos del Cid! 
En unión estrecha 
Marchad a la lid. 

Romped las cadenas 
Y luego venid 
Do os tejen guirnaldas 
De aroma y jazmín. 

CORO. 

El luciente acero 
Al cinto ceñid, 
Empuñad briosos 
La lanza, el fusil. 

De sangre enemiga 
Los campos teñid, 
Perezca el protervo 
Que os quiso oprimir. 

CORO. 

A Marte sañudo 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Presentad, gentil 
Semblante, y al plomo 
Pecho varonil. 

Con membrudo brazo 
Lanzad uno y mil 
Rayos de exterminio 
Al déspota vil. 

CORO. 

Si mano alevosa 
Os llegase a herir 
Al padre o al hijo 
Podréisle decir: 

Por dejaros libres, 
La sangre vertí; 
Muero por mi Patria, 
Por ella morid. 

CORO. 

Morid, ¡oh guerreros! 
O hacedla feliz, 
Feliz o la tumba 
Dulce Patria, sí. 

Tus hijos lo juran 
Ellos pondrán fin, 
Muriendo con gloria, 
A un signo infeliz. 

CORO. 

La Patria adorada 
Vuelva a revivir. 

[1823]. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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EL PATRIOTA EMIGRADO 

CANCION 

DE UN ESPAÑOL A SU ARRIBO A LAS COSTAS 
DE LA AMÉRICA DEL SUD EN 1827. 

— <#o 

CORO. 

Si la Europa en esclavo me trata 
De la Europa alejarme sabré, 
Y en el suelo feliz de la Plata, 
Libertad, Libertad, clamaré. 

Las primicias de mi nuevo acento, 
De mi musa que vuelve a nacer, 
A los libres dedicar intento, 
A los libres las quiero ofrecer. 
A los libres del nuevo hemisferio, 
• Que con grillos no quieren vivir, 
Ni de esclavos un tan vil dicterio 
Nunca más volverán a sufrir. 

CORO. 

Yo tampoco mi cuello he podido 
De un tirano al vil yugo doblar, 
Ni un instante jamás he sabido 
A tiranos tranquilo mirar; 
De tiranos fui siempre enemigo, 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



Su memoria la tengo en horror, 

Y por siempre detesto y maldigo 
Al tirano y su yugo opresor. 

COBO. 

El destino ordenó que naciera 
En el suelo de Iberia fatal, 

Y que allí por ser libre me viera 
Perseguido con saña brutal. 
Soportar no pudiendo, tranquilo, 
De mi patria el servil frenesí, 
Buscaré nueva patria y asilo, 
Que mi patria no es digna de mí. 

COBO. 

Ni del mar los horrendos bramidos. 
Ni su furia, ni su inmensidad, 
Ni del viento la rabia y silbidos, 
Respete por tener Libertad. 

Y primero que esclavo, la muerte 
Prefiriendo mil veces y mil, 

A las olas entregué mi suerte 
Para huir de la tierra servil. 

COBO. 

Para huir de la infame coyunda 
Travesando el Atlántico voy, 
Ya me abisma en su sima profunda, 
Ya en las nubes a veces estoy. 
A merced de una mar borrascosa 
Podrá verme mordiendo quizá, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



53 



Insepulto la playa arenosa 
Pero esclavo ni siervo jamás. 

CORO. 

Si de Cáncer el trópico dejo, 
Por la línea divaga el bajel, 

Y si al sur de la Zona me alejo 
La tormenta me sigue más cruel. 
De mis males al término llego, 

Y amansando el terrible Aquilón, 
Me conduce, por fin, con sosiego, 
A la libre Argentina Nación. 

CORO. 

¡Qué alegría, placer y contento, 
Argentinos, mi pecho sintió, 
Cuando desde el undoso elemento 
Vuestra costa el bajel descubrió! 
Salto a tierra anegado de gozo, 

Y al pisar este suelo feliz, 
Exclamé: ya soy libre y dichoso, 
Aquí no alza el Borbón su cerviz. 

coro. 

Salve, ¡ oh Pueblo ! do mandan las Leyes, 
No el capricho de un fiero sultán, 
Ni la liga perjura de Reyes 
Que a los pueblos oprimiendo están. 
Argentinos, si aleve un monarca, 
Levantar pretendiere la voz, 
Acudid, y del fiero oligarca 
Castigad el orgullo feroz. 



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54 



EL PARNASO ORIENTAL. 



COBO. 

Libertad, hija santa del cielo, 
Aquí eterno tu culto será, 
Aquí el libre por siempre en tu suelo, 
Un asilo sagrado tendrá. 
Si en Europa del siervo asesino 
Provocados, "patriotas", os veis, 
Venid, pues, que en $1 pueblo Argentino 
Fraternal acogida hallaréis. 

CORO. 

Ni el Borbón execrable y perjuro, 
Ni otro rey ni su raza soez, 
En la Plata ningún cetro impuro 
Plantará, con orgullo, otra vez. 
Maldición, vilipendio, exterminio, 
Al Porteño que de esclavitud 
Otra vez el nefando dominio 
Proclamare en la amírica sud. 

coro. 

Si la Europa en esclavo me trata, 
De la Europa alejarme sabré, 
Y en el suelo feliz de la Plata, 
Libertad, Libertad, clamdré. 




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Eli PARNASO ORIENTAL. 



55 



EL MINISTERIO DE LA GUERRA 

dedicó al de gobierno el día de la 
Jura de la constitución del Esta- 
do Oriental del Uruguay la 
siguiente 

ODA. 

[df d. a. m. arufe] 




Era que Jove decretado había 
Que mi patria en cadenas estuviera 

Y que a poder de sangre las rompiera; 
Se cumplió su decreto, y este día 

La faz con alegría 

Levanta airosa, 

De libertad preciosa 

Los bienhechores goces, disfrutando, 

A la par de los libres aparece, 

Y sus altos derechos recobrando 
Una nueva Nación al mundo ofrece. 

¡Salud, Patria querida!, los horrores 
De injusta tiranía ya pasaron, 

Y en vez de sus horrores, asomaron 
De Libertad las hechiceras flores. 
En jamás los rigores 

De negra servidumbre 

Apagarán la lumbre 

Que ante tus aras Libertad enciende, 



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5f) EL PARNASO ORIENTAL. 



En no ser, con tus hijos reducida 
Primero te verás, si alguien pretende 
Mirarte con cadenas oprimida, 

Las valientes espadas que trozaron 
La cadena que a un trono te ligaba, 

Y de cuyo Sitial mísera esclava 
Dos lustros con afrenta te miraron. 
Que libertad juraron, 

En su gloriosa mente; 

Que a su querer potente 

Todo se vio ceder en el momento, 

Rendidas en tus aras este día, 

Renuevan el sagrado juramento 

Que sabrán sostener con energía. 

El código sagrado que asegura 
Para siempre tu ser independiente, 
En ellas el apoyo permanente 
Hallará de sus leyes. Su luz pura 
De Oriente la hermosura 
Tornará en admirable, 
A todos saludable 
Será la envidia del antiguo mundo; 

Y su fama corriendo las naciones 
Hará que nuestro suelo tan fecundo 
Vengan a cultivar de otras regiones. 

No soledad y llanos solamente 
El viajero en su marcha irá mirando. 
Cuando de Oriente el campo atravesando 
Contemple nuestro ser independiente, 
Doquiera verá gente 
Activa y laboriosa; 
Doquier ciudad famosa 
De artes y ciencias útiles henchida, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



57 



Do el ciudadano libertad respira, 
Do la Ley igualmente repartida, 
No la persona, sí la causa mira. 

El pastor que custodia su ganado, 
Y el labrador que al despertar el día 
Deja el pobre leoho, y a porfía 
Quieren ver su tesoro duplicado, 
La Colina y el prado 
Llenarán con sus cantos. 
De Ceres los encantos 
Cubrirán las campiñas, hermoseando 
De Oriente las llanuras dilatadas, 
El trabajo y desvelo compensando 
Con abundantes mieses sazonadas. 

El genio del saber doquier vagando, 
Por todo llevará su luz hermosa; 
En la cabaña y la ciudad famosa 
Su tesoro abundoso derramando. 
Ciudadanos formando 
Con su influjo divino, 
Del Oriente el destino 
Sellará para siempre; y el humano, 
De Uruguay el Estado floreciente, 
En el gran Continente Americano 
Será Libre, Feliz, Independiente. 

Del Plata las espaldas doblegando 
Tu marina, abundosa, floreciente, 
Del patrio al más remoto continente 
Irá tus producciones transportando, 
Tu Pabellón flotando, 
Verá el chino industrioso 
En su puerto famoso. 

Lo mirarán la Rusia, la Francia, la Bretaña, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Y de tus producciones abundosas 

Se proveerá también la vieja España, 
Olvidando sus miras ambiciosas. 
Tantos bienes ¡oh Patria venturosa! 
Con la Constitución a tus pies crecen, 
Hoy tus hijos la juran, y te ofrecen 
Cumplirla y sostener. Alzad gozosa 
La frente poderosa 
¡Oh Patria bienhadada! 
Antes que mancillada 
Mires la gloria que tu honor pregona 
De tus hijos el nombre y la memoria, 
La Fama llevará de Zona en Zona, 
En polvo convertidos por tu gloria. 

¡ Salud, bravos guerreros del Oriente, 
Hijos y Padres de la Patria mía, 
En ella visteis el primero día, 

Y a vos os debe ser independiente. 
La sangre que en torrente 

Regó su hibleo seno, 
Produjo fruto ameno, 

Y su nítido trono venturoso, 
Con los lauros se mira coronado 
Que vuestro brazo fuerte y poderoso, 
Por su honor en las lides ha ganado. 
¡Oh tu, Legislatura bienhechora, 
Honor y gloria de mi Patria cara! 
Ella con sus valientes os compara 
Pues, de su ser le señaláis la Aurora; 
La fama sonadora 

Llevará vuestro nombre 
Doquiera viva el hombre, 

Y para vuestra gloria, en el Oriente, 



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EL PAKNASO ORIENTAL. 



59 



Será por las edades venerada 

La cabta que la nombra Independiente 

Por quien a ser Nación es elevada. 

Y tú, sabio Gobierno, a quien cupiera 
La Patria presidir en su buen hado, 
Gozad el dulce fruto sazonado 
Con inmensas fatigas. Si pudiera 
Elevarse a la esfera 
Este cuerpo, diría, 
Con gracia y armonía 
Del Jefe las virtudes. Mas no es dado 
Tanto honor al mortal; y tanta gloria 
En favor siempre decretara el hado 
Del genio que preside la memoria. 

¡Sombbab ilustbes!, héroes fortunados 
Que de mi Patria el campo fecundaste 
Con la sangre que en ríos arrojaste 
De la hermosa mansión do colocados 
Por justicieros hados 
Alentáis venturosos; 
Los ojos bondadosos 
Tended al suelo que morir os viera, 
Veréis de vuestra sangre levantarse 
El trono de la Patria, su bandera, 
Y con vuestros laureles coronarse. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



ODA. 

BBCITADA EN EL TEATRO DE MONTEVIDEO EN UNA CO- 
MEDIA DE AFICIONADOS CON MOTIVO DE LA ELECCION 
DEL PRIMER PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DEL 
ESTADO ORIENTAL DEL URUGUAY. 

[DE D. MANUEL CARRILLO] 

Después de tres siglos de ignominia, 
De abandono cruel y fe violada, 
De acerbas penas, de desdén, de luto, 
De ominoso tributo 

Y esclavitud cansada, 

Y cansada de indigno sufrimiento; 
Estremecióse América y lanzando 

Su esfuerzo colosal del hondo pecho, 
De Libertad el grito, 

Y el eco dilatando, 
Su delicioso acento 
Traspasa la alta cumbre 

De los riscosos y empinados Andes. 
Con veloz movimiento, 
Como de Febo la vibrante lumbre, 
A tus términos llega sacro Oriente 
Del Uruguay en la anchurosa orilla, 
Resuena aquella voz omnipotente, 

Y agitando sus ondas sin mancilla, 

A su clamor responde: " Americanos, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



61 



il Afuera para siempre los tiranos". 

¿Visteis, acaso, el Cielo ennegrecido, 

De tenebroso velo encapotado, 

De eléctrico fulgor enrojecido 

De tormentosa nube recargado! 

¿ Viste, luego, zumbando, 

El Aquilón soberbio embravecido, 

Furioso amenazando 

Cuanto su paso estorba! 

¿Visteis, acaso, del furiente rayo, 

El fragor espantoso, 

Turbar los astros, conmover la tierra, 

Y a sempiterna guerra, 
Abandonarse el caos horroroso! 

No de otra suerte el ánimo esforzado 
Del Oriental valiente, 
Se arroja denodado 
Al peligro inminente, 

Y bisoño y sin armas, 

Sin más escudo que su noble pecho, 

Ni otro anhelar que gloria, 

Patria respira y vuela a la victoria. 

El valor que ensayaron en las Piedras, 
Fué de su intrepidez el primer lauro, 
Que aterró a sus contrarios, 
Disipó las legiones 
Que atónitas vagando, 

Y tu gloria alentando, 
Admiraron tus ínclitos pendones, 
Al aire tremolados, 

Por el Cebrito en torno, 
Del San José en la orilla, 
Vendía y arrollada 



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62 



EL PARNASO ORIENTAL. 



La siniestra cuadrilla; 

Vio con temor tu libertad naciente 

Cubrirse del escudo refulgente, 

Que empañar pretendió su torpe mano ; 

Mas su furor insano, 

Y su rabia impotente, 

Doblego a tu valor la altiva frente. 

Empero el hado impío 
Te condena impiadoso, 
A nuevas penas y probar tu brío; 
Otro enemigo audaz y cauteloso, 
Te ofrece en su agresión la verde oliva 

Y tu suelo cautiva. 

¿Y tú, entonces, ¡Oh Patria! ¿Qué opusiste, 
A la invasión terrible 
Que tu genial resiste, 

Y a la cadena de opresión horrible 
Que tu inocente cuello amenazaba? 
¿Qué opusiste? Magnánima constancia, 

Y preferir la muerte 
A la infeliz suerte 

De oprobioso vivir: y alzando airada 
La cabeza amagada, 

Y la indomable diestra revolviendo, 
Presurosa arrojarte a los combates, 

Y en el Rincón venciendo, 

Con un puñado de Orientales bravos, 
Desbaratas y abates 
La falange atrevida 
Que intentó fementida 
Con astuta violencia 

De un golpe arrebatar tu independencia. 
No escarmentado el enemigo fiero, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



63 



Aún insulta tu esfuerzo generoso, 

Y al probar de tu acero, 
El golpe poderoso, 

Del Sarandí en los campos, 

Allí su mengua fué con la victoria 

Que nos colmó de gloria. 

No por eso se arredra su osadía 

Y a Ituzaingó nos llama, 

Donde medir le hicimos aquel día, 

Día de triunfo y duradera fama, 

La distancia que media entre los libres 

Y el mercenario esclavo 
Sin Patria y sin hermanos 

Que lidia por placer de los tiranos. 

Frente a frente las huestes sanguinosas, 
A la inacción y al ocio reducidas, 
Del Yaguarón en la funesta orilla, 
La lanza y la cuchilla, 
Sin uso enmohecidas; 
Parece que olvidaba el crudo Marte 
Su fiereza y crueldad. Abandonadas 
Sus armas iracundas, 
En horrores y estragos tan fecundas, 
En el silencio sepulcral yacían, 

Y en eternal sosiego se sumían. 
Cuando llegó el momento 

Que alzándose Mavorte 

Y a la trompa guerrera aliento dando, 
El eco resonando, 

Por el remoto Norte, 

Otro puñado de valientes héroes, 

Del Ibicuy orgulloso, 

Con el hierro en la boca atravesando, 



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64 EL PARNASO ORIENTAL. 



Los inminentes riesgos arrostrando; 
Allí vence animoso, 

Y su ardor sin segundo, A 
Pregonó por los términos del mundo, 
Que en Misiones valiente \ 
Un trofeo grandioso levantaba, 

Que apresuró la paz de Occidente, 

La FAZ consoladora, 

Que es lo más grato que mi Patbia adora. 

Salve, inefable PAZ, mil veces salve, 
De tu fecundo seno opimos frutos 
Recogerá el Oriente, 
Oblados en tributos 
De tu abundancia ingente, 

Y tú nos guía d-e la Fama al Tiempo ; 

Y tú nos guía de la dicha al Puerto 

Y tu CARTA SAGRADA 
CONSTITUCION querida, idolatrada, 
Recibe de tus hijos holocaustos 
Ofrendas mil de júbilo y terneza. 

Y vosotros, ¡ Oh padres de la patria ! 
Dechado de candor y de firmeza; 
Aceptad el respeto y reverente, 
Honor y prez por homenaje eterno, 
Será el voto constante del Oriente, 

Y en plácido dominio sempiterno 
La penosa tarea consumando, 

Tu mayor esplendor de gente en gente, 
Se dilate clamando 
La Patria viva, sus instituciones, 
Su regir permanente, 

Y viva el Ciudadano Presidente. 



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EL PARNASO ORIENTAIx 



65 




CANTADO EN LAS FIESTAS DE MAYO DE 1832, 
EN EL TEATRO DE MONTEVIDEO. 

(DE D. PABLO DELGADO) 
CORO. 

Orientales, con cívico gozo, 
Veneremos la Constitución; 
Repitiendo que Viva la Patria, 

Y que viva la Paz y la Unión. 

Esta Patria que opresa en un tiempo 
A dos tronos potentes sirvió; 
Con seis días de bélica gloria, 
Sus pesadas cadenas rompió. 

Y el que osare tornar a humillarla, 
Escarmiento feroz probará; 

Cada brazo será el de un Caudillo, 
Cada pecho un Aquiles será. 

CORO. 

Celebremos los triunfos y glorias, 
Que adquirió nuestro heroico valor; 

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66 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Y juremos con noble ardimiento 
Guerra eterna al tirano opresor; 

Y el que niegue a los fieles y bravos, 
Justos premios y lauro inmortal, 

Ni merece gozar nuestras dichas 
Ni merece llamarse Oriental. 

cobo. 

Cada cual sus derechos reclame, 
Su deber cada cual a cumplir ; 
Sin temer que entre justos unidos, 
Jamás pueda anarquía existir. 

Y si acaso la negra discordia, 
Con su tea nos quiere incendiar, 
Corramos con súbito empeño, 
Denodados su llama a apagar. 

COBO. 

Precaved las arteras perfidias, 
Por la Patria y las Leyes velad: 

Y si el Código Santo es hollado, 
El acero patricio empuñad. 

Que este Sol que esplendente flamea, 
De la Patbia en el Sacro Pendón, 
Guiará las falanges patricias, 
Fulminando a la negra traición. 

cobo. 

Orientales, con cívico gozo, 
Veneremos la Constitución; 
Repitiendo que Viva la Patria, 

Y que viva la Paz y la Unión. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



«7 




HIMJYO. 

[DE D. MANUEL CARRILLO] 




CORO. 

A la Patria Oriental tributemos 
Homenajes de gloria y amor, 
A la Paz y Concordia alabanza, 
T a sus bravos ilustres, honor. 

¿No la veis como el astro del día 
Levantarse la nueva Nación, 

Y radiante de hazañas y gloria, 
Proclamar a sus hijos la Unión? 

¿ Que las puertas del Templo de Jano, 
Con fracaso las viene a cerrar, 

Y acallando los ecos de guerra, 
Al reposo la Patria entregar? 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



CORO. 

El arnés y la espada invencible, 
De la Fama en el Templo colgad, 
Contra propios nunca la esgrimid; 
Contra extraños siempre la vibrad. 

Y que en torno del ara juremos 
Defender nuestra Constitución, 
Arrostrando mil veces la muerte, 
Que sufrir su más leve infracción. 

CORO. 

A la Patria ornarán los laureles 
Que tu impávida frente ciñó, 
En las Piedras, 'San José y Cerrito, 
Do tu fiero ardimiento ensayó . 

Y un puñado eje libres lidiando, 
Su osadía en la acción del Rincón, 
Preconiza a la faz de dos mundos 
De la hueste enemiga el baldón. 

CORO. 

Siempre en lid desigual belicoso, 
El Soldado Oriental se mostró, 
Y sino Sarandí que lo diga 
Donde eterno su nombre grabo. 

Y no menos intrépido y fuerte, 
En los camipos del Ituzaingó, 

La cuadrada falange arrollando 
Que orgullosa a la Patria amagó. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



69 



COBO. 

Y un trofeo en Misiones alzando, 
Blasón digno de tanto valor, 
Anunciaste la Paz de Occidente, 

Y de Oriente la hazaña mejor; 

Y así fuertes, colmados de lauros, 
'A la Patria Orientales oid, 

Que a sus ínclitos hijos les dice: 
De mi anhelo los votos cumplid. 

COBO. 

A la Patria Oriental tributemos 
Homenajes de gloria y amor, 
A la Paz y Concordia alabanza, 

Y a sus bravos ilustres, honor. 




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EL PARNASO ORIENTAL. 



HIMOTO. 

(db d. pablo delgado) 

CORO. 

Ciñamos las sienes 
Con sacro laurel 
A quienes debemos 
Honor, Patria y Ley. 

Gocemos los triunfos 
De eterna memoria. 
Que timbres y gloria 
La Patria logró. 

Ya todos admiran 
De un Polo a otro Polo, 
Que ser libres sólo 
Querer nos bastó. 

CORO. 

Morir o ser libres, 
Juramos un día, 
Con noble osadía 

Y acento marcial. 
Constantes y fieles 

Sigamos la senda, 

Y que el mundo aprenda 
Del libre Oriental. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



71 



COBO. 

Que vengan tiranos 
Con hordas de esclavos, 
Que aquí solo hay bravo» 
Que infunden pavor. 

Si buscan aún siervos, 
Placeres, riquezas, 
Verán mil proezas, 
Acero y valor. 

CORO. 

Jurad, Orientales, 
Alegres y ufanos, 
Vivir como hermanos, 
En paz, ley y UNIÓN. 

Que viva la Patria, 
Fiel amor reciba, 
Y por siempre viva 
La Constitución. 

coro. 

Ciñamos las sienes 
Con sacro laurel 
A quienes debemos 
Honor, Patria y Ley. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 




ACROSTICOS. 

(de d.* petrona rosende de la sierra. •) 

<yoo 

ed mortales al Pueblo Argentino 
H n las aras de augusta Deidad 
*4 nvocando en el día solemne 
55 ombres sacros de unión e igualdad, 
H remolando el altoso Estandarte 
M ntusiasta grito ¡ Libertad ! 
h< en trozados fragmentos, coronas 
O imentaron su seguridad ! ! 

nvencibles allí se ostentaron, 
Í3 adié pudo su cuello rendir 
O uando infantes se dieron sus leyes, 
O ra fuertes haránlas cumplir. 
O ía grande en la historia del Plata ! ! 
M n él deben los déspotas ver 
^ il trofeos que anuncian la ruina 
f> 1 que al libre pretenda ofender. 
Kj a, Argentinos, la Patria está segura , 
O lvidemos los días de amargura. 



(*) Natural del Estado Oriental. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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AL M Bl SATO Bl lSt«. 

<J olviste, día grande ! ¡ Día hermoso ! 

nvitando a los bravos Argentinos 
<5 eneren tu presencia, y generoso 
► nuncia3 su grandeza y sus destinos ; 
f 1 a dulce paz les brindas y el reposo, 
t> 1 verlos vencedores sin rivales ; 
*U romueve, pues, su dicha a un fin glorioso, 

fírmales la Paz. . . ¡basta de malesll. . . 
H ú fuiste precursor de sus victorias ; 
W ugió el León a tu vista confundido, 
*3 nclinóse al poder de tantas glorias, 

turdiendo a la Iberia su bramido. 




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EL PARNASO ORIENTAL. 




CANCION PATRIOTICA. 

DE LA COMPARSA DE SAN FELIPE, O LOS CABALLEROS 
ANTIGUOS, EN LA FIESTA DE OCTUjBRE DE 1834 
EN CELEBRIDAD DE LA JURA DE LA 
CARTA CONSTITUCIONAL EN 
SU ANIVERSARIO 

(DE D. A. R. (1) 

oao 

CORO. 

Caballeros antiguos cantemos 
De la Patria la gloria inmortal, 
r a& pendón que tremola en Oriente 
En Patriótica Unión saludad. 

A los hijos de Oriente alabemos 
Que supieron los grillos trozar 
De la Patria y muriendo por ella 
Nos legaron feliz Libertad: 

Escuchad, compatriotas, sus votos 
Y su esfuerzo glorioso imitad, 

(1) Oriental. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Siempre unión si queremos ser libres 

Y en unión por sus manes cantad. 

CORO. 

Ese sol que ilumina el Oriente 
Animando su suelo feraz, 
Es el astro brillante que un día 
De opresores nos hizo triunfar: 

En su honor, con placer entonemos 
Caballeros, el himno marcial, 
Que si vuelve otra vez un tirano 
Otra vez nos dará Libertad. 

CORO. 

Nunca vuelva funesta discordia 
A la Patria adorada enlutar; 
Nunca el Cielo piadoso permita 
Que se inflame su soplo mortal: 

Caballeros Antiguos, juremos 
Sostener en la Ley la igualdad, 

Y cumiplir con las Leyes augustas 
De la Carta del Pueblo Oriental. 

CORO. 

Celebrar de la Patria la gloria 
Fué el objeto de nuestra reunión, 

Y por ella marchamos unidos 
Precedidos del noble pendón: 

Si no fuimos felices, amigos, 
Es debido del hado al rigor, 
Mas la fama de ser Filipinos 
Es un timbre y eterno blasón. 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



CORO. 

A ese sexo precioso cantemos 
Que guirnaldas <Je flores tejió, 

Y en su obsequio el acento se eleve 
De respeto, de afecto, y amor: 

Todo cede al mirar de una bella 

Y es más grato su dulce favor 

Que es luciente en la noche la estrella, 
Que es hermosa en la planta la flor. 

CORO. 

Nunca acabe tan pura alegría, 
Ni el recuerdo del pecho borrad, 
De tan grato, tan plácido día, 
De tan bella y cordial sociedad. 

Caballeros Antiguos, cantemos. 
La canción Filipina entonad, 

Y repitan sonoros los ecos 
Libertad, Libertad, Libertad . 

CORO. 

Caballeros antiguos cantemos 
De la Patria la gloria inmortal, 

Y al pendón que tremola en Oriente 
En Patriótica Unión saludad. 




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Ji LA ELECCION 

DEL SEGUNDO' PRESIDENTE 

EL EXMO. SE. D. MANUEL OEIBE. 

EN 1." DE MARZO DE 1835. 

EIKVO 

Publicado en el Estandarte Nacional. 

DE UX HIJO DE MONTEVIDEO. 



CORO. 



¡Grande ORIBE!, recibe este obsequio 
De tu cívica Guardia de Hpnor, 
Que hoy te viene a rendir su homenaje 
De entusiasmo, respeto y amor. 

¡Ciudadanos!, ese es el guerrero 
Que admirasteis de Oriente en la tierra, 
Como rayo de Marte en la guerra, 
Como prenda de Unión en la paz. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Elevado al destino supremo 
Donde el voto común le coloca, 
Hoy a él dirigirle nos toca 
Nuestro canto de afecto veraz. 

CORO. 

Imitemos las férvidas voces 
De su pueblo que Padre lo aclama, 

Y abrasado en patriótica llama 
Nos convida su ejemplo a seguir: 

¡ Padre !, suene doquier en los aires ; 
¡Padre!, el eco repita sonoro; 

Y este tierno dictado ya el coro 
No se canse jamás de decir. 

CORO. 

¡Oh, cuan dulce, halagando el oído 
Hoy su nombre preclaro resuena ! 
¡ Cuál de júbilo el alma enajena, 

Y la embriaga en sagrado placer ! 
No en el pecho escondida tengamos 

Tan crecida y honrosa alegría ; 
Demostrarla sin fin este (Jía 
Es de todo patriota un deber. 

CORO. 

Cual un Numen celeste, miradlo 
Eodeado de Gloria indecible, 
Con su espada en la diestra terrible, 

Y en su pecho grabada la Ley. 



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Eli PARNASO ORIENTAL. 



79 



A este aspecto sus sierpes horrendas 
La discordia funesta retira, 
Y hermanada cual nunca, respira 
La Zruguaya belígera grey. 

CORO. 

¡Grande ORIBE!, recibe este obsequio 
De tu cívica Guardia de H)pnor, 
Que hoy te viene a rendir su homenaje 
De entusiasmo, respeto y amor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



EL VOTO PUBLICO. 

[de d. francisco a. de figueroa.] 




Hija heroico del Pueblo de Oriente 
Muestra Okibe virtud y valor, 
Y la Patria s egura le encarga 
Sus destinos,- su gloria y honor : 
Sucesor del ilustre Biveba 
Alta gloria podrá merecer, 
Si a la Patria que aflicta le aclama 
Restituye grandeza y poder. 



Marte y Themis se unieron, y alzando 

A las auras al bravo adalid 

Del cañón el relámpago anuncia 

Con estruendo, la nueva feliz: 

De sus alas brillantes la Pama 
Con la pluma más bella escribió 
¡Muerte o Leyes! . . . y luego su trompa 
¡Muerte o Leyes! . . . doquier repitió. 

Como Febo disipa la niebla 
A su influjo celeste y vital, 
Así ahuyenta a la fiera discordia 
Numen sacro del Pueblo Oriental: 
Desparezcan en día tan fausto 
Negras sombras de odioso rencor, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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Y entre abrazos fraterno© resuenen 
Dulces ecos de ipaz y de amor. 

Firme Atlante sostenga en sus hombros 
De las Leyes el Templo y Deidad, 
Y la carga divina sustente 
Con respeto su heroica lealtad: 
Los tiranos tan sólo intimidan 
A sus pueblos cual tímida grey, 
Mas los libres si al héroe proclaman 
Sólo adoran su patria y su ley. 

De las tumbas do yacen los bravos 
Dulces himnos el polvo entonó, 
Porque ven que a su Patria preside 
El que heroico por ella lidió: 

Inflexible defienda las Leyes 

Que sumiso respete también 

Y en la senda que estrecha le marcan 
Funde sólo su gloria y su bien. 

La Asamblea que os nombra, os presenta 
De las Leyes el Código fiel, 
Recordad que a la Patria jurasteis 
Dar la vida por ella y por él ! 

Y si a aquélla del mísero estado 
En que yace consigues alzar, 

De holocausto patriótico sean 
Nuestros pechos dignísimo altar. 

Si en los campos de Marte rompiera 
De su Patria la dura opresión, 
Hoy su espada y virtud reunidas 
Le aseguran su gloria y blasón. 



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82 



EL PARNASO ORIENTAL. 



¿Qué más bienes, honor, ni grandeza 
Puede el alma de Oribe gozar, 
Que romper de su Patria los grillos 
Y su gloria y su dicha formar? 

Todos tienen la grata esperanza 
Que las Leyes con gloria y honor, 
Al amparo del hijo de Marte 
Recuperen su antiguo esplendor: 

Se cumplieron los votos ardientes 
De los que aman el orden legal, 
El poder y las Leyes se unieron 
Para gloria del Pueblo Oriental. 



Cual su espada tan noble y tan tersa 
Brilla el alma del fuerte adalid, 
Ni ambición ni maldad marchitaron 
Los laureles que obtuvo en la lid : 
Heroísmo sin bajas intrigas 
Lo elevaron a unánime voz 
Ta al destino del Pueblo presiden 
Patriotismo, virtudes y honor. 



De la Patria el comando supremo 
Por el voto debéis presidir, 
Sostened de las Leyes el temjplo 
Y en su senda virtuoso seguid . 

¡Ciudadanos, respeto a las Leyes, 

Y al Gobierno constante adhesión;! 

Y a la Patria en peligro ofrezcamos 
De la vida gustosa oblación. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



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ODA. 



(DEL DR. D. CARLOS G. VILLADEMOROS. ) 



Alza ¡oh Pueblo de Oriente! 
Tu frente venturosa 
Alza; en la refulgente 
La luz esplendorosa, 
Del astro de los días, hoy te goza : 

Levanta el brazo fuerte 
Del Cielo protegido, 
Que destrucción y muerte, 
Doquiera ha combatido, 
Llevara al enemigo confundido. . 

Contra el arnés templado 
Golpeando el crudo acero 
Resuene alborozado, 
El grito del guerrero 
En honor de su Jefe y compañero . 

Eesuene que este día 
De eterno fausto y gloria 
Vuelve a la Patria mía 




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EL PARNASO ORIENTAL. 



Del triunfo la memoria, 

De hazañas grandes que abarcó la historia. 

Esé es el héroe; en tu rosar discoso, 
Naciera, ¡oh Patria amada! 
El héroe venturoso, 
Cuya invencible espada 
Vio en cada golpe una corona hollada. 

Ese es el mismo, que al feroz hispano 
De la ambición guiado, 
Ató con fuerte mano, 
Al Carro bienhadado, 
Del lauro sacro de victoria orlado. 

El mismo es ese, que en la opuesta orilla 
Osado pie fijara 

Y a una débil barquilla, 
Su suerte confiara 

Por darte nombre de Nación preclara. 

Mira cual llega y en el bosque umbroso 
Terrible juramento 
El pecho fervoroso, 
Al Dios del firmamento 
De ser libre hace, o de morir contento. 

Mira cual blande la temible lanza 
De sangre aun manchada, 
Cual llama a la venganza, 
Cómo en su faz airada 
Se ven la rabia y mortandad pintada. 

Ora montado en el Corcel fogoso 
Batiendo los ijares, 
Sangriento y polvoroso 
Llama a sus patrios lares 

Y víctimas le cercan a millares . 

Por doquiera que pasa, a sus costados 



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BL PARNASO ORIENTAL. 



85 



Lleva la parca fiera, 

Los golpes descargados 

Siente la cordillera, 

Su verde en rojo troca la pradera. 

Detente, ilustre Oribe, ya está libre 
Lo está tu Patria amada, 
No más tu acero vibre, 
Retira ya la airada 

Diestra, de sangre y de laurel cargada. 

Detén: más dura prueba, 
A tu valor espera, 
¿No ves cómo se ceba, 
Ya la discordia fiera 
De infeliz ceguedad cruel compañera? 

¡Ay! que los mismos que en asombro al mundo 
Una vez se mostraron, 
Esos que al iracundo 
Destino despreciaron 
Y de atroz opresión su país salvaron, 

Hoy insensatos de discordia impía 
La tea conduciendo 
En tenebroso día, 
Su mérito escondiendo, 
Rebeldes mueven pabellón horrendo. 

¡Cómo! i Ahora tiemblas? y tu faz serena, 
Tu frente acostumbrada . 
A enrojecer la arena, 
De sangre derramada, 
Trémulo ahora muestras y azorada. 

Pero ¡ay! combate al corazón valiente; 
Al pecho generoso 
En el peligro ingente 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



El recuerdo amistoso 
De unión antigua, al brazo valeroso. 
La Ley te llama, empero, allí te inclinas 

Y pospones gimiendo 
Todo; a la lid caminas, 
Vences al mostruo horrendo, 

Y vuelves a tu hogar, la Paz volviendo. 
Eres, pues, grande, sin igual, entonce; 

Sólo es ya tu cuidado, 

Amontonar el bronce 

Do buril adiestrado 

Lleve tu nombre al porvenir grabado. 

En tanto espera en elevado asiento, 
Al mérito debido 
Que en medio del contento 
Un pueblo conmovido 
Destinarte supiera agradecido. 




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El* PARNASO ORIENTA!* 



87 



ODA. 

PUBLICADA EN EL ESTANDARTE NACIONAL 
(DE UN HIJO DE MONTEVIDEO.) 




¡Bendita, oh Providencia! 
Bendita sea tu Ley santa, adorable! 
De tu divina esencia 
i Quién dirá el inefable 
Arcano misterioso, inescrutable? 

¿Quién tus ocultas vías 
Revelará, y el maternal cuidado 
Con que los seres guías 
Al fin que se ha marcado 
El Soberano Dios de lo criado? 

No a mi profana Lira 
Es dado descorrer el sacro velo 
En que envuelta te admira 
Con tímido recelo 
El ciego habitador del bajo suelo. 

Allí te busca donde 
Tu Majestad divina manifiesta, 
Victoriosa responde 
A la impiedad funesta, 
Que osada contra ti su lengua asesta. 

Allí donde gloriosa 
El Universo reparando, brilla 
Tu mano poderosa; 
La iniquidad humilla ; 
Y sienta el justo en la encumbrada silla. 

¡Oh, cuánto se complace 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Mi mente al contemplar cual su desvelo 
Benigno satisface 
Al desnudo polluelo 

Que aquejado del hambre pía al Cielo! 

¡Y cómo se recrea 
Viéndose sustentar al desvalido 
En inmortal tarea; 

Y acallar el gemido 

Uel inocente huérfano oprimido ! 

¡Cuántas veces en medio 
De las mayores penas y amarguras 
No trajiste el remedio, 
Justificando puras 

Las obras del que truena en las altura»! 

¿Pues, quién, sino tú, fuiste, 
La que al paciente Job de inmerecida 
Pestilencia cubriste; 

Y luego en larga vida 

Lo colmaste <Je bienes sin medida? 

¿Quién, sino tú, pudiera 
El pueblo entre los pueblos escogido. 
Someter a la fiera 
Babilonia rendido, 
Para hacerlo después esclarecido? 

¿Mas, a qué a la memoria 
Traer remoto ejemplo de otra gente, 
Cuando la propia historia 
Publica aquí reciente 
Las muestras de tu esmero (providente? 

Tú, de la Patria mía 
Quitaste la cadena ignominiosa 
Que gimiendo mordía, 
Cuando a mano dolosa 
Perdió su dulce Libertad preciosa. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Tú el puñal homicida 
Arrancaste a sus hijos (Je la mano, 
Cuando en lid fratricida 
Hermano contra hermano, 
Armaba la discordia en odio insano. 

Y ¡oh! tú en este día 

Fausto cual ningún otro y memorable 

Te ostentas todavía 

Más grande y admirable, 

Más digna de alabanza y venerable. 

Yo vi la madre Oriente 
De mil tribulaciones congojada, 
Alzar, ¡ay!, vanamente, 
La hermosa faz turbada 
Al Cielo en tristes lágrimas bañada. 

Vila exhausta, abatida; 
Anuladas sus leyes y derechos; 
Su fama deslucida; 

Y rotos y deshechos 

Los fraternales vínculos estrechos. 

Vi, en fin, leda y pujante 
La avaricia infernal sobre su ruina 
Sentarse triunfante; 

Y en nefaria doctrina 

Unido el vicio a la virtud divina . 

Y vi del precipicio 

En que se iba abismando mal su grado 

¡Oh inmenso beneficio! 

Al dulce bien pasado 

Por ti sacada y superior estado. 

Aquel noble guerrero 
Que a par de otros valientes, la barquilla 
Famosa al mundo entero 



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90 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Y al Plata maravilla 

Guió animoso a la natal orilla. 

Aquel que en la batalla 
Fuera espanto y terror al enemigo, 

Y al pie de la muralla 
Iionde buscara abrigo, 

Le hizo de su valor triste testigo. 

El que cuando inflamada 
Sus sierpes agitaba la anarquía, 
Mostró bien que su espada 
Otra í*ey no seguía, 
Que aquella que su Patria le imponía. 

Ese es el instrumento 
En tus sabios consejos escogido 
Para tornar de asiento 
Al Oriente afligido 

Su antiguo lustre y su vigor perdido. 

Cual iris de bonanza 
Que en la celeste bóveda luciendo 
Al mar undoso lanza 
El huracán tremendo, 

Que asorda el suelo con horrible estruendo. 

O cual el astro hermoso, 
Almo dispensador del claro día, 
Ahuyenta luminoso 
La yerta noche umbría 
Vistiendo a la natura de alegría. 

Tal en la excelsa cumbre 
En que elevado hoy e\ aparece, 
Con poderosa lumbre 
Glorioso resplandece, 

Y la hórrida tiniebla defivanece. 
Ante su augusto aspecto 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



91 



Tiembla el inicuo: su fatal malicia 
Perece sin efecto 

Y erguida la justicia 

El trono de maldad rompe y desquicia. 

En vano en vil porfía 
El sórdido interés sediento de oro, 

Y la ambición impía, 
Traer nuevo desdoro 

A la Patria querrán y nuevo lloro. 

Severo, inaccesible 
A sus negras y arteras sugestiones, 
El héroe incorruptible, 
En todas ocasiones 
Desoirá sus pérfidas razones. 

Bien como firme roca 
De las porfiadas ondas combatida, 
Que inmovible provoca 
Su saña enfurecida 
Quebrantando su vana acometida. 

¡Oh Providencia suma! 
¡ Vida del Universo y su sustento ! 
Hasta que se consuma 
Mi postrimer aliento 
En ti confiaré, de duda exento. 

En medio a la tormenta 
Tu serás mi consuelo y mi esperanza, 

Y a tus brazos contenta 
Con entera confianza, 

Mi alma se arrojará en cualquier mudanza . 

Y mientras en sus malee 
De ti blasfeman con furor ingrato 
Los míseros mortales, 

Y en su impío arrebato 

* 13 

\ 

i 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Te niegan y maldicen sin recato. 

Yo adoraré rendido 
Las dignas obras de tu juicio santo 
Y a tu amparo acogido, 
Enjugando mi llanto 
Alzaré en tu loor sonoro canto. 



SONETO 

(de un montevideano.) 

Setenta veces Febo, Dios Peruano, 
A su alto Capricornio remontara, 
Después que vuestro Abuelo gobernara 
Al Pueblo, que regís, ya Soberano . 

A la par de los Reyes cual Romano, 
Senado y Pueblo el nuestro os elevara, 

Y tal júbilo y gozo se mostrara, 
Que pareciera Bacanal insano . 

Cuánto la Patria pudo, tanto os diera, 
Así de vuestro brazo poderoso 

Y de vuestro heroísmo todo espera . 
Solo cumplir la Ley le fuera honroso 

A quien gran patriotismo se le viera: 
El héroe debe ser más que virtuoso. 

(Corresponsal del Universal n.* 1646) . 




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EL PARNASO ORIENTAL. 



93 



ODA 

(DEL DR. D. CARLOS G. VI LLADEMOROS. ) 




No llanto, no dolor: viva y ardiente, 

Conmovida, asombrada, 

Sólo entusiasmo siente, 

El alma arrebatada 

Cuando el grande padece 
Que un nuevo triunfo, en su '^«gracia ofrece. 
Un triunfo más; que el héroe satisfecho, 

De sí mismo contento 

El diamantino pecho 

Al cruel padecimiento, 

Oponiendo sereno, 
Tiene más de inmortal que de terreno. 
No llanto de dolor por tí se vierta, 

i Oh RIVADAVIA ilustre! 

Sólo valor se advierta, 

Sólo tu gloria y lustre, 

Y el golpe del destino 
Y un lauro más, que a coronarte vino. 
Tú que, el Pueblo Argentino, a las naciones, 

Venturoso mostraste 

Descansando en montones 

De laurel, y enseñaste 

De las Leyes sagradas, 
El templo y las virtudes acatadas. 
Tú, que dando la voz, de mil guerreros, 

Las filas ordenaste, 

Tú que de mil aceros 



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94 EL PABNASO ORIENTAL. 



Su fuerte brazo armaste 

Que doquiera lanzados 
Libertad dan, al continente, osados. 
Tú que elevado del Poder Supremo 

A la cumbre gloriosa, 

En el peligro extremo 

Tiendes la generosa 

Diestra, y la Patria mía, 
Libre ostentóse, Independiente un día. 
Tii, ... y ahora vagas, perseguido y solo, 

Un hogar mendigando 

Y de uno al otro polo 
Lo vas solicitando . . . 

Y de ese ingrato suelo 

No tomará venganza, el justo Cielo. 
El impío de su seno te ha arrojado, 

Tu frente venerable 

Audaz ha despreciado 

Tu virtud respetable, 

Tu pelo encanecido 

Y el surco de desdicha envejecido. 

Pues . . . vuelve aquí la vista : oye que Oriente, 
Te llama cariñoso 
Aquí do refulgente, 
Nace el astro radioso, 
Que a saludarte espera 

Y sigue luego su eternal carrera. 



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EL PABNAflO OBIENTAIi. 



95 




3U>lID1*^($ 11^123 

[de d. francisco a. de figueroa.] 



ODA PRIMERA DE HORACIO 

A Mecenas 

OSO 

Mecenas ilustre, 
De reyes nacido. 
Mi dulce decoro, 
Mi amparo y asilo : 

Hombres hay que gustan 
Dirigir activos 
Del sonante carro 
El rápido giro; 

De olímpico polvo 
Entre torbellinos, 
La barrera evitan 
Al eje encendido; 

Y la noble palma 
Del triunfo obtenido 



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96 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Eleva sus nombres 
A par del Olimpo. 

Unos ambicionan 
Honores subidos. 

Y el aura versátil 

De un pueblo rendido: 

Otros en sus trojes 
Tener reunido 
De la fértil Libia 
El dorado trigo. 

Aqi 3l es dichoso 
Arañao tranquilo 
Del paterno predio 
El valle sombrío; 

Ni de Atalo el oro 
Pudiera inducirlo 
En la cipria nave 
A correr peligros. 

El ávido nauta 
Que oye confundido 
De mares y vientos 
El choque y los silbos, 

Recuerda con pena 
El ocio y retiro, 

Y grata abundancia 
Del suelo nativo: 

Mas ¡ay! que en la playa 
Carena el navio, 

Y a buscar fortuna 
Torna con delirio. 

El que ama las copas 
Del Másico vino, 
Pasa en dulces horas 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



97 



El día festivo: 

0 ya el verde arbusto 
Le ofrece en estío 
De fragantes hojas 
Parasol florido. 

0 en mullida alfombra 
De césped tendido, 
Contempla beodo 
El sagrado río. 

Los acampamentos 
Placen a infinitos. 

Y de las trompetas' 
El ronco sonido: 

Y la guerra y Marte 
En sangre teñido, 
A las tiernas madres 
De odioso prestigio 

Sufre la intemperie 
Cazador activo, 

Y en su afán olvida 
La esposa y los hijos: 
Ora si sus fieles 
Lebreles han visto 

La tímida cierva 
Por entre los riscos, 

Ora si los lazos, 
Con duro colmillo, 
El cerdoso bruto 
Rompe enfurecido. 

Mas, yo solamente 
A la yedra aspiro, 
De las doctas frentes 
Noble distintivo; 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Y a los sacros dioses 
Igual me imagino, 

Si en la fresca selva 
Las auras respiro. 

Sátiros y ninfas 
Con fáciles giros 
Del vulgo me apartar. 
En dulce deliquio: 

Pues la Lesbia lira, 
El tesoro mío, 
Euterpe y Polimnia 
Templar han querido: 

Y si tú, Mecenas, 
Si mi tierno amigo 
Del lírico lauro 

Me contempla digno. 

Con tan alta gloria 
Ufano y erguido, 
Tocará mi frente 
Los astros divinos. 




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EL PARNASO ORIENTAL. 



99 



2.* 

HORACIO, LIBRO TERCERO. 

ODA 

▲ ItQS mOMANOS. 

El César de Alcides 
Digno imitador, 
Que a coger laureles, 
¡Oh pueblo!, salió: 

Laureles que cuestan 

Peligros y horror, 

De Iberia a sus lares 

Torna vencedor. 

La esposa que solo 
Cifra en él su amor, 
Salga, y a los Dioses 
Rinda su oblación: 

Y también la hermana 
Del noble canupeón, 
Con cintas y bandas 
De vario color. 

Vírgenes y madres 
Ilustres; y en pos 
Los jóvenes bravos 
Que Marte salvó: 

Y la que al consorte 
En la lid perdió, 

14 



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100 EL PARNASO ORIENTAL. 



Y el huérfano, hagan 
Treguas al dolor. 

Para mí esta fiesta 
Es de tal valor, 
Que ya de mis penas 
La imagen borró : 

Ni temo asesinos, 

Ni conspiración, 

Reinando en el Orbe 

Cesar, semidiós. 

Trae, paje, coronas 

Y ungüentos de olor, 

Y un barril de vino 
Del más superior: 

De aquel de los tiempos 
Del Marzo furor, 
Si es que de Espartaoo 
Alguno salvó. 

Y ve, y a Nerea 
De angélica voz, 
Dila que se adorne 
Presto, y con primor. 

Que vuele. . . y si acaso 
Te hace oposición 
Su odioso portero, 
Torna aquí veloz. 

El albo cabello 
¡Ah! ya mitigó 
De choques y riñas 
Mi antigua afición: 



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EL PARNASO ORIENTAL. 101 



Que en el consulado 
De Planeo . . . ¡ eso no ! 
Tal no sufriría 
Mi joven ardor. 



3/ 

HORACIO, LIBRO DEL EPODON. 

ODA 7.* AL PUEBLO ROMANO 

¿A dónde, a dónde os despeñáis, impíos, 
Por qué el fierro empuñáis, antes guardado? 
¿Poca sangre latina, por ventura, 
Se derramó en los mares y en los campos? 
No para que el Romano los soberbios 
Alcázares quemase de Cartago; 
O por la vía sacra descendiese 
El indócil Bretón encadenado, 
Sino porque según los Partos quieren, 
Roma perezca por su propia mandü 
Tal no hizo el lobo ; ni jamás los leones, 
Solo a los de otra especie sanguinarios. 
¿Furor ciego os arrastra, o duro impulso, 
O acaso el crimen?, responded, insanos! 
Callan. . . y blanca palidez los cubre, 
Y en la conciencia heridos, se pasmaron! 
Así es ; oprime a Roma el hado acerbo, 
T el crimen de la muerte del hermano; 
Cuando corrió del inocente Remo 
Sangre a sus nietos de valor sagrado. 



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102 EL PARNASO OBIENTAIi. 



LA COLINA ALEGORICA 

(DE LA 8RA. DA. PETRONA. ROSEN DE. ) 




En aquella estación en que Natura 
Al hálito mortal halaga tierna, 
Presentándole goces generosa 
Que arrebatan el akna y la embelesan; 
Cuando las altas copas (Je los árboles 
Empiezan a mostrar sus ramas nuevas 
Desnudas de la pompa que ostentaron 
En la amena y florida Primavera; 
Y cuando ya sus frutos deliciosos 
Al hombre alimentaron, y en la tierra 
Acrecieron los gérmenes fecundos, 
Que sus dones anuncian y renuevan. 
En aquella estación, do el alma absorta, 
Divaga meditando, y se embelesa 
En esas mutaciones continuadas, 
Que en orden siempre igual, natura ostenta ; 
Cuando el €ielo azulado nos retrata 
En su quietud la paz más halagüeña, 
Haciendo se sublimen los sentidos 
A pensar en el Dios que en él impera, 
En esa estación misma yo me hallaba 
En un extenso prado embebecida, 
Contemplando el matiz que ante mis ojos 
Mil imágenes bellas ofrecía; 
Do el grato pensamiento en dulce calma 
Vagaba, sin gozar cuanto advertía; 
Sentada en el fragmento de una roca, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



103 



A mi pasmada vista entretenían 

Las rozagantes hojas que agitadas 

De ráfagas del viento se mecían. 

Cual cintas de cristal los arroyuelos 

Aquel ameno prado humedecían, 

Y en bandadas de cítaras volantes 

Saludaban al sol las avecillas: 

El ruido (aunque lejano) de mi pueblo, 

Todo a un tiempo mi mente suspendía. 

En calma mis sentidos y arrobados 

En breve mi ser todo, embebecido, 

De un sueño sosegado y deleitable 

Cedió insensiblemente al atractivo; 

Los cuadros lisonjeros y risueños 

Que mi imaginación había absorbido 

Aún cerrados mis ojos no cesaban 

De ejercer suavemente su dominio . 

Vi en sueño una montaña, que a las nubes, 

Con majestuosa cúspide ascendía 

En un hermoso llano colocada; 

Mas, escabroso el tránsito a su cima; 

Mi vista se fijaba en su estructura 

Pareciéndome hallarme ya instruida 

Aunque confusamente, del misterio, 

Que en la altosa montaña se escondía: 

Por su escabroso ascenso vi trepaba, 

Un inmenso gentío que acudía 

Ansioso de llegar a la eminencia 

Sin calcular el riesgo y las fatigas. 

Jóvenes, casi todos, y animados 

Del fuego de la edad, no percibían 

Que interpuestas se hallaban en el paso 

Otro número grande de Colinas, 



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104 EL PARNASO OKIENTAIj. 



Que aunque de corto tránsito, alejaban 
El objeto primario de su vista. 
Algunos proseguían animosos 
Sin que nada arredrase su energía 
Marchando a paso firme y reposado 
Para alcanzar su objeto sin fatiga; 
Mas, otros que ardorosos se agitaban 
Por acercarse presto a la Colina 
En medio del ascenso ya cansados 
Rodando hasta la falda descendían. 

Y en total desaliento, consternados, 
Por las dificultades que advertían, 
Arrastraban consigo a los que ansiosos 
A la cumbre difícil ascendían . . . 

Y cuando yo pasmada contemplaba 
La intrépida avidez y bizarría 
Con que valientes unos avanzaban 
Dejando en pos de sí muchas Colinas, 

Y a los otros, postrados y cobardes, 
Colmados del pesar de su desidia; 
Observé a un personaje, que apacible, 
En sublime lenguaje les decía: 

4 4 La montaña que veis allá en las Nubes 
Ocultar misteriosa su alta cima, 
Es la hermosa Colina de tus ciencias, 
Do la verdad austera sola habita ; 
Allí su augusto templo colocado 
Bajo un velo de luz se patentiza. 

Y su bello semblante, aunque severo, 
Muéstrase cual antorcha que ilumina; 
¡Seguid! ¡no os detengáis! de sus amados 
Imitad la constancia y el ejemplo 

Al reposo indolente renunciando, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 105 



Si queréis coronar vuestros intentos". 
Fijéme en las palabras preceptores, 

Y en el tono apacible aunque severo 
Del personaje noble que animaba 

A aquella juventud en su arduo empeño, 
Cuando un joven que a todos agitaba 
Lleno de resplandor y aire risueño, 
Numen con dobles alas, sorprendióme 
Oyéndole exclamar: ¡yo soy. . . EL GENIO! 
"A quien yo no acompañe en sus estudios 
Excuse las fatigas y el desvelo. . . ! 
Sin mi auxilio el Poeta, el literato, 
El músico, el pintor y hasta el guerrero, 
No gozarán de nombre, brillo y gloria 

Y serán consignados al desprecio". 

Ya se deja ver, que esta alegoría es alusiva a 
la áspera carrera de los conocimientos de arduas 
materias. Las pequeñas colinas son los estudios 
preparatorios, que son como los escalones que 
conducen a una eminencia; el personaje que los 
¿mima es la Razón. 

La Autor \. 




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106 EL, PARNASO ORIENTAL. 




SONETO 
A LA MUERTE 

DEL 

DIPUTADO DE LA SALA DE REPRESEN- 
TANTES DEL ESTADO ORIENTAL 
POR SU AKIttO A. R. 

Tu destino infeliz, Víctor querido, 
Lloraré siempre, y siempre el alma mía 
A la estrecha amistad que nos unía, 
Tan fiel será, como en tu vida ha sido. 

En ti, yo sólo sé lo que he perdido, 
¡Y tanto! que al saber que no existía 
Mi dulce amigo, obscurecióse el día 
Que me ha dejado en llanto sumergido. 

Llanto eterno será, que mi ternura 
Tribute sin cesar, Barrios amado, 
A la amistad más fina y pura. 

Y si a mi débil acento fuera dado 
Manifestar del pecho la amargura, 
Llegar podría a tu sepulcro helado. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 107 




A LA MEMORIA DE UNA HIJA AMADA, 
POR SU DESCONSOLADA MADRE. 

ACROSTICO 

(de la sra. da. petrona rosen de. ) 

— 0«0— 

¡¡O olorosa memoria!! ¡¡Cruel recuerdo!!! 
O 13 f ¡ cuan fúnebres sois al alma herida ! ! 
O uando de los consuelos alejada 
ft 1 pesar sólo triunfa y predomina ! 
O e mi martirio el tiempo sólo puede 
H nmohecer los fierros que me oprimen, 
^ erozmente, abrumando con su peso, 
W 1 corazón materno más sensible . . . 
W usoo en vano el consuelo, en mi lamento, 
W enovando mi llanto noche y día ! ! . . . 
M 1 alma desolada, en luto, en duelo, 
W ehusa los consuelos con poífía!... 
O h ! ¡ ¡ memoria funesta ! ! ¡ oh ! ¡ ¡ horrible día ! ! . . . 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



ELEGÍA. 

[de la misma sra.] 



¡¡Memoria!!! ¡Cruel memoria! que me afliges 
Tormento interminable de mi vida! 
Tú eres la causa activa de mis males, 
Tú alientas el pesar que me aniquila!... 
¿Te complaces, memoria, en desolarme! 
¿Quieres que en triste llanto consumida 
El alma se aniquile y que sucumba 
A la par del objeto que en mí animas!... 
¡Deja de atormentarme con recuerdos 
Que al maternal amor tanto lastiman 
Cuando el vital aliento ya no puede 
Reanimar a ese ser f a quien dio vida!!! 
¡Máxima idolatrada)! ¡Dulce nombre! 
¡ Hija la más amada ! ¡ y la más digna, 
De tus dulces virtudes el recuerdo 
A tu madre atormenta y martiriza !!!... 
Tu idolatrada imagen se presenta 
Sin cesar a mis ojos; y el tormento 
Que el alma experimenta, es excedente 
Al humano sufrir... ¡oh! ¡si primero 
La inexorable parca entre sus lazos 
Mi mísero existir hubiera envuelto ! . . . 
¡Ambas unidas en la fosa helada, 
No hubiéramos sentido el desconsuelo 
De vernos separadas tan cruelmente 
Por un muro fatal de espacio inmenso ! . . . 
j Oh ! ¡ embeleso de mi alma ! ¡ oh ! ¡ hija querida !. . . 



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EL PARNASO ORIENTAL. 109 



¡ Tu muerte fué un instante, mas su efecto, 
Es esta herida cruel, que hasta la tumba 
Con tu memoria llevaré en el pecho ! ! 
¡¡Los últimos suspiros que tu alma 
En mi seno exhalo, puñales fueron, 
Que escondidos están, y que aguzados 
Me hieren sin cesar cada momento!!! 
¡¡Mi corazón virtió fúnebre lloro. . . 

Y las ardientes gotas que corrieron, 
Anublando mis ojos inundaron; 
Mas ¡ ay ! en vano ! tu cadáver yerto ! 
Que en un mármol helado convergido 

No sintió la vehemencia de su fuego» !!!... 
¡Hija, tú ya no existes! y contigo 
Todo mi amor y mi placer murieron, 

Y hasta las esperanzas, que la vida 
Al desgraciado ofrece por consuelo ! ! ! 



I¡ Fuiste de nuevo al primitivo caos!! 

¡¡Fuiste a aquella región do no podemos 

Fijar un punto la ambiciosa vista 

Sin que a nuestro pesar, retrocediendo, 

Trémulo el paso y conturbada el alma 

Se postre el hombre, tributando ciego 

Un respeto sagrado y silencioso, 

Al árbitro supremo de los Cielos ! ! . . . 

¡ Triste fatalidad!! ! . . . ¡ Crudo destino !!!... 

¡ Secreto incomprensible ! ¡ Cruel misterio ! ! ! 

Cuántas generaciones se suceden, 

Cuántas siguen el mismo sendero 

De muerte y exterminio! Y nada basta 

A resistir el formidable imperio 

Del tiempo destructor! ¡de nada vale 



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110 EL PARNASO ORIENTAL. 



La virtud, el saber, la tiara, el cetro, 

Todo cede y acaba; y todo vuelve 

A ese primer Ser!. . . ¡el hombre, empero, 

Orgulloso en vivir, jamás recuerda, 

Que nacer y morir es un momento!!! 

¿Dónde estáis ¡oh! naciones poderosas, 

Que en tiempo venturoso, el Universo 

Con vuestra gloria henchísteis ? ¿Do se ocultan 

Tantos hombres ilustres, que sirvieron 

De modelo a los siglos que pasaron? 

¿Donde se hallan los héroes renombrados 

Que ambiciosos temblar al orbe hicieron?. . . 

Todos yacen en polvo convertidos, 

Y despojos del tiempo perecieron, 

Cual turbulentas olas que impelidas 

En ancho mar por impetuosos vientos 

A las orillas van precipitadas 

Unas a otras el lugar cediendo !!!... 



Corre el tiempo veloz; y entre amarguras 
Al sepulcro también todos corremos! 
¡ El hombre en este caso se confunde ! . . . 

Y más claudica el alma, si queremos 
Descubrir nuestro fifí! esa existencia! . . . 
Futura del mortal que en ningún tiempo, 
Le es dado conocer: ¡oh! incomprensible 

Y adorable Deidad, yo me someto 
Sin indagar arcanos tan sublimes 
Ocultos en las bóvedas del Cielo! 



¡Yo también moriré! y entonces sólo, 

Tal vez penetraré tantos secretos 

Que hoy no puedo alcanzar ! ! ! mas, entretanto, 



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EL PABNASO ORIENTAL. Hl 



Debo sellar con reverente beso 

El decreto fatal que se halla escrito 

En el libro infalible del Eterno . . . 

Y cuando la sentencia irrevocable 
Contra mi ser pronuncie, justiciero, 
Al exhalar el postrimer suspiro, 
Esperaré encontrar mi caro objeto, 
En aquella mansión do para siempre 
La virtud y la fe tienen su premio . . . 
¡¡Allí sabrás, mi Máxima querida, 

De tu angustiada madre el fino anhelo 

Que en promover tu dicha siempre tuvo ! ! . . . 

Sabrás que tu® virtudes, sin ejemplo, 

Grabadas en mi mente vigorizan 

De mi extremado amor el cruel recuerdo, 

Y ¡mi bárbara pena al contemplarte 
En la morada eterna de los muertod!!! 



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112 EL PARNASO ORIENTAL. 




LA MUERTE EN POS DE HIMENEO, 

DÉCIMA (1) 

[de d. francisco a. de figueroa.] 



Brilló cual Cándida flor 
Concentrando en su alma pura 
De su esposo la ternura 
De sus Padres el amor; 
Mas la hora del dolor 
Sonó ... y la parca fatal 
Sobre el tálamo nupcial 
Erigiendo el mausoleo, 
La antorcha del himeneo 
Fué lámpara sepulcral. 



(1) A la Joven Da. Máxima de la Sierra y Rosende, hija 
de la autora de latí composiciones anteriores, que murió al mes 
de Casada. 

El Editor. 



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EL PUiNASO OBIENTAL. 



113 




A LA REINA REGENTE DE ESPAÑA 

[POR LA SRA. DA. PETRONA ROSENDE.] 

ODA 

Desciende, ¡ oh numen sacro !, y de mi mente 

Las potencias inflama, 
Pues, si tu fuego celestial me inspira, 
Cantaré a la beldad que refulgente 

En luz al mundo baña, 
Y es sobre el trono la deidad de España . 

¡Y es dado tributar dignos loores 

A un Solio Soberano? 
¿Debe al regio poder rendir tributos, 
Débil mujer, y en plectro Americano? 

Sí, debe . . . pues Cristina, 
Es, además de Reina, alta heroína . 

De la historia los fastos recorriendo, 



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114 EL PARNASO ORIENTAL. 



Mis ojos no han hallado 
Otra reina tan grande, otro modelo, 
Para ser con Cristina comparado; 

Y absorta la contemplo 
De justicia y bondad, único ejemplo. 



Al empuñar el cetro le convierte 

En prodigiosa vara, 
Y cual Moisés produjo con la suya, 
Del árido peñasco la onda clara. 

Esta, rompiendo el fierro, 
Hace salir proscriptos del destierro. 



Su brillante diadema, como el Iris, 

Es nuncio de bonanza 
Al afligido nauta en las tormentas; 
Así ella inspira el gozo y la esperanza, 

Derramando el contento 
Donde el llanto moraba y el tormento. 



Ella su mano extiende con clemencia, 
Sobre el pueblo afligido, 

Curando las heridas enconosas, 

Con el bálsamo suave del olvido; 
Sin mirar opiniones 

Para hacer más felices sus regiones. 



Con brazo fuerte el estandarte alza 



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EL PARNASO ORIENTAL. 115 



De Nacional concordia, 

Y al ver a la piedad entronizada, 

La venganza se ahuyenta y la discordia; 
A todos tranquiliza, 

Y de España los males finaliza. 



Con maternal cuidado se desvela 
Por su Pueblo, a quien ama, 

Y a los proscriptos, rectos ciudadanos, 

En torno al trono con acierto llama ; 
Y deprime o desvía 

A los que el pueblo aflicto aborrecía. 



A Cortes Nacionales provocando 
Sus pueblos satisfechos, 

Liberal y magnánima desea, 

Reinar más por amor que por derechos; 
¡ Oh, cuánto el Trono alcanza 

Cuando en bases tan firmes se afianza ! 



Del alto Solio a América mirando 
Feliz e Independiente, 

Aplaude su destino, y sin despecho, 

A su Comercio aspira diligente, 
Y que en sus playas fuera 

Signo de paz el León de su bandera. 



Ve sus puertos desiertos, el comercio 

16 



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116 



EL PARNASO ORIENTAL. 



En inacción y ruina, 
Y en el silencio sepulcral yaciendo 
Las artes, y la industria, y la marina; 

Mas todo lo supera 
Porque todo en su "Reina, España espera. 



Entonces su alma grande desechando 

La ambición enemiga 
Dijo, nombrando América a sus pueblos, 
"La que ha sido vasalla, hoy es amiga, 

Basta de sangre, y sea 
De la Unión, Isabel firme presea". 



Ya triunfó la razón ; ya sobre el Trono 

Brilla celeste rayo, 
Y ensalzando a Cristina se reúnen 
Los hijos de Atahualpa y de Pelayo; 

Ya brillan juntamente, 
El cetro- real y el gorro independiente. 



¡ Oh tu, Reina de España ! este homenaje 

De un pecho femenino 
Recibe con bondad, oye mi acento 
Y la expresión del corazón más fino, 

Desde el indiano suelo 
Do encomio tus virtudes hasta el Cielo. 



Hasta el empíreo, de mi débil pecho, 



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EL PARNASO ORIENTAL. H7 



El voto llegar pueda, 
Y así crezca feliz la bella planta 
Que cultivas amante, ipor que exceda 

En virtudes fecunda 
A la Isabel primera, la segunda. 

Esa cara Isabel del árbol Regio, 
Rama tierna y hermosa, 

Conserva, educa, y con tu sabio ejemplo 

Nutre y conforta, su alma candorosa 
Porque al Trono elevada, 

Cual vos sea grande, y como vos amada. 




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118 EL PARNASO ORIENTAL. 




DESAHOGO POETICO, 

DE UN PATRIOTA ORIENTAL 

¡Malheur aux couers ingrats, et nés pour les forfaits! 
Que les doleurs d'autrwn n'ont attendris jamáis! 

(Voltaire.) 




¿Cuál eco triste mis oídos hiere? 
¿Cuál voz de llanto lastimera suena, 
Y al conmovido pecho 
De tierna compasión y de ira llena? 
¿Sois vosotros aún infortunados 
Víctimas inocentes 

Que en lo más débil de la edad temprana 

Os miráis inmolados 

Por la codicia bárbara inhumana? 

¿Y quiénes los verdugos inclementes, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



119 



Quiénes son los malvados 

Que insensibles al lloro 

Y a vuestros blandos ruegos y razones, 

Sedientos de vil oro, 

A estas libres regiones 

Os trajeron ¡qué infamia! entre prisiones? 

" Los tuyos son, los tuyos, los que osados 
" Con villana impostura 
" Mintiendo humanidad y patriotismo, 
u A su frío egoísmo 
44 Sacrificar quisieron 
" Los fueros más sagrados de natura, 
" Ni el maternal quebranto, 
" Ni el blando lamentar de la inocencia, 
6 i Ni la menesterosa tierna infancia 
" Moviendo sus entrañas a clemencia, 
4 6 Pudieron mitigar siquiera un tanto 
" De su maldad la atroz perseverancia 
6i De dolo infame y corrupción usando, 
" Negados al clamor de la justicia, 
i 6 Ellos ¡ay! para siempre 
i i En su negra sevicia 
" Me arrancan mis hijos, mi delicia. 
" i Y tú, orgullosa Oriente, 
" Tú que entre las naciones 
" Alzaste pura la gloriosa frente, 
4 4 Y en tus instituciones 
" Ufana te gozabas dignamente; 
li i Como permites, di, que mí perezca 
" Esa tu fama bella, y que a tu amparo 
" Sin el menor reparo, 
" La horrible iniquidad prospere y crezca? 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



44 ¿Qué importa que en tu código sagrado 

44 Severa hayas proscrito 

44 Con previsor cuidado, 

4 4 De carne humana el tráfico maldito ; 

44 Si avaro el mercader surca animoso 

44 Los dilatados mares, 

44 Y yermando inhumano mis hogares, 

k4 Torna al puerto gozoso, 

44 Lleno el bajel de esclavos a millares, 

44 Que a despecho de honor, leyes y fama, 

44 Por la tierra ¡qué escándalo! derrama? 

" ¡Hipócrita!, ya en vano 
44 Serán tus más solemnes juramentos; 
44 En vano en tus razones 
44 Ostentarás leales sentimientos: 
" Tus prevaricaciones 
" La fe de tus palabras destruyendo, 
44 En digna reconifpensa 
44 Te atraerán muy luego, no en tu abono, 
44 Desconfianza inmensa, 
44 Recelos, malquerencia y abandono. 

44 Cuando tu lengua falsa y engañadora, 
44 Virtud, justicia, humanidad profiera, 
44 Cuando ingenua y sincera 
44 Pretendas demostrarte, tronadora; 
44 ¡Miente!, repetirá mi voz airada; 
44 ¡Miente!, no la creáis. La que perjura, 
44 Quebranta su promesa, un solo instante, 
" Pudiera por ventura 
" Ser digna ya de crédito bastante? 
" ¡Miente!, y sino mirad; y a mi querida 



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EL PARNASO ORIENTAL. 121 



" Prole yo mostraré por ti robada, 

" Y a orfandad desvalida, 

" Y dura esclavitud ¡ay! condenada. 

u Ni pienses, no, que el Cielo justo y santo 
" Invengado correr muchas edades 
" Dejará el largo llanto 
" Que me arrancan tus graves crueldades. 
" Tiempo vendrá que el premio 
" Cojas a tu maldad bien merecido, 
" Cuando tu seno henchido 
" De vicio corruptor, por intestina 
" Lid fratricida devorado seas, 
" Ya opresión peregrina 
" De nuevo tu cerviz doblada veas". 

Calla, mísera Etiopia; calla: basta, 
No rasgues más mi corazón sensible. 
¿Y qué será posible? 

¿Y mi Patria también? ¡ah! sí, no hay duda 
No hay duda: ¡oh mengua! ¡oh sin igual des- 
¡Desdichada región! justo es tu lloro, Tdoro! 
Justa es tu pena aguda, 
Y la queja sentida 

Con que maldices de mi Patria cruda. 

Yo te acompañaré en tu triste duelo, 
Yo lloraré contigo y lastimado 
Lamentaré de tu abatido suelo 
El infelice deplorable estado. 

En vano en ademán amenazante 
El sórdido interés entronizado, 
Que calle grita altivo e imperioso; 



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122 EL PARNASO ORIENTAL. 



Yo alzaré mi clamor pundonoroso, 
Y con robusto tono resonante 
Acusaré impávido y severo 
Su obra de iniquidad al Orbe entero. 

Mas ¡ah! i qué valer puede el impotente 
Eco de indignación con que los aires 
En vano preña humanidad doliente? 
Su aliento pestilente 
La avaricia infernal doquier derrama: 
Triunfa y reina, y con poder tirano 
Apaga pérfida en el pecho humano 
De la santa virtud la pura llama. 

¡Fatal depravación! ¿y que pudiera 
La tierra del Oriente envilecida, 
Yacer de esa manera 
En tamaña ignominia sumergida? 
Tan sólo mi querella 
i Se escuchará con tino repetida, 
Con noble ardor en ella, 
Sin que en los corazones acerados 
De sus crueles hijos degradados 
La amorosa piedad llegue a hacer mella? 

j Ah ! no ; que ya la aurora luminosa 
Rayar se ve del venturoso día, 
En que la voz sublime y poderosa 
De la filantropía 
Despertará la dulce Patria mía 
Del sueño vergonzoso en que reposa. 

Ya el enérgico grito 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



123 



De universal reprobación sonando, 
Persigue vengador el impío bando 
Que osara cometer tanto delito, 

Y ante la faz del mundo 

Le hunde en el oprobio más profundo. 

Cese, pues, cese ahora, 
Triste Etiopía, tu amargo desconsuelo; 
Cese el rudo dolor que te devora ; 
Que ya benigno el Cielo 
Tu existencia mejora, 

Y en propicia convierte 

Tu antigua malhadada ingrata suerte. 

De hoy más, tus caros hijos, 
Tranquilos respirar podrán sin susto 
Entre su dulce paz y regocijos; 
Sin que de nuevo un invasor injusto 
En pirática guerra, 
Sorprenda, pille su indefensa tierra, 

Y abusando inhumano de su imperio 
Sin piedad se los traiga en cautiverio. 

No temas, sí, no temas. ¿Puede acaso 
Un puñado de reprobos escaso 
Victorioso arrostrar la irresistible 
Fuerza de la opinión de un pueblo airado 
Que su fallo terrible 
Unánime ha lanzado 
Contra el crimen por ellos perpetrado? 

Caerán los infames, para nunca 
Jamás ya levantarse. De su trono 

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124 EL PARNASO ORIENTAL. 



Nefario derribados, su caída 
De odio sin fin y nacional encono, 
Y de eterno baldón será seguida; 
Que no ciega indulgencia, 
No tolerancia débil reprobable 
Los librarán de la fatal sentencia. 
Organo de la Patria inexorable 
Mi voz pronuncia ya desde este día 
Anatema de muerte irrevocable 
Contra todo el que osado en adelante 
Con arrogancia impía 
Pretenda esclavizar su semejante. 

Estandarte Nacional. 



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EL PARNASO ORIENTAL. \2¿ 



LA MADRE AFRICANA, 
ODA 

[de d. francisco a. de pigueroa.] 

"¿Tairai-je ees enfants de la rivé africaine 
"Qui cultivent pour nous la terre americaine! 
"Differents de couleurs, ils-ont les mémes droits; 
" Vous mémes oontre vous les arm<*de vos Loisl" 
Delille. Poema La desgracia y la piedad, cant. 1 



¿Y así cruel pirata, así te alejas 

Robándome, tirano, , 
Los hijos y el esposo...? ¿así, inhumano, 
En desamparo y en dolor me dejas? 
¡Ay, vuelve, vuelve! en mi infeliz eabaña, 

Sin consuelo y sin vida, 
Ve cuál me dejas, como 4ébil caña 
Del huracán violento combatida l 

Vuelve, entrañas de fiera, 

Que por mi mal viniste! 
Llévame, vil, y en servidumbre muera 
Con mis prendas amadas; mas ¡ay triste! 
Que no espero ablandar tu pecho duro 

Con lamentos prolijos, 
Tú no sientes amor, ¡no tienes hijos! 

i Y es posible que el sol que entre zafiros 



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126 EL PARNASO ORIENTAL. 



Ostenta esa bandera 
Llegue a estas playas por la vez primera 
A presenciar tu infamia y mis suspiros? 
¡Oh globo celestial al que esplendoroso 

Dominas en las cumbres, 
Obscurece tu luz, y al monstruo odioso 
Sólo sangriento y con horror alumbres! 

Mas ¡ay, qué nueva pena! 

Ya descubren mis ojos 
L : azagaya y el arco que en la arena 
Del asalto traidor fueron despojos; 
¡Inocente consorte! Tú ignorabas 

Que saben esos bravos 
Proclamar Libertad... y hacer esclavos/ 

De esta suerte la mísera africana 

Se queja inútilmente, 
T'ientras la nave apresta indiferente 
El Traficante cruel de carne humana; 

Y truena el bronce, y su clamor repite, 

Que el clamor la consuela, 
Mas el Aguila en hombros de Anfitrite 
Suelta las alas, y al estruendo vuela. 

Al punto encadenados 
Los cautivos se miran, 

Y al fondo del bajel desesperados 

Los lanzan sin piedad, y ellos suspiran, 
Mientras que la infeliz desde la peña 

Se arroja y da un lamento 
Que en pos de la alta popa lleva el viento!! 



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El* PARNASO ORIENTAL. 127 



A MI AMIGO A. . . AL EMBARCARSE 
PARA EUROPA. 

[de D. P. D.] 

Vuela a tus Lares, ¡Lares venturosos! 
Do en fraternales y materno lazo 
Recibirás los ósculos cordiales, 

Y anegarán tus ojos lacrimosos 
Cual en tu infancia el plácido regazo: 
Vuela y deja por siempre a los australes. 
Huye de esa estuante Corte infanda, 
Cuya fea y endémica dolencia 

Te acosa, te persigue, te desmanda 

Y acerba tu existencia: 
Con tu amigo y consorte 

Parte en alas de Eolo de esa Corte. 

En ella dejas la inscripción más grata : 
Dejas, sí, un lauro eterno a la memoria 
De tus sinceros pactos, fe guardada, 
Veneranda Amistad, verdad innata, 
Recto juicio, piedad satisfactoria, 
Tipo y modelo de la vida honrada: 
Virtudes son que el tiempo no destruye 

Y que acata el juicioso, e incensa el sa T lo . 
Tu bondad filantrópica me arguye 

Y en descargo mi labio 
Te apellida y aclama 

Fiel, caro Protector, Amigo que ama. 

Neptuno y Anfitrite te protejan 



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128 EL PARNASO ORIENTAL. 



Con su ecuóreo cetro y comitiva, 

Y Eolo se complazca en dirigirte 
Hasta llegar al Puerto do se quejan 
De tu ausencia con lágrima expresiva. 

Y en la estación Hiemal sin aterirte 
Vean tus ojos el alegre punto 
Donde lloraron por la vez primera. 

Y en el gélido limen halles junto 

Cuanto tu amor quisiera \ 
Tener siempre a tu lado, 
Viviendo ni * nvidioso ni envidiado. 

Solázate en tu hogar en ocio blando, 
Dedica a tu familia algunos días, 
Conságrate a tu madre cariñosa, 
A esa madre que viste trepidante 

Y en las llamas cruzar con agonías, 
Por salvar sus hijuelos afanosa 
Del incendio letal, voraz y fuerte 

Que el Bretón truculento y despiadado 

A esa Troya llevó con hierro y muerte V 4 ) 

La vida os ha salvado : 

Asegura a la suya 

Un bienestar que nunca disminuya. 

Cambia, recambia, fleta, vende, gira, 
Especula, utiliza, ahorra y guarda, 
Para que ufano, rico y fiel amante 
Te presentes un día a la que admira 
Tu virtud amorosa, y la que aguarda 



(*) Sn. Sebastián cuando lo quemaron los Ingleses. 

.. , El autor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 129 



Con pulcro afán premiar tu amor constante. 

Mi bendición recibe, caro amigo; 

Consérvame en tu gracia eternamente, 

Y aunque te digo ¡ adiós !, estás conmigo ; 

Admite cordialmente 

Mi humilde laureola, 

Adiós, Protector mío, adiós A . . . 

[829.] 

LA TORAIDA 

[DE D. FRANCISCO A. Dfi PIGÜEBOA.] 

■OSO 

Sale Febo con pompa matutina 
Y un lejano rumor al aura llena, 
Huye Morfeo, corto la cortina, 
Salto del lecho, y el tambor resuena: 
¿Será que el hado cruel por nuestra ruina 
A una lid fratricida nos condena? 
¿Será extraña invasión. . . tendremos lloros? 
¿Qué novedad, en fin?. . . Tenemos Toros! 

¡Oh incomparable Juancho, que algún día 
De las bicornes fieras fuiste asombro, 
Oye mi voz desde la tumba fría, 
Pues tus manes sumiso evoco y nombro! 
De tu arte va a cantar la Musa mía, 
Venia tú a sostener, arrima el hombro, 



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130 ^ PABNASO ORIENTAL. 



¡Alzate de la tumba, heroico Juanchd! 

Y si no puedes, te alzaré con gancho. 

¡Espectáculo grande y poderoso, 
Imán del alma varonil y fuerte! 
Mal que pese al filántropo armonioso 

Y al moralista rígido e inerte ; 
Ellos mismos tal vez con especioso 
Pretexto acudirán, y de esta suerte 
La diversión que bárbara pregonan 

A par del pueblo entero la sancionan. 

Llámanla destructora, mas yo infiero 
Que es ciega prevención, cuando imagino 
Que sin toros se muere el mundo entero, 

Y que a unos mata el agua, a otros el vino, 
Pues si vuela en las astas un torero, 

O cae redondo el toro más ladino, 

¿A que es citar de humanidad las leyes 

Si hay de sobra en el mundo hombres y bueyes? 

Mas ya es hora; y repiten los palillos 
Sobre el trémulo parche el ronco acento, 
Ya anunciando los Toros o Novillos, 
La celeste Bandera azota al viento; 
Hombres, mujeres, viejos y chiquillos, 
Con ansia acuden a tomar asiento, 

Y bajo el peso enorme, y el empuje 
El ancho andamio se blandea y cruje. 



Del lado del toril que al Este yace, 
Do alumbra Febo con sus rayos de oro, 



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EL PAKNASO ORIENTAL. 



131 



La turbamulta en gritos se deshace 
Que al respeto no ofenden, ni al decoro, 
El Juez a su demanda satisface 

Y ordena la señal... y sale el Toro; 
Baja los cuernos, enarbola el anca, 

Y todos gritan... ¡éntrale, Palanca! 

¿No has leido de aquel Toro que furioso 
De Marathón los campos desolaba; 
O el otro de Neptuno aborto odioso 
Que osó domar Alcides con su clava? 
¿Viste en la margen del Guadiana undoso 
Bramar la fiera que los cuernos lava? 
¿Vístela horrenda amenazar con ellos? 
Pues bien; mas este Toro... no es de aquéllos. 

Sale el airoso Palanca del apuro, 

Y ceja el Toro haciendo una gambeta, 

Y asalta al Lusitano que seguro 
Aguarda a que en su pipa le acometa; 
La torva frente inclina. . . al cuero duro 
Se aferra la flamígera saeta. 
¡Guárdate, Portugués, que te destripa 
Si llega el Toro a desfondar la pipa ! 

Rueda el preñado casco, y se agazapa 
El robusto gandul que tiembla dentro, 
Mas vuela el Malagueño, y tras su capa. 
El animal también dejando el centro, 
Ya la celeste chaquetilla atrapa 
Cuando vuela Palanca, y a su encuentro 
Se ve el nervudo brazo con pujanza, 
Postrar dos brutos, y doblar la lanza. 

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EL PAJBNAflO ORIENTAD 



El novel CasabáUe con braveza, 
Que de Palanca a la lección se aplica, 
Con ánimo más grande que destreza 
Derriba al Toro con la fuerte pica; 
El de chaleco negro la cabeza 
Saca, y torna corriendo a su botica, 
Mas tropieza de susto, y al rimbombo 
Para la bestia, y se estremece el biombo. 

Corre Repollo y todo lo trabuca, 
Pero acude Vellido más ligero : 

Y el mísero tacaño se acurruca 
Recelando le brinde algún Torero; 
Sale ambidextro Palma, y en la nuca 
Planta su banderilla al monstruo fiero, 

Y luego el Paraguay con voz de pito 

Le planta otra gritando... /oca, torito f 

Igual es la destreza y valentía 
De Coronita que su nombre abona, 
Pues yo por cada lance le daría, 
En lugar de un bolsillo, una corona ; 
Mas, ¿quién dirá del matador García 
El brío heroico que el clamor pregona, 
Cuando al redoble del Tambor sonoro 
Apercibe la espada y llama al Toro? 

Se acerca con denuedo, y atrevido 
Presenta ál animal la insignia roja, 
Cierra los ojos. . . y al cendal se arroja; 
El escarba la tierra. . . da un bufido, 
Vuélvese al otro lado enfurecido, 
. Y la flotante capa más le enoja, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



133 



Arremete otra vez . . . pero escondida, 
Lo atraviesa la espada, y cae sin vida! 

Aquí son el aplauso y patacones, 
Que el no arrojar dinero es un desdoro; 
Ni a su Ninfa le ha echado más doblones 
Júpiter convertido en lluvia de oro; 
Aquí es el resonar de aclamaciones . . . 
Y aquí yo acabo, pues se acaba el Toro; 
Anhelando con ansia otra corrida 
Do el disgusto y pesar el alma olvida. 

A LA POBREZA, 



GJLNGSON 

(de d. pablo delgado) 

Cristo amó la pobreza, y yo la amara 
Si como Cristo convertir pudiera 
En pan las piedras y agua dulce en vino. 
¿Y si el hambre o miseria le atacara 
Al pobrecito Dios, y no tuviera 
Para evitarla su poder divino? 
Perdiera cual yo el tino, 
Y a la feroz pobreza 
Llamaría vileza, 

De crímenes y vicios un torrente, 

De Pandora la caja y del mal fuente. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Si a la pobreza él por virtud tenía, 
De la necesidad, virtud hacía. 

Huye del pobre como de apestado 
Todo el que desconoce la indigencia: 
Niéganle el habla, míranle de reojo, 
Llámanle vago, vil, desaplicado, 
Ebrio, tahúr, y hasta con imprudencia 
Le ahuyentan y desprecian con enojo. 

Y este infausto despojo 
De congojosa vida, 

Ve que no halla acogida 

Su mísera querella, que le infaman, 

Que solo al rico por virtuoso aclaman, 

Y al pobre niega el dolo y la codicia, 
El mérito, razón, ciencia o justicia. 

Ofrece sus servicios humildoso 
Sin exceptuar ocupación ni paga; 
Mas ¡ah dolor! de ruborosa frente 
No halla quién el sudor cambie piadoso 
En pan, que evite atroz muerte que amaga 
A su consorte fiel y prole ingente. 
Con paso negligente 
A la mansión del duelo 
Ve sus imbeles párvulos y esposa, 
Se vuelve sin consuelo 
Ve el carcomido albergue ¡ negra fosa : 
Ve, sí, la desnudez, el hambre, peste . . . 
¿Y hay Purgatorio que se iguale a éste?. . . 

Cuando la vil necesidad invade 
Un pacífico hogar, ledo y honrado, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



135 



Las virtudes, por más que luchan, ceden: 
(Que de Numancia el rasgo no persuade 
Si el alma Patria no lo ha decretado) . 
A la mísera Ley todos acceden; 

Y a la virtud suceden 
La deshonra y delitos, 
Pudor y fe marchitos: 

Le flébil madre infama el lecho, dando 
Al tierno podre un socio vil e infando, 

Y la Cándida virgen, su albo seno 
Ennegrece el impúdico veneno. 

El rico es, dice Horacio, justo, hermoso. 
Virtuoso, amado , y sabio, y rey. y iodo; 

Y las cosas del Cielo y de la Tierra 
Se someten al oro poderoso. 

¿Y el pobre? — es todo del contrario modo: 
Un hado inicuo y pertinaz le aterra. 
Su indigencia le encierra 

Y yace anonadado 
Cual tímido venado 

Que le asedian la gruta canes fieros, 

Y sañudos le acechan los flecheros. 
¡Pobreza astrosa, deja que mi suerte 
lia rija el oro que da vida y muerte! 

Maldigo y abomino a la pobreza, 
Maldigo y abomino a sus causantes, 
Maldigo y abomino a quien le sabe: 

Y si hay quien (por locura o por rudeza) 
Quiera alistarse entre los mendicantes, 
Acuda a mí, que pío, tierno y suave, 
Canjearé el peso grave 



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136 EL PARNASO ORIENTAL. 



De su oro y sus negocios 

Por ini pobreza y ocios: 

Haréle un bien, que tanto a mi alma place, 

Y veré de Quevedo el Dios que hace 

De piedras pan, sin ser Dios verdadero. 

¡Oh poderoso Diosl! joh Dios Dinero! 

mío, 

(DK UN HIJO DE MONTEVIDEO.) 

' )" 1 ' 

CORO. 

¡Que vivan los progresos 
De nuestra ilustración! 
Babel en la otra orilla. . . 
Toros en el Cordón. 

Ya tenemos ¡qué gusto! 
Cual pan de cada día, 
La sal de Andalucía. 
Y el habla de Platón. 

Merced a quien supiera 
Crear desde su silla 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón. 

Celebren en buena hora 
Las Galias sus primores, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



137 



Italia sus cantores, 
Sus leyes Albión. 

Nosotros opongamos 
A tanta maravilla, 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón. 



¿Qué importa que repruebe, 
Filántropo severo 
La ciencia de Homero 
La esclava población? 

Sus quejas despreciando 
Pidamos, mientras chilla, 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón. 



¿Dónde hay cosa más grande 
Que dar a nuestro suelo 
El tauri-humano duelo 
Y un pueblo franc-masón? 

Sí, hermanos, acoremos 
Doblando la rodilla, 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón. 



Negros, manyacuntutes, 
Toreros y gitanos; 
De -esto faltaba, hermanos, 
Para honrar la Nación : 



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138 EL PABNASO ORIENTAL. 



Mas, "fiant", dice el genio, 
Y nacen sin semilla 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón. 



Venga, pues, todo bicho 
De Oriente y de Occidente, 
Lo que se quiere es gente 
Para Monsieur Pluton. 

Venga; que aquí, sin duda, 
Vendráles de perilla 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón. 



En tanto, ¡gloria al genio I 
Que unir supo, ¡ oh grandeza ! 
Del " Circo" a la fiereza 
Carcamana Sidón! 

¡Gloria! y siga ensalzando 
Aquesta tonadilla, 
Babel en la otra orilla, 
Toros en el Cordón . 



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$L PAENAfiO OBIENTAL. 



139 



EL PAN NUESTRO DE CADA DIA 
DANOSLE HOY 

[de d. francisco a. de figueroa.] 

Aunque en los tiempos de atrás, 
Juris del pan no tuvieron, 
Cinco mil hombres comieron 
Con cinco panes no más, 
Mas hoy milagros verás 
Por otro estilo siniestro, 
Pues como el mundo está diestro 
En el arte de amasar, 
Se come un hombre un millar 
De panes como el pan nuestro. 

Nos comulgan sin cesar 
Con rodajes de galletas 
Y con ruedas de carretas 
A otros suelen comulgar, 
Se ven cien barcos llegar 
Con harinas, y a fe mía, 
Que, o duerme la Economía, 
O el antiguo Argos cegó 
O el Cielo se ensordeció 
Al clamor de cada día. 

Ya que no son muy serenos 
Nuestros gustos según van, 
Tengamos siquiera pan, 
Que duelos con pan son menos; 

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EL PARNASO ORIENTAL. 



Y vos, junta de hombres buenos 
A la que mi queja doy, 
Danos buen pan por quien soy 
Que es acción justa y humana. 
Dánosle para mañana, 

Ü SÍ no, DÁNOSLE HOY. 

EPIGRAMA O 

[del mismo.] 

Queriendo Dios castigar 
A una Ciudad criminosa, 
Mandó a Lot que con su esposa, 
Saliese de aquel lugar; 

Mas a ésta le fué vedado, 
So pena de eterno enojo, 
Mirar, ni aún de rabo de ojo, 
Do ardía el pueblo incendiado. 

La dura ley respetó 
Sólo un minuto por junto, 
A los dos, miró. . . y al punto 
Allí en Sal se convirtió. 

Si cupiese suerte igual 
A toda mujer curiosa, 
No habría en el mundo cosa 
Más barata que la sal. 



(*) Imitado de uno latino. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



141 




AL 25 DE MAYO, 
ODA 

[del mismo.] 

OSO 

¡ Helo al grandioso día ! Ya su aurora 
Al Oriente ilumina; 
¡Ya a los reflejos de su luz divina 
El libre canta, y el tirano llora! 

Día de inmensa gloria, en que primero 
El Argentino fuerte 
El grito dió, y el indomable Ibero 
Oyó, azorado... ¡Libertad o muertei! 

Al Uruguay undoso 
Llegó el eco tremendo 
Y alzó la frente el río majestuoso 
Con voz de trueno el grito repitiendo; 

Y lanzando el tridente al León de España, 
Despojos de su saña 



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142 ^ PARNASO ORIENTAL. 



Quedaron por trofeo en sus arenas 
Los campeones, las armas y cadenas. 

¡ Y Oriente libre fué ! . . . Mas su alta gloria 
Quiso eclipsar el hado, 

Y sufrió con perfidia, encadenado, 
Cruel servidumbre de fatal memoria. 

¡ Ay, cuál le vi gemir! Hasta que alzando 
La diestra prepotente, 

Y a sus fieros tiranos destrozando 
Saludó al Sol de Mayo independiente. 

Atónito el Dios Marte, 
Entre himnos de alegría, 
Miró al astro lucir en su estandarte 
Que brilló con más pompa en aquel día. 

¡Día de libertad! ¡Oh excelsa Clío! 
Inflama al pecho mío, 

Y alumbre al alma tu celeste rayo 
Para cantar el Himno al Sol de Mayo. 

HIHVO B1L f*L. 

CORO. 

Cantad, Orientales, 
Con gozo y ardor, 
Las glorias de Mayo, 
El himno del Sol. 

¡Oh antorcha divina, 
Astro delicioso, 
Cuán grato y hermoso, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Luce tu arrebol! 

Ya al mundo ilumina 
Tu luz esplendente 

Y entona el Oriente 
El himno del Sol. 

CORO. 

Bellos ruiseñores 
Anuncian el alba, 

Y te hacen la salva 
Con música igual: 

Y en las tiernas flores 
Que el céfiro agita, 
El rocío imita 
Perlas de cristal. 

CORO. 

De belleza pura, 
Rosicler produces, 
Haciendo tus luces 
Cambiantes con él: 

Toda la natura 
Te rinde homenajes, 

Y rubios celajes 
Forman tu dosel. 

CORO. 

Con pompa luciente 
Te elevas, y el mundo 
Del caos profundo 
Renace con vos: 



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144 EL PARNASO ORIENTAL. 



El indio su frente 
Absorto levanta, 

Y atónito canta 
Al fúlgido Dios. 

CORO. 

Naces, y al momento 
Ante tus centellas, 
La luna y estrellas 
Pierdan su esplendor: 

Y en dulce concento, 
En trinos suaves, 
Saludan las aves 
Al astro mayor. 

CORO. 

En coro sagrado 
Las ninfas de Flora 
Festejan tu aurora 
Con danza gentil: 

Alfombran el prado 
Rosas y azucenas, 
Que tocan apenas 
Con planta sutil. 

CORO. 

El águila aspira 
Al cielo orgullosa, 

Y en lo alto pomposa 
Desdeña al mortal: 

Absorta te mira, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 145 



Ansiosa se encumbra, 

Y al fin la deslumhra 
Tu luz celestial. 

CORO. 

Del suelo Uruguayo 
El Río admirable 
Vierte inagotable 
Su rico valor. 

Así, ¡oh Sol de Mayo! 
La luz distribuyes, 

Y no disminuyes 

Tu eterno esplendor. 

CORO. 

Tfí alumbras y doras 
La excelsa montaña, 
La humilde cabaña, 
La torre imperial: 

Mas no te aminoras, 
Ni en valor decreces, 
Ni en polvo pereces 
Cual frágil mortal. 

CORO. 

Tú el oro depuras, 
Fecundas el suelo, 
Derrites el hielo 

Y dora la mies: 

Y allá en las alturas, 
Miras reluciente, 



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146 EL PARNASO ORIENTAL. 



El Cielo a tu frente, 
El mundo a tus pies. 

CORO. 

Tú alumbras los mares, 
Las leves espumas 
Do en nido de plumas 
Se mece el Alcyón-. 

Tú ves los lugares 
Do el polvo se ostenta 
De tiro opulenta 
De altiva Sidón. 

CORO. 

Tú has visto sangrientos 
Tiranos y Beyes, 
Costumbres y leyes, 
Y reinos caer: 

Has visto opulentos 
Palacios sumirse, 
Mil pueblos destruirse, 
Mil pueblos nacer. 

CORO. 

Así el mundo entero 
Es ante tus ojos, 
De inmensos despojos 
Sepulcro fatal: 

Do en polvo ligero 
Apenas se mira 
De Troya y Palmira 
Vestigio y señal. 



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EL PARNASO ORIENTAL* 147 



CORO. 

Tú en lo alto apareces, 
Triunfante dominas, 
Y el tiempo y sus ruinas 
No ofenden tu ser: 

Las aves y peces, 
El hombre y la fiera, 
Publican doquiera 
Tu inmenso poder. 

CORO. 

Del mar combatido, 
De escollos cercado 
El nauta asombrado 
En noche fatal: 

Lamenta afligido, 
Mas luego le envía 
Valor y alegría 
Tu luz matinal. 

CORO. 

Tú opaco alumbraste 
El mísero día 
Do la Patria mía 
Dobló la cerviz: 

Mas luego brillaste 
Con luz placentera 
Viendo en su bandera 
Tu emblema feliz. 

CORO. 

Sin ti todo fuera 

20 



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148 EL PARNASO ORIENTAL. 



Tinieblas profundas, 
Tú bañas e inundas 
Al orbe en tu luz: 
Brillas en la esfera, 

Y la noche umbría 
Arroja ante el día 
Su negro capuz. 

CORO. 

Al libre enajena 
Tu espléndido rayo, 

Y el día de Mayo 
Le inspiras ardor: 

Y alumbras con pena 
En lejas regiones 
A bravos campeones 
Que fueron tu honor. 

CORO. 

¡Oh! adorno esplendente, 
Corona del Cielo, 
Brillante modelo 
De autor divinal: 

Eterno el Oriente 
Se goce en tu lumbre 

Y llegue a su cumbre 
Su gloria inmortal. 

CORO. 

Cantad, Orientales, 
Con gozo y ardor, 
Las glorias de Mayo, 
El himno del Sol. 



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EL PARNASO ORIENTAL. H9 




aatasast©» 

AL SOL DE MAYO. 

(DE UN JOVEN MONTEVIDEANO.) 
COBO. 

¿íoí refulgente 
Que bríUa este día; 
Jazmines y rosas 
América envía. 

Tu nacer, ¡oh Febo! 
Lo anuncian las aves 
Con sonidos suaves, 
Del dulce cantar: 

Y despierta alegre 
El Pueblo Uruguayo, 
Desde que a tus rayps 
Divisa hoy brillar. 



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150 EL PARNASO ORIENTAL. 



COBO. 

Tu plácida aura 
Hoy mi lira admira, 
Y el alma suspira 
Envuelta en placer: 

Un día al reflejo 
De tu hermoso brillo, 
De esclavitud el grillo 
Llegóse a romper. 

CORO. 

Al Pueblo de Oriente 
¡Astro>! que hoy visitas 
A la unión invita 
Con sinceridad: 

Que los Orientales 
Siempre generosos, 
Se abracen, y en gozo, 
Reine la amistad. 

CORO. 

Que hoy todo anuncie 
Grato regocijo: 
Del Plata los hijos 
Repitan "Unión". 

Y doquier jurando 
A la Patria amores, 
Reciba loores 
La constitución. 

CORO. 

De noble concordia, 



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EL PAKNASO OBTEN TAL. 



151 



Héroes, ¡dad ejemplo! 
De Marte en el templo 
La espada colgad: 

Por siempre termine 
La horrible discordia: 
Suceda la gloria, 

Y fraternidad. 

CORO. 

Salve Veinticinco 
De Mayo grandioso, 
Día venturoso 
De la Libertad: 

Tu sol fué propicio 
Al Americano 
Que se ciñó ufano 
Laurel inmortal. 

CORO. 

El gran día de Mayo 
Las glorias cantemos 

Y heroicos juremos 
¡Libertad o Morir! 

Que aJl que se apellida 
Digno Americano 
Jamás un tirano 
Le podrá oprimir. 

CORO. 

El año diez Febo 
Extendió su lumbre, 



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152 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Y la servidumbre, 
Desapareció : 

Gloria al que en las lides 
Con noble eminencia, 
Nuestra Independencia, 
Con 6angre selló. 

CORO. 

Y si algún tirano 
Intenta orgulloso, 
Un yugo ominoso 
A América dar: 

Tiemble, que hoy los libres 
De nuevo han jurado, 
"Jamás ser esclavos". 
"Morir o triunfar". 

CORO. 

Y cuando retomes, 
Astro reluciente, 
Regad del Oriente 
La prosperidad: 

.Que hoy tus nobles hijos 
Absortos te ensalzan, 

Y sus voces alzan 
Con tierno entonar. 

CORO. 

Al Sol refulgente 
Que brilla este día; 
Jazmines y rosas 
América envía. 



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BL PAENASO ORIENTAL. 153 



DIÁLOGO 

ENTBE 

EL CORAZON Y EL ENTENDIMIENTO. 

(de la sra. da. petrona rosende.) 

INBBXTO 

Entendimiento. 

¿Quién, di, te aflige Corazón fluo?. . . 
¿Quién, di, te oprime con tiranía? 
Tú estás inquieto, y de continuo 
Vives doliente, y en agonía; 
Di, ¿qué pesares en ti yo observo? 
En otro tiempo todo gozabas; 
Siempre tranquilo, siempre contento, 
No te afligías, ni te exaltabas . . . 

Corazón. 

¿Tú no lo sabes, Entendimiento? 
¡Tú me has causado el mal impío! 
¡Tú me has labrado crudo tormento, 
Pues no evitaste el dolor mío! 
Cuando en tu esfera el poder tienes, 
Para oponerte a los caprichos 
Del Dios vendado, siendo él un niño, 
Y tú dotado de edad y juicio!. . , 

En t endimient o . 

Tu te equivocas, yo hice mi oficio, 
Firme en mi intento, conté contigo, 



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154 EL PARNASO ORIENTAL. 



Mas al instante que él puso sitio 
No soportaste su fuerza y brío; 

Y dando voces cual delirante, 
Quedé asombrado cuando exclamaste : 
¡Valor me falta! estoy rendido. 

Corazón. 

¡ No me calumnies con tus prestigios ! . . . 
¿No te avergüenzas de tu dominio? 
Tú que avanzas a lo infinito, 
¿Poder no tienes contra un chiquillo? 

Y ja mí me culpas con tus delirios, 
A mí que esclavo, sólo respiro 
Entre prisiones y estrecho asilo, 
Porque a tus leyes me has sometido? 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



155 



LETRILLA, 

(DE D. CARLOS G. VILLA DE MOROS.) 




Venga la Lira 

Y algo cantemos 
Que expresar pueda 
Con leves versos, 
Fluidos y suaves 
Que sin esfuerzo 
Expresen todos 

Mi pensamiento; 
Cual si brotasen 
De suyo, ajenos 
De compostura 
De aliño y seso. 
Nada de guerras, 
De sabios menos; 
De Amor tan sólo, 
De Amor cantemos. 
Que son las bellas 
El mi consuelo 

Y mientras sangre 
Corra en los huecos 
De mis arterias, 
Para ellas solas 
Mis sentimientos, 
Serán por siempre, 
Dulces y tiernos. 

A Baco alegre 
Las asociemos, 

21 



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EL PARNASO ORIENTAI». 



Que es de Cupido 
Buen compañero. 
Venga la copa, 
Henchida luego 
Del rubio zumo 
Del Malagueño, 

Y al empinarla 
Todos cantemos 
Un verso a Baco, 
A Amor un verso. 

Y si se enciende 
Nuestro deseo, 
Beso a la Copa, 
Sin más rodeos, 
Beso a las bellas, 
Que aquí tenemos. 

REGALO A DORINA. 

[de d. francisco a. de pigueroa.] 

Este pajarillo 
Te envío, Dorina, 
Que a ti lo destina 
Mi afecto sencillo; 
Tierno pichoncillo 
Que entona así: 

pirí pi pí 9 

pirí pi pí. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



157 



Apenas del nido 
Salió, cuando ufano 
Va a ser en tu mano 
Más favorecido. 
Y yo le he pedido 
Te cante a ti 

pirí pi pí, 

pirí pi pí y 

Arrullo y ternura 
De su madre deja, 
Que triste se queja 
De su suerte dura; 
Mas él su ventura 
Celebra así: 

pirí pi píy 

pirí pi pí. 

De su nido cuando 
Para ti tomélo, 
Acudió con celo 
La madre volando, 
Así lamentando 
En pos de mí : 

pirí pi pí 9 

pirí pi pí. 

Con él prisionera 
Se entregó al instante, 
Feliz si a su amante 
Perdido no hubiera, 
El cual (Jesde afuera 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



La llama así: 

pirí pi pt, 
piri pi pL 

Ya de pequeñito 
El canto imitaba, 

Y así modulaba 
En tono bajito 
Abriendo el piquito 
Azul turquí: 

pirí pi pí, 
pirí pi pi. 

En tu blanca mano 
Tú misma le viste 
Picar del alpiste 
El nítido grano, 

Y después ufano 
Cantarte así: 

pirí pi pí y 
pirí pi pu 

La música, atento, 
Escucha e imita, 

Y salta y se agita, 

Y en suave contento 
Responde al acento 
Por sol, re, mi; 

pirí pi pí, 
pirí pi pí. 

Ayer, que por verte, 
Déjele olvidado, 
Viérasle enojado, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



159 



Y en tono más fuerte 
Gruñir de esta suerte 

Cuando volví: 
pirí pi pí, 
pirí pi pí. 

Si triste le miro 
Recoge sus galas, 
Ni ostenta las alas 
Do brilla el zafiro, 

Y al tierno suspiro 
Responde así: 

pirí pi pí, 
pirí pi pí. 

Póntelo en el pecho, 
Verás cómo osa 
La purpúrea rosa 
Picar satisfecho, 

Y al ver mi despecho, 
Gorjear así: 

pirí pi pí, 
pirí pi pL 

Hacerte, en fin, quiero, 
Este don sencillo 
Porque a un pajarillo 

Y a mil te prefiero, 
Cante prisionero 

A par de mí: 

pirí pi pí, 
pirí pi pí y 



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160 



EL PABXASO ORIEXTAIi. 



LETRILLA. 

(DEL DR. D. CARLOS G. VILLADEMOROS. ) 

Si al Dios Omnipotente, 
Se le ocurriese luego, 
Hacerme alguna gracia, 
Conforme a mi deseo, 
Maldito si pidiera, 
Riquezas, ni soberbios 
Alcázares, ni mando, 
Ni nobleza, ni cetros, 
Ni triunfos, ni laureles, 
Ni glorias, ni talentos; 
Pero pidiera osado, 
Aunque parezca feo, 
Mil bellas a mi gusto 
Y mil amigos. ¡Bueno! 




A LA MUJER. 

(DE D. PABLO DELGADO.) 

-ta- 

Mujer eres un ángel 
Que formó Natura, 
Por quitar al hombre 
Su feroz bravura. 



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EL PAENASO ORIENTAL. 



161 



En ella tenemos 
Cuanto hay en el cielo, 
Brillantez, pureza, 
Belleza y consuelo. 

Ella es nuestra gloria 
Y eterna alegría, 
Nuestro amor perpetuo, 
Nuestra noche y día. 



A FILIS FUGITIVA, 

SONETO 



No huyas, Pilis, de mí. . . ¿a dónde, a dónde 
Mueves, ingrata, la ligera planta f 
¿No ves, mi bien, que el polvo que levanta 
Tu pie de cera encantador, me esconde? 

Vuélvete, mira, escucha: aquí es en donde 
El Jilguerillo placentero canta, 
Aquí su dulce voz, tierno levanta 
Y en competencia, su rival responde. 

¡Ah! que te estreche en mis amantes brazos 
Lleno de gozo y de ternura lleno, 
Unanse más y más los dulces lazos. 

En este prado, de fragancia ameno, 
Ven, que la miel de un beso de ti, obtenga 
Aunque en pos de él la dura muerte venga. 




(DE D. CARDOS G. VILLADEMOROS.) 



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162 



EL PA T? ÑAPO ORIENTAL. 



EL TALISMAN, 



SONETO 



(DE DAR) 



A mi dolor, a mi pesar movida, 
A mi constancia, a mi ternura ansiosa, 
A mi ferviente amor, Fili amorosa, 
Un Talismán cedió que da la vida. 

El será siempre a mi pasión la egida 
En su esperanza o su aflicción penosa : 
El hará siempre mi existencia odiosa 
Si mi ternura y mi cariño olvida . 

¡Oh! no, jamás. . . la fe jurada 
Del bien celeste que mi pecho adora 
Consecuente será, cual fué sagrada. 

El Talismán. . . su vista seductora 
Morir me hiciera de placer gozando: 
¡Dulce es morir si se muere amando! 




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EL PABNASO ORIENTAL. 



163 



LETRILLA JOCOSA, 

(DE LA 3 RA. DA. PETRONA ROSENOS.) 

oto 

Conocí y o a cierta viuda 
De cincuenta para arriba, 
Que con añejos melindres 
Pensaba hacer sus conquistas. 
Tan suave como un abrojo 
Según su fisonomía, 

Y limpia como un cendal 
De engrasadas escudillas. 
Tenían sus ojos de antaño 
Dos feas viejas por niñas, 
Ocultando cual vizcacha, 
La desgracia de ser bizca. 
Su trato brusco; y pagada 
De su descendencia antigua, 
De un padre llamado Ogaza, 
Que hoy ni Galleta sería, 
Educada entre los santos 
Con Flos-Sanetorum nutrida, 
Decía que de su alcurnia 
Pocas en el pueblo había, 
Pues toda su parentela 
Altos puestos obtenía, 
Todos rióos, todos santos, 

Y de gran sabiduría; 
Yo mil veces renegaba 
De su orgullo y tontería, 

Y otras tantas a mis solas 

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164 EL PARNASO ORIENTAL. 



De diversión me servía. 
No sabía el alfabeto, 

Y la echaba de instruida, 

Y a todas sus cosas daba 
El tono de una Sibila, 
Ni el Oráculo de Delfos 
Dijera cosas más lindas; 
Hablaba con grave pauta, 
Se miraba y revolvía 
Oyéndose los acentos 

De su voz de Jesuíta; 
Mientras sus bizcos luceros 
Andaban de abajo arriba. 
Cuando se hablaba de un hecho, 
Que no era cosa del día, 
Salía con la bobada: 
" Esa es cosa muy antigua. 
" Mi padre de Alcalde estaba 

Y entonces yo era ¡bien niña!... 
" Pero asimismo mi padre, 
" Todo me lo refería. . . 
" Y como yo era cofrada 
" De las Animas Benditas, 
" Aquel señor tan cristiano 
" Me contemplaba y quería, 
" Porque yo era un altarcito 
" De rosarios y reliquias; 
11 Cargada de escapularios 
" Que me bordaban mis primas, 
" Una Monja de San Juan, 
" Y otra de las Catalinas; 
" Me miraba como un templo 
" Donde la virtud vivía; 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



165 



" Yo ayunaba a la semana, 
" Cuando menos, cuatro días, 
" Dormía sobre cilicios 
" Y me daba disciplinas; 
u Mi confesor... ¡era un Santo! 
1 i Y cómo me conocía . . . 
" Me aplicaba a las virtudes 
44 Que no se ven en el día". 

Y ¿creerá quien esto oye, 
Que esta mujer tan vacía, 
Hipócrita y charlatana, 
Presuntuosa con manía, 
Poseyera en alto grado 

La ciencia de Anatomía f... 
Su lengua era un Escalpelo, 

Y el infeliz que caía, 

De sus músculos y huesos 

Hacía mil maravillas. 

Manejaba con tal arte 

La limadora escofina, 

Que los vivos y los muertos 

Sujetaba a la autopsia: 

Las solteras, las casadas, 

Las viudas, y hasta las niñas, 

Le presentaban materia 

Para ocuparse maligna; 

Espiaba las acciones, 

Y las palabras sencillas, 
Interpretándolo todo 
Según su gusto y malicia; 
La falacia era su lema, 

Y la traición su divisa. 
En su casa había mercado, 



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166 PARNASO ORIENTAL. 



Y grande carnicería, 
Pues sus domésticos todos 
De vendedores hacían; 
Hijos, hijas y criadas 
Las mismas mañas tenían: 
De saber la vida ajena 

Y de murmurar vivían; 
Unos gordos, otros flacos, 
Se daban a santa vida, 
Con el Rosario en la mano 

Y el Demonio más arriba. 
Así ha pasado engañando 
Con hipócritas falsías, 
Mas tanto abusó, que al fin 
Fué de todos conocida, 

Y todos ya hacen la cruz 
Cuando a la vieja divisan 
Que con añejos melindres^ 
Pensaba hacer sus conquistas. 




«it a®i®* m oadalso. 

(de d. pablo delgado.) 




Oye, preciosa; oye, encanto. 
Oye, Serafín divino, 
Oye, Diosa Amelia, cuanto 
Te adora tu Araancio fino, 



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Eli PABNAfiO ORIENTAL. 



167 



¿Ves cuánto el avaro odiado 
Idolatra su tesoro f 
Pues mira, Cielo abreviado, 
Mucho, mucho más te adoro. 

¿Ves cuánto aprecia el doliente 
La salud y cede el oro? 
Pues mira, Sol refulgente, 
Mucho, mucho más te adoro. 

¿Ves cuánto quiere el cautivo 
Verse libre del cruel moro! 
Pues mira, dulce incentivo, 
Mucho, mucho más te adoro. 

¿Ves cuánto estima a la Aurora 
De las aves e¡ gran coro? 
Pues mira, adorable Flora, 
Mucho, mucho más te adoro. 

¿Ves cuánto ama la hermosura 
Tu sexo y pulcro decoro? 
Pues mira, angélica pura, 
Mucho, mucho más te adoro. 

¿Ves cuánto a Thishe Piramo 
Adoró hasta el final lloro? 
Pues mira, tanto te amo, 
¡Tanto es lo que yo te adoro ! 




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168 



EL PARNASO ORIENTAL. 



A UNA ABEJA, 
LETRILLA 



[de da. petrona rosende] 



En un jardín frondoso 
Un día yo me hallaba, 
En su frescor fragante 
El alma se gozaba; 
Cuando vi que una abeja 
Revoloteiando andaba 
Entre las bellas flores 
Que el Jardín ostentaba; 
Observóla que ansiosa, 
De flor en flor saltaba, 
Libando el dulce néctar 
De que panales labra; 
Díjela condolida: 
¿Por qué tan afanada 
Buscas en estas flores 
La meliflua sustancia? 
Si es que labrar deseas 
La miel más delicada, 
Vuela a la opuesta orilla 
Del caudaloso Plata: 
Vuela a la margen bella 
Que el Uruguay señala, 
Y con sus ondas puras 
Rendido besa y baña. 
Allí animadas flores 




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EL PARNASO ORIENTAL. 



169 



Compiten con las gracias, 

Y de Flora y de Venus 
Las riquezas proclaman. 
En los labios de aquéllas 
Donde el amor halaga, 

Y en sus bellos colores 
Todas las flores se hallan. 
Ve y pica en esas flores, 
Que mil amantes aman, 

Y será de más precio 
La dulce miel que hagas. 



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170 



EL PARNASO ORIENTAL. 



MIS PESARES, 

LETRILLA 

(DE D. A. R.) 



Los dulces afectos 
Que siento por ti 
Me causan, Delmira, 
Pesares sin fin; 

Pesares que el alma 
Se goza en sufrir, 
Que crueles destruyen 
Mi vida infeliz. 

Si en verso armonios'' 
Mi fina terneza 
Quiere a tu belleza 
Tributo rendir; 

Trémulo mi labio 
Repite el acento, 
Del triste tormento, 
Mi vida infeliz. 

La noche renueva 
En lúgubre sueño 
Mi bien halagüeño, 
Mi eterno gemir; 

Siempre suspirando 
Delmira, me arroja, 
A mi cruel congoja, 
Mi vida infeliz. 

Tus ojos divinos, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Tu grata dulzura, 
Tu boca más pura 
Que el albo jazmín; 

Hagan mi existencia 
Dichosa y serena, 
No amarguen en pena 
Mi vida infeliz. 

Con mi afecto ingrato 
En vano porfío; 
En vano, bien mío, 
Suspiro por ti; 

Que siempre palpita 
Mi pecho agitado 
Al dueño adorado, 
Mi vida infeliz. 

Ya es tiempo que acabe 
Mi afán dolorido, 
Mi llanto afligido 
Mi inquieto vivir; 

¡Ay! cede a mi ruego 
Y harás venturosa, 
Suprema y dichosa 
Mi vida infeliz. 



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172 



EL PARNASO ORIENTAL. 



A LOS QUE HACEN 
VERSOS A CADA COSA. 

[de da. petrona rosende] 

Poetas sabios 
Los cuyo estros 
Se evaporizan 
Haciendo versos, 
Por un chillido, 
Por un bostezo, 
Por un remilgue, 
Por un tropiezo ; 
Salís al punto 
Haciendo un verso. 
Si no os enfado, 
Decidme, os ruego: 
j Cómo pudiera 
También yo hacerlos! 
Porque mi Numen 
Está tan lerdo, 
Tan perezoso 

Y tan somero, 

Que aunque lo insto 

Y aguijoneo, 

Se queda inmoble 

Y se hace el muerto, 

Y si apurada 



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Bh PARNASO ORIENTAL. 



Rompe el silencio 
Movido acaso 
De tanto ruego, 
Versos me sopla, 
¡Pero qué versos! 
Unos son cojos 
Otros son tuertos, 
Algunos mancos, 

Y muchos ciegos. 
Por lo que os pido 
(Rodilla al suelo) 
Me digáis como 
Podré hacer versos 
Tan fácilmente 
Cual lo deseo, 
Pues sabéis cuántos 
Lindos sucesos 
Presenta el mundo 
En estos tiempos, 
Que bien cantados, 
En varios metros, 
Me dieran fama, 
Honra y provecho, 
Cual a vosotros 

Os dan los vuestros; 

Y así lograra 
Tener por cierto 
Vuestro cariño 

Y honroso aprecio, 
Lauros, coronas 

Y loor eterno . 



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174 



KL PARNASO ORIENTAL. 



MI BARQUILLA, 

(DE D. CARLOS G. VILLADEMOROS. ) 




¡Pobre barquilla mía! 
¿Cómo tan destrozada? 
Roto el timón, las velas 
Todas despedazadas . . . 
Vuelve, vuelve a la costa, 
Barquilla maltratada. 

Vuelve: que de tu dueño, 
Cesen las crueles ansias, 
Al ver cuál te lastiman, 
Las olas encrespadas . . . 
Vuelve, vuelve a la costa, 
Barquilla maltratada. 

Vuelve: que ese piloto, 
Con osadía incauta, 
Te arroja fiero, en medio 
De escollos y borrascas. . . 
Vuelve, vuelve a la costa, 
Barquilla maltratada. 

No de ese mar navegues 
Las ondas enturbiadas, 
Surca de otros más claros 
Las limpias, puras aguas. . . 
¡Ayí! vuélvete a la costa, 
Barquilla maltratada. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



175 



LA OOfOBBA ¥ LOS PATOS 

FABULA, 

[de da. petrona rosende] 




Una Cotorra en su jaula 
Recitaba el Evangelio, 

Y unos Patos que la oían, 
Estirando los pescuezos 
La dijeron, muy furiosos: 

" ¡Calla, Cotorra, al momento! 
" ¡Tú no ves que eres mujer 
" Y nadie te ha de creer eso?. . . 
" Habla sólo de las cosas 
" Que son propias a tu sexo". 
La picara, a carcajadas, 
Manifestó su desprecio; 

Y habiéndolos bien pifiado, 
Les dijo en tono más serio: 

i i Esos nadie ¿serán hombres? 
66 Yo ya lo doy ipor supuesto; 
" Pues vosotros, Patos torpes, 
" Decid a esos Caballeros, 
Que lo que yo hago Cotorra 
Lo hagan como hombres ellos; 
Que tengan vergüenza y callen, 
Pues este pico parlero 
Les ha dicho mil verdades, 
Que obscurecer no pudieron. 
Que crean o que no crean, 



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176 



EL PARNASO ORIENTAL. 



A mí no se ine da un bledo, 
Cuando metida en mi jaula, 
Como, y digo lo que quiero. 

Lo que dijo la Cotorra, 

Le viene a muchos mostrencos. 



ME SUO LO N GAS PENEUNTE NOCTBS, 
LIDIA DORMIS. 

Hor: od. 25. lib. 1/ 

(DE D. PABLO DELGADO.) 




¿Por qué turbar la calma, 
Caros amigos míos, 
Eobando la delicia 
De un corazón tranquilo? 
¿Por qué ahuyentar el goce 

Y el sueño a un desvalido? 
¿Queréis que exclame ardiente y lastimero, 
¡Duermes, mi Lydia!, en tanto que yo muero? 

¿Por qué, rapaz tirano, 
Hiere tu arpón impío, 
Un pecho al que no es dado 
Verse correspondido? 
¿No ves que soy humano 

Y es mi objeto divino? 

¿O quieres que sin cesar, clame sincero, 
¡Duermes, mi Lydia!, en tanto que yo muero? 



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BL PARNASO ORIENTAL. 177 



¿Por que funestos ¡hados 

No me sois tan propicios 

Que (Je mi Diosa Lydia 

Pudiera yo ser digno? 

¿Por qué fortuna adversa 

No me das grato asilo? 
Cual pobre clamaré a la que venero, 
¡ Tú duermes, Lydia, en tanto que yo muero ! 

¿Por qué corusco Febo 

Detienes hoy tu giro? 

Ven y dile a mi estrella 

Que me ciega su brillo: 

Dejadme, ingratos todos, 1 

Lydia, Dioses y amigos; 
Muriendo lanzaré el grito postrero: 
¡ Tú duermes, Lydia, en tanto que yo muero ! 



A JULIA, 

LETRILLA, 

[DE DA- PETRONA ROSENDE] 

Pídesme Julia te diga, 
Cuál tomarás por Marido, 
De los tres que a serlo aspiran 
Obsequiosos y rendidos; 



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178 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Yo me presto complaciente 
Confiando en tu discreción, 

Y que en cuanto te prevenga 
Fijarás bien tu atención: 
Empezaré por D. Grocio: 
Tu ves cuánto se atavía, 
Cuánto afecta en sus modales 
El tener sabiduría. 

Cuando se sienta, aplicando 

A los labios la varita 

Que lleva porque es la moda 

Y da tono en la visita: 

El se extiende como muerto, 
Al espaldar de la silla, 
Cuidando no se le arrugue 
El frente de la camisa; 
Digo el frente, porque el fondo 
No sabemos si es per istam: 
Ves que no habla una palabra, 
Que sólo a los otros mira, 
Desconfiado y malicioso 
¡Muestra a veces la sonrisa : 
Si le piden su dictamen 
Sobre lo que se conversa, 
Mueve los pies con estudio 

Y aprueba con la cabeza; 

Y cuando mucho le apuran, 
Monosílabos contesta : 

¡Oh!... Sí... ¡no!... ¿qué? ¡ah!... ya, ya. 
Así dicen... ¡Cosa cierta! 
Se mira y vuelve a mirarse 
La malhadada pechera, 
Que por retablo de un santo 



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EL PARNASO ORIENTAL* 179 



Una beata la tuviera, 
Según cuelgan las reliquias 
De botones y cadenas: 
El peinado a la bombé 
Le entretiene y embelesa; 
Se lo revuelve y escarba 
Echándolo hacia a la oreja: 

Y con gran destreza y tino 
Al cuello dos dedos lleva; 
Se para, se estira el Fraque, 
Compone las Faltriqueras, 
Toma el sombrero con arte, 

Y se coloca en primera; 
Ladea con mil donaires 
El pescuezo a la derecha, 
Te dirige una mirada 

Que más que urbana se muestra 

Y entre cien genuflexiones 

Va en traspiés hasta la puerta; 

Dejando a todos pasmados 

De su discreta elocuencia... 

¿Qué dices, Julia? ¿este es hombre?. . . 

¿Podrá tan hueca cabeza 

Hacer tu dicha futura 

Y fomentar tu belleza?. . . 
Este haría tu desgracia 

Y la de tu casa entera . . . 
Pasemos a D. Braulisio: 
Este toca en otra tecla . . . 
Descuidado en su vestido 
A fuer de pura pobreza, 
Pues nunca le verás blanca 
Ni cosa que lo parezca: 

24 



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180 El» PARNASO ORIENTA!*. 



Mas presume de pudiente 

Y hereditaria nobleza: 

De instruido, ¡no se diga)! 
Estudioso, ¡en gran manera! 
Se levanta con Horacio, 

Y con Homero se acuesta, 
Almuerza con Cicerón, 

Y con Sócrates merienda; 
La historia de las Naciones 
Antiguas como modernas, 
Conoce a no equivocarse 
En la cosa más pequeña; 
Nombra autores, que es fastidio, 
A los que ha leido por fuera, 
Cuyos títulos ha visto 

Acaso en la Biblioteca; 

Y que (Je puro pedante 
Conserva en una cartera : 
Mas con esto él especula, 
Pues las personas sinceras 
Que ignoran su pillería, 
Le proporcionan sus mesas 
A trueque de que les diga 
Tantas ¡Divinas lindezas! 
Los que saben a qué grado 
Sus pretensiones eleva, 

Le hacen quites como al torc 
En la plaza el que torea; 
No te alucines, mi Julia, 
Con petimetres que ostentan. 
Ni dejes que te seduzcan 
Los que saber aparentan . . . 
Tú desdeñas de D. Plinio 



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EL PARNASO ORIENTAL. 181 



La solidez y fineza 
Porque tiene treinta años 
Y no viste a la moderna. . . 
¡Ese es el que te conviene!. . . 
Pues a su mucha prudencia, 
Agrega los muchos medios 
Con que cuenta su decencia ; 
El por su juicio y cordura 
Garantías te presenta, 
Que tu existir aseguran 
Sin disgustos ni querellas. 

Satisfecho ya queda 
Tu deseo, mi Julia, 
Elige en los retratos 
La más bella pintura . 

OTRA. 

(DE D. A. R.) 

A LA MEMORIA DE F1L1 

La grata memoria 
De tu imagen bella, 
No quiere mi estrella 
Que pueda olvidar: 

¿Olvidar tu encanto 
Cómo, cruel, pudiera, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Si morir quisiera 
Pudiéndote amar? 

Sin ti, Fili amada, 
¿Qué vale la vida? 
¿Qué importa si unida 
Te miro a un rival! 

¿Qué importa 4 siempre 
Respiro gimiendo, 
Si siemipre sufriendo 
Me ves sin piedad? 

Ven, grata memoria, 
Mis penas mitiga, 
Mi eterna fatiga 
Harás aplacar: 

¡Qué! ¿Siempre me niegas 
Ingrata, un consuelo? 
¿Y siempre es mi duelo 
Saberte adorar! 

Cuando el Sol hermoso 
Sus luces derrama 
De nuevo se inflama 
Mi amarga pasión: 

Al ponerse siento 
Mi pecho oprimido, 
Se siente movido 
De dulce aflicción. 

Mi labio besando 
Tu ipecho divino, 
Respeta el destino 
Que el cielo le dio. 

Mas, ¡ay! que un encanto 
Aún más me enardece, 
Mi afecto más crece, 



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EL P\HNASO ORIENTAL. 



Más crece mi amor. 

Ven, dulce recuerdo, 
Memoria querida, 
No aprecio la vida 
Cuando sé amar: 

¿No sientes mi pecho 
De amor abrasado? 
¡Ay! Fili, angustiado 
Se ve palpitar. 

vS±^£3hd 

OTRA. 

(DEL DR. D. CARLOS G. VILLADBMOROS. ) 

Si tan sensible, cual linda 
Eres, joven adorada, 
¡ Oh ! mil veces fortunada 
La hora en que te conocí: 
Si cual tus hermosos ojos 
Lánguidos y seductores, 
En que reinan los amores 
Es benigna tu alma así : 
Si cual tu boca divina, 
Donde moran las delicias 
Saben tus dulces caricias 
Seducir el corazón: 
Si cual ese hermoso cuello 
Por mano del amor hecho, 
Si cual el gracioso pecho, 



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EL PARNASO ORIENTAL* 



Es formado el interior, 
Si como rindes amantes, 
Con tu gracia y hermosura 
Sabes pagar con ternura 
A sus desvelos y ardor: 
¡ Oh ! mil veces fortunada 
La hora en que te conocí, 
Mil veces la en que nací, 
La que me inspiró el amor. 



A FLORA. 

[del mismo.] 



Me pides, Flora mía, 
Me ¡pides, Amor tierno, 

Y a llenar, decidido 

Me encuentro, tus deseos. 
Mas ven acá un instante 

Y entre los dos salvemos 
Ciertas dificultades 
Que sirven de tropiezo. 
¿Ves por entre esas cejas, 
Aquellos dos ojuelos? 
Pues mira, Flora mía, 
Me tienen medio muerto. 
Mientras ellos existan 

Se llevan mis afectos; 
Trata, pues, de arrancarlos, 



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EL PABNASO ORIENTAL. 



185 



Para lograr tu objeto. 
Mas oye, no te canses, 

Y en cuanto lo hayas hecho 
Ataca la pulida, 

Boquita que estás viendo, 
Aja el precioso rostro 
Desciende al casto pecho 

Y los dulces contornos, 
Sean de tu ira objeto. 
Aún las ocultas gracias 
Donde el placer supremo 
Depositó el Augusto 
Autor del Universo, 

Las gracias, ¡ay mi Floral! 
Que recordar no puedo, 
Sin que mis venas lleven 
En vez de sangre, fuego. 
Todo, todo lo abarque 
El tu furor inmenso, 
Destrózalo y acaba 
Ni dejes rastro de ello; 

Y después no te falta, 
Para dar complemento, 
Sino arrancar, si puedes, 
Su imagen de mi pecho . 




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186 



EL PARNASO ORIENTAL. 



EL PICAFLOR DE DORINA 

LETRILLA 

(DE D. FRANCI8CO A. DE FIGUEROA.) 



La sensible Dorina 
El amable prodigio 
De candor y belleza, 
De bondad y cariño: 
Dorina en cuyos ojos 
Modestos y adormidos, 
Sus incurables flechas 
Suele templar Cupido: 
Aquella a quien adornan 
Inmensos atractivos, 
Que ella sola no advierte 
Y que todos sentimos: 
Tiene para recreo 
Un picaflor querido 
A quien solo dispensa 
Sus halagos divinos ; 
Y al que cuando palpita 
Su corazón novicio, 
El Dios vendado dice : 
Pajarito mío, 
Hazle pío pío, 
Hazle por mi amor, 
O pícala en el labio, 
Si eres picaflor. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 187 



La avecilla a su boca 
Llegando el largo pico, 
Piensa ser efe una rosa 
El botón dividido: 
Y el preparado almíbar 
Entre corales finos 
Dulcemente recibe 
Con trémulos deliquios. 
Jamás néctar más grato 
En un vaso más rico 
El rubio Ganimedes 
Sirvió a Jove en Olimpo: 
Ni más dichoso fuera 

Cuando a su dueño esquivo 
Gozó aquel Dios astuto 
En cisne convertido. 
Amor le ve, y ansioso 
Llegándose a su oído, 
Le repite en secreto: 
Pajarito mío, 
Hazle pío pío, 
Hazle por mi amor, 
O pícala en el labio, 
Si eres picaflor. 

Excitado, o amante, 

Tal vez, en el piquillo, 

Más dulce almíbar goza 

De los labios prendido: 
Mientras que blandamente, 

Con inocente mimo, 

Cinco jazmines peinan 

Su verde copetillo: 

25 



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Igg EL PARNASO ORIENTAL, 



¡Oh! cuán gozoso entonces, 
Ensayando un volido 
Las alitas sacude, 
Donde ostentan su brillo, 

En feliz maridaje 
En esmalte pulido 
Con cambiantes reflejos, 
Topacios y jacintos : 

Y yo al ver su fortuna 
Con el alma le digo, 
Esta vez por mi cuenta : 

Pajarito mío, 
Hazle pío pío, 
Hazle por mi amor, 
O pícala en el labio 
Si eres picaflor. 

Luego en el seno esconde 
Al feliz pajarillo 
Que entre dos azucenas 
Se revuelve festivo: 

Y al punto pesarosos 
Mil tiernos Cupidillos 
Vuelan, y le abandonan 
El venturoso nido. 

Mas ¡ay! que se adormece, 
Inocente cautivo, 
¡Oh! quién gozar pudiera, 
Tus ricos desperdicios. 

Si mi alma te animara, 
Te vieran allí mismo 
Tal vez desfalleciente 
Pero nunca dormido. 



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m» PARNASO ORIENTAL. 189 



Despierta ... y no malogres 
Los tesoros que envidio, 
Despierta; y amoroso, 

Pajarito mío, 

Hazle pío pío, 

Hazle por mi amor, 

Y pica donde puedas. 

Si eres picaflor. 




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190 



EL PARNASO ORIENTAL. 



ENDECHAS. 

[de D. P. D.] 

Lozanos y unidos 
Cual olmo y la hiedra 
Solaces se holgaban 
Amancio y Amelia. 
La envidia o Nemesis 
Con su mano negra, 
Despedazó injusta 
Tan dulce cadena. 
Lúgubres clamores 
Dan en cruda ausencia, 
Ella clama ¡Amancio! 
Clama Amancio ¡Amelia! 
El respira duelo 

Y angustias acerbas, 

Y a su Amelia infausta 
Le dice en Endechas: 

"De ese Argento Eío 
Deja la ribera, 

Y al Río Januario 
Vuela, Deidad tierna. 

Verás aquella alma 
Tan jocunda y leda, 
Transformada en sombra 
Tenebrosa y fea. 

Verás a tu Amancio 
Que en su cuita extrema, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 191 



Favor pío no halla 
Ni en Cielo ni Tierra. 

El es frágil nave 
Que tú la gobiernas; 
Si el timón no riges 
i Qué hará en la tormenta! 

Si perdió tus gracias 

Y tu gloria excelsa, 
Si perdió tu Cielo, 

i Qué extraño es que muera? 

Cual tórtola viuda 
Solloza tu Amelia, 
Porque ausencia y muerte 
Es símil querella. 

Desde que a tu Amancio 
No estrechas ni besas, 
Cual lirio sin riego 
Se marchita y seca. 

Hórrido destino 
Su pecho atraviesa, 
Como al fugaz Ciervo 
Traspasa la flecha. 

Sus ojos cerúleos 
De amor muda lengua, 
Son copiosos cauces 
De lágrimas tiernas. 

El llanto, la angustia, 
El duelo y la pena, 
Le acosan, circuyen, 

Y su pecho hielan. 
Lámpara expirante 

Que sepulcros vela, 
Representa su alma, 



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192 EL PARNASO ORIENTAL. 



Umbría y funérea. 

Sus lánguidos ojos, 
Expirando eleva; 
Piedad pide al Cielo 

Y piedad le niega. 
Ya llega a su ocaso 

La mortal contienda ; 
Ven, Amelia, acude 
A su hora postrera. 

La lágrima ardiente, 
Que hoy tu carmín riega, 
Ven, vuela a enterrarla 
En su boca yerta". 

Esto dijo Amancio, 

Y selló su lengua 
Un fúnebre acento 
Diciendo: Adiós, Bella. 
Fué firme, fiel, fino, 

Y amante de veras; 
De ausencia espantosa 
Fué víctima horrenda. 
Amantes, si alguno 
Hallare otra Amelia, 
Imite a su Amancio 
Si llega a perderla. 



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EL PARNASO OfilENTAL. 193 



SATIRA, 



[de da. petrona rosende] 



Vi a cierta Dama 
En un estrado, 
Muy adornada 
En su tocado; 
Fijéme en ella 
Para observarla 
Si igual adorno 
Llegaba al alma; 
Mas el instante 
Que yo deseaba 
Llegó propicio 
Cual lo esperaba; 
Creíla joven 
Por sus estilos, 
Risas y chistes, 
Saltos y brincos: 
Brazos, cabeza, 
Y el abanico, 
En su contorno 
Formaban circo; 
Cada palabra 
Era un chillido, 
Era un volteo 
Jaleo y ruido. 
Trabóse al punto 
Una pendencia 
Sobre las modas 




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194 EL PARNASO ORIENTAL. 



De preferencia; 

Y mi heroína 
Mostró tal pulso 
Que dejó bobo 

A aquel concurso; 
De los calados, 
De las peinetas, 
Sus nombres, tiempos, 
Círculos, vueltas, 
Dio una noticia 
Algo cansada, 
Sobre su gusto, 
Si unos sesenta, 
(Que fuera nada, 
Que ya contaba 
No se opusieran 
A tal niñada:) 
Sobre esclavinas, 
Trajes de gasas, 
Peinados, rizos, 

Y mil monadas, 
Fueron exactas 

Y tan completas 
Sus narraciones, 
Que pensar hizo, 
Que las naciones 
Le remitían 
Las variaciones 
De sus vestidos, 

Y aún sus lecciones. 

¡ Oh ! ¡ qué demencia ! . . . 
Pasmoso empeño 
A los sesenta, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



195 



Que me ofuscaba, 
No verse el ceño; 
Tener posturas 
De una Coqueta, 
Cuando mil surcos 
El rostro muestra. 
Corrióse el velo, 
La vi cual era 
De atolondrada: 
Y escribir quise 
Para modelo 
Esta anécdota 
Que viene a pelo. 




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196 EL PARNASO ORIENTAL. 



A UN OMBÚ CORTADO. 

B8GXXJL8, 

GLOSANDO LA CUARTETA QUE DA PRINCIPIO CON 
EL VERSO "APRENDED FLORES DE MÍ" 

(DE D. FRANCISCO A. DE FIGUEROA.) 

oso 

Fuerte y frondoso me vi, 
Arbol fui de gran recreo, 
Ya inerte tronco me veo, 
Aprended flores de mí; 
Mi sombra y asilo di, 
Ya sombra ni asilo doy, 
Ejemplo perenne soy. 
De la fortuna inconstante 
Donde aprendas, caminante, 
Lo que va de ayer a hoy. 

Toma lecciones aquí, 
Que en mi soberbia locura 
Para cáer de más altura 
Ayer maravilla fui. 
Aprende tu ruina en mí, 
Pues estarás cual estoy, 
No te envanezcas si hoy 
El mundo, grande te nombra, 
Que ayer fué grande mi sombra 
Y hoy sombra de ayer no soy. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



197 



CANCIÓN O 

IMPROVISADA, EN CELEBRIDAD DE LA COLOCACION DE 
LAS ESTATUAS DE MARMOL QUE ADORNAN EL FRON- 
TIS DEL HERMOSO EDIFICIO DEL HOSPITAL DE CARI- 
DAD DE MONTEVIDEO. 

OPC- 

CORO. 

Bebamos, bebamos 
En dulce amistad, 
Dando al mundo ejemplo 
De Fraternidad. 

Hermanos amados, 
Caros compañeros, 
De vuestros esmeros 
El fruto gozad. 

Cesen los cuidados 
Este fausto día 
Todo sea alegría, 
Todo amenidad. 

Bebamos, &. 

Si el genio guerrero 
A Marte entregado 
Busca denodado 
Gloria en mortandad; 

(*) De incierto Autor. ; 



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198 EL PARNASO ORIENTAL. 



Nosotros sensibles, 
Busquémosla fíeles, 
No en actos crueles, 
Sino de bondad. 

Bebamos, &. 

Dejemos que rabie 
La envidia villana 
Que insidiosa afana 
Nuestra odiosidad: 

Dejémosla, amigos, 

Y a la par que crezca, 
Brille y resplandezca 
Nuestra asiduidad. 

Bebemos, &. 

¿Hay placer más puro 
Que el que disfrutamos, 
Cuando culto damos 
A la Humanidad? 

No, seguramente: 
Pues bien, despreciemos 
De seres blasfemos 
La mordacidad . 

Bebamos, &. 

! Sean nuestros pobres 

Y expósitos tiernos 
Objetos eternos 

De nuestra piedad; 
; Y siguiendo firmes 



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EL PARNASO ORIENTAL. 199 



De un MIGUEL las huellas, 
Amemos en ellas 
Su celebridad. 

Bebamos, &. 

Hoy que nuestros ojos 
Miran complacidos 
Signos erigidos 
Qu honran la Hermandad; 

El triunfo cantemos, 
Que eludir no puede, 
Por mucho que enrede 
La perversidad. 

Bebamos, &. 

Allá do se elevan 
Del cincel primores, 
Tendrá acusadores 
La rivalidad; 

Que esas tres Estatuas, 
Aunque mudamente, 
Dicen claramente 
Nuestra integridad. 

Bebamos, &. 

En fin concluyamos 
Con un juramento, 
Propio del momento 
Y festividad; 

Y eS, QUE HASTA LA TuMBA 
NO HABRÁ DESISTENCIA 



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200 EL PARNASO ORIENTAL. 



en nuestra vehemencia 
Por la Caridad. 

coro. 

Bebamos, bebamos 
En dulce amistad, 
Dando al mundo ejemplo 
De Fraternidad. 



A LA JOVEN D. 8 CAROLINA 

CACERES Y BIANQUI. 

[de da. petrona rosende] 

Jamás rindo homenajes 
De inmerecido incienso 
Porque odio adulaciones 

Y lisonjas detesto; 
Mas sí, de la Justicia 
Frecuento el Sacro Templo: 

Y en sus aras postrada 
Elogiaré el talento, 

La virtud, la obediencia, 
La aplicación y esmero, 
Que de mi alumna forman 
El más raro embeleso: 
Su pecho la morada 
Será del tierno afecto, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



201 



Y las virtudes todas 
Tendrán en él asiento; 
Gócense, ¡oh Carolina! 
En ti, tus padres tiernos, 

Y yo también me goce 
En sus transportes bellos. 

í ftti rj*i«| i 

EPIGRAMA (*) 

(de d. francisco a. de piqueroa.) 

Cuando el Romano elocuente 
Contra Verres peroraba 
Y enérgico denunciaba 
Su manejo delincuente; 
Exclamó el reo impaciente: 
¿Por qué ladras, Cicerón? 
¿Por qué? (respondió el Varón) 
Pregunta a los perros antes, 
Por qué ladran, vigilantes, 
A la vista de un ladrón. 



(*) Imitado de uno Latino. 



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202 BL PARNASO ORIENTAL. 



DECIMA IMPROVISADA EN EL 

CEMENTERIO DE MONTEVIDEO. 
[DEL MISMO] 

Tú que ciego en el placer 
Cierras del alma los ojos, 
Contempla en estos despojos 
Lo que eres, lo que has de ser'! 
Ven a este sitio a aprender 
Del hombre la duración, 
Que en esta triste mansión 
De desengaño y consejo, 
Cada Sepulcro es espejo,* 
Cada epitafio, lección. 

t hmt Ai iim4 I 

EL ALFILER. 

[de la sra. da. petrona rosende.] 

Soy pequeñito, 
Yo nada puedo, 
Mas soy querido 
Del bello sexo: 
Si yo no fuera, 
Sus atavíos 
Se vieran todos 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



En desaliño; 
El pecho hermoso, 
Por mí al abrigo 
De las miradas 
Queda, y del frío; 
En la cintura 
Soy muy preciso, 
Sin mí, dobleces 
Tuviera el cinto; 
Sin mí el adorno, 
De su atractivo, 
Desnudo fuera 

Y sin hechizo; 
Ello es muy cierto, 
Que ciertas gentes, 
Contra mis fueros 
Son maldicientes; 
Los improperios 
De los danzantes 
Suelen a veces 

Ser insultantes, 
Mas si se acercan 
Do yo me planto, 
Los punzo en premio 

Y quedo intacto. 




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204 EL PARNASO ORIENTAL. 



EL ANILLO. 

[de la misma sra.] 

Adorno propio 
Soy de las damas, 
Mas en los hombres 
Pierdo mis gracias. 
Brillo en las manos 
De las hermosas, 

Y más el día 
Que son esposas; 
Me dan en prueba 
De la fe pura 

De la presente, 

Y la futura. 

En el que es docto 
Algo supongo, 
Pues significo 
Lo que yo ignoro. 




LA AGUJA. 

[por la misma sra.] 



Soy tan precisa 
Que sin mi ayuda 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



205 



La humana estirpe 
Fuera desnuda 
O 'bien envuelta 
Como la oruga, 
O con manteos 
Como los Curas; 
¿De qué valiera 
La tela fina, 
El rico paño, 
Ni la olandina?. . . 
Seda y brocatos 
Todo sería 
Cosa excusada 
Para la vida: 
Por mí las damas 
Son peregrinas ; 
Lucen sus talles 

Y formas lindas: 
Por mí sus trajes, 
Sus esclavinas, 
Toman mil veces 
Gracias distintas; 
Por mí, sentadas 
Con la almohadilla 
Son más graciosas 
Que veinte ninfas; 
Yo hago en sus manos 
Mil maravillas; 
Conmigo adquieren, 
Conmigo brillan, 

Y por mí alcanzan 
Muchas su dicha. 



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206 EL PARNASO ORIENTAL. 



LA MOZA Y Süf BMUIUMS. 

(DE a FRANCISCO A* DE FIGUEROA.) 

AVISO. 

El infeliz Lindoro, 
En su aflicción y duelo 
Me pide que este anuncio 
Publique, y al efecto, 
Al editor suplico 
Del periódico nuevo, 
Lo dé a luz por que corra 
Por todo el Universo. 
Se anuncia, pues, a todos 
Los grandes y pequeños, 
De una alhaja perdida 
El hallazgo y el premio. 
Se avisa que a Lindoro 
Amante fino y tierno, 
Se le huyó de su casa 
El adorado objeto; 
Joven que le tenía 
Tan hechizado y ciego 
Que aún de sus cataratas 
Está convaleciendo. 
Con la fuga ha quedado 
Atónito y sin seso, 
Y lo que es, sobre todo, 
A obscuras y sin medio, 
Pues (por memoria suya, 



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EL PARNASO OBIENTAL. 207 



Con amoroso extremo, 
Como otras el retrato 
Llevóle ésta el talego. 

Y por que los buscones 

La encuentren al momento, 
Ved de la fugitiva 
La pintura y diseño. 
Tiene de edad veinte años, 

Y de experiencia, ciento. 
El cabello castaño, 

Alto y airoso el cuerpo. 
Las cejas son dos arcos, 
Dos flechas los ojuelos, 
Para mirar, dormidos, 
Para lograr, despiertos. 
Es parecida a Roma, 
En la nariz al menos, 

Y en varios cardenales 
Sin mitra y con capelo. 
Los dientes son de perlas 
Brillantes y pequeños 
Que al 'breve labio asoman 
Entre corales bellos: 

La tez blanca y pulida, 
Erguido el alto cuello, 
Salientes las mejillas 

Y en la barba un oyuelo. 
Una pera figura 

Un lunar en su pecho, 
Bien que su fama abunda 
De lunares y peros. 
Bordado chai le adorna 

Y ahuchados tremendos, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Y en forma de tiara 
Peinetón de tres cuerpos. 
La acompaña una tía 
Vieja, de tai aspecto, 
Que al mismo matatías 
Pudiera poner miedo. 

En su cara pechera 
De pliegues y pellejos, 
Macedonia de arrugas 
Mosaico de remiendos. 
-Se advierte que la moza 
Le dejó por recuerdo 
De deudas y de trampas 
Un catálogo inmenso. 
Desde entonces acuden 
La modista, el tendero 

Y todos los artistas 
Que terminan en ero. 
Persiguen a Lindoro 
Como fiador, y pienso 
Que un recuerdo tan caro 
No olvidará muy presto. 
Así, el que la encontrare 
Tal y cual tomó el vuelo, 
Ocurra a esta imprenta, 
A la oficina luego. 

Que el talego entregando, 
Esto es, con lo de adentro, 
Se le dará de hallazgo 
La moza y sus recuerdos. 



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BL PARNASO ORIENTAL. 



209 



A LA ENVIDIA. 

[de la sra. da. petrona rosen de.] 

OttO 

Esa que viste de mirar airado 
Con torvo ceño y el color cetrino, 
Siempre en el rostro el pesar pintado, 
Andar tardido, y ademanes lapsos, 
Esa es la envidia; cuyo brazo osado 
Armado siempre de furor, e insano 
Descarga el golpe en lo más sagrado ; 
Honor, riquezas, saber y aplausos, 
Son los objetos de más agrado 
A sus deseos emponzoñados . . . 
Esa ave negra, vuela a los altos 
De do desciende haciendo estragos; 
Pero a sí propia se despedaza, 
Su sangre vierte doquier que pasa. 

A VISO. 

(D. FRANCISCO A. DE FIGUEROA. ) 

(Universal N.° 832.) 




Quejábase llorosa 
La sensible Dorina, 
Y en nada halla consuelo 



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210 EL PARNASO ORIENTAL. 



A] dolor que la agita; 
Quejábase, y a todos 
Inquiere y solicita, 

Y a su perrita llora 
O robada o perdida. 

Aquellos ojos bellos 
Donde el amor se anida, 
Para herir con ventaja 
Al que incauto los mira : 
Ya triste y agitados 
Opacamente brillan, 
Mostrando de su pena 
La imagen expresiva. 

Los labios que a la rosa 
Los colores imitan, 
Por donde entre corales 
Las perlas se divisan: 
Los labios, que teniendo 
Tantas almas cautivas, 
Con un no dan la muerte, 
Con un si la vida; 
Ya trémulos exhalan, 
No la amable sonrisa, 
Sino los tiernos ayes 
Que su pecho suspira; 
Su pecho de diamante, 
Donde el amor afina 
Las flechas, por que hagan 
Incurables heridas. 

También siente la pena 

Y agitando palpita, 

Cual tierna flor que el cierzo 
Del vástago derriba. 



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EL PAKNASO OBIENTAL. 211 



Ligeros Cupidillos 

En torno de ella giran; 

Mariposas amantes 

Que el dulce aroma liban. 

De Citeréa el hijo 
Satisfecho la mira, 

Y a su víctima bella 
Engañado acaricia. 
Ya del triunfo ilusorio 
La proeza publica, 
Clamando ... ¡ la he vencido ! . . . 

Mas, entonces, Dorina, 
Volviendo del deliquio 
Que la embarga y atrista, 
Le dice: "rapazuelo 
De condición maligna; 
Ni tu imperio ocasiona, 
Ni tu ciencia adivina 
El motivo que causa 
La amarga pena mía. 
Dime, vendado niño, 

Y así Jove permita, 
Que de Psyches goces 
Las celestes caricias: 
Dime, si acaso sabes, 
Que mano cruel, impía, 
Robó de mis halagos 
A mi dulce perrita. 
¡Ay! no sabe el tirano 
De cuánto bien me priva, 

Y el tesoro del alma 
Que con ella me quita. 
Cleopatra es su nombre 

28 



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2i'J 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Y bien pudo la egipcia 
Más soberbia ostentarse, 
Pero nunca más fina. 
Su delicado cuerpo 
Suave vellón cubría, 
Que en Cándidos anillos 
Los céfiros agitan 

En torno al albo cuello 
(Para señal te sirva), 
Es su joyante seda 
Menos larga y pulida. 

Y sus pequeños ojos 
Cual negras estrellitas, 
Entre copos de nieve 
Le bailan y le brillan. 
¡Ah! cuán fina doquiera 
A mi encuentro salía 
Removiendo la cola 
Juguetona y festiva. 

Y al mirarme enojada, 
Con expresión sumisa, 
Arrastrándose humilde 
Desarmaba mis iras. 
A veces oficiosa 

Al verme pensativa, 
Agitada expresaba 
Su curiosa fatiga: 
O fijándome inmóvil 
Atenta e indecisa, 
Leer mis pensamientos 
En mis ojos quería. 
Tan fiel como celosa, 
Si acaso alguna amiga 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



213 



Me tomaba la mano 
O el cuello me ceñía ; 
Con sonoros ladridos 
A su rival gruñía, 
Como quien reclamaba 
Sus derechos, o altiva 
Atacando al zapato 
Más resuelta, me hacía 
Con el ebúrneo diente 
Agradables cosquillas. 

Estas son, ¡oh Cupido!, 
Las señas distintivas 
Con que debes buscarme 
A mi fiel falderita. 
Si la encuentras, protesto 
A tu imperio rendida, 
Que mi pecho a tu aljaba 
No más fiero resista : 

Y llevar en ofrenda 
A tus aras propicio 

Más blancas que mi mano 
Dos tiernas palomitas". 

Mas Cupido, que atento 
La contempla y suspira; 
Arrojando a sus plantas 
El carcaj y la vira, 
Balbuciendo le dice 
Con expresión divina: 
Tu pecho y tus palomas 
Conserva, amable niña. 

Yo buscaré con ansia, 

Y encontraré, a fe mía, 
A ese objeto dichoso 



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214 EL PARNASO ORIENTAL. 



De tu amor y ini envidia. 

Darételo adornado 

De flores y de cintas, 

Mas oye. . . que has de darme 

Un beso por albricias. 




EL ARRIBO A MI PATRIA, 
iOVBf 0 

[de la su a. da. petrona rosende.] 

Salve, ¡ oh Patria adorada !, felizmente 
Llego a besar tus plácidas arenas 
Y miro con delicia en tus almenas 
Flamear el pabellón independiente. 

Bajo el yugo de un déspota insolente 
Te dejé con dolor entre cadenas 
Que supiste romper, y ya sin penas 
Ostentas con honor la augusta frente. 

Vive feliz, ¡ oh Patria !, y que la historia 
Enseñe con letras de oro al orbe entero 
Tus grandes hechos, tu inmortal memoria . 

Mientras que con sumiso rendimiento 
Tributan un recuerdo a tu alta gloria 
Mi humilde lira y femenil acento. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 215 



LA METRO-MANÍA. 




Tocando la lira Orfeo 

Y cantando Jeremías, 
Baüaban unas folias 
Los hijos del Cebedeo, 
En esto el Dios Himeneo 
Viendo a la casta Susana 
Que asomada a una ventana 
Se rascaba la mollera, 
Eooclamó: ¡oh, quién te viera 
Gran Duquesa de Toscana! 

GLOSA HECHA EN MONTEVIDEO 

POR 

[por d. francisco a. de figueroa] 

La Tribu de Neptalí 

En pos de los Argonautas 
Salió un día al son de. flautas 
Declinando el quis velquí, 

Y estando en el Potosí 
Neuton parando rodeo, 
Tiró al aire el solideo 

Y dijo al Rey de Loango : 
Callen que está en un fandango 
Tocando la lira Orfeo. 



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216 EL PABNASO ORIENTAL. 



David cual loco de atar, 
Se arremangó la chaqueta 

Y dio con su arpa en la jeta, 
Un golpe al Rey Baltasar; 
¡Guerra, guerra!, gritó Agar 
¡Guerra, guerra! !, el Cid Rui-Díatf, 
Mas para evitar porfías 
Celebraron un festín 

Tocando Homero el violín 

Y cantando Jeremías. 



Diclo empezó con Sansón 
Bailando la mediacaña 

Y por darse poca maña 
Se le rompió el peinetón. 
Danzó en seguida Escipión 
Con Betsabé la de TJrías, 
Sesostris con Matatías, 

Y entretanto en un desván, 
Pompello, Jerjes y Adán, 
Bailaban unas folias. 



Picado Numa Pompilio 
Casi se rompen los platos, 
Mas recordóle Pilatos 
Las Geórgicas de Virgilio. 
Con su prudencia y auxilio 
Terminó en paz el bureo, 
Aunque al incauto Teseo, 
Con insolencia y descaro, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



217 



Ganaron el poncho al paro 
Los hijos del Cebedeo. 



Tuvieron grande debate 
Carlos quinto con Patroclo 
Sobre si es mejor el choclo 
Que la cuajada o el mate; 
Vamos jugando al uñate, 
Grito entonces Clodoveo; 
Y volviendo al regodeo 
Tocó la gaita gallega, 
Cuando de repente llega 
En esto, el Dios Himeneo. 



Frunció Cupido el bigote, 

Y echando al hombro su aljaba, 
Se fué a jugar a la taba 

Con el sin par D. Quijote. 
Resonó entonces el pote 
Que hacía oficios de Campana, 

Y A-suero, con su macana, 
Dio un garrotazo a Nebrija 
Que estaba por una hendij'a 
Viendo a la casta Susana. 



De resultas de -este agravio 
Mandó Belianis de Gaula, 
Encerrar en una jaula 



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218 



EL PARNASO ORIENTAL». 



Al Rey D. Alfonso el Sabio. 
Mas luego César Octavio 
Terciándose la sotana, 
Gritó a la Samaritana 
Que al balcón salió en camisa. 
' ' Mejor te era estar en Misa 
Que asomada a una ventana". 



Viendo que ya con el vino 
Todos iban dando en borra 
Salió a vender mazamorra 
El gran sultán Saladino. 
Recibióle el Rey Pepino 
Con salvas en su frontera, 
Mas Motezuma que viera 
Atenciones tan prolijas 
Viendo al Sultán con botijas, 
Se rascaba la mollera. 



Jacob sobre esta jarana 
Escribió un libro de a folio 

Y en lo alto del Capitolio 
Bailó el ondú y la tirana ; 
Mas la Princesa Rojana 
Dio una cabriola tan fiera, 
Que cayó cuan larga era 
Ante el ciego sin recato, 

Y él, solo por el olfato, 
Exclamó, ¡oh, quién te viera! 



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EL PAKNASO ORIENTAL. 



219 



Por último con Raquel 
El buen Escudero Sancho, 
Bailó un pericón con gancho 
Tocando el Ciro el Rabel ; 
De la Torre de Babel 
Nemrot vino en una alfana 
Y porque le dio la gana 
O por su garbo y salero, 
La nombró ante el mundo entero 
Gran Duquesa de Toscdna. 



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220 



EL PABNA80 ORIENTAL. 



OTRA, 

HECHA TAMBIEN EN MONTEVIDEO. 
DBCJÍMA. 



Tocando la lira Orfeo 

Y cantando Jeremías, 
Bailaban unas folias 
Los hijos del Cebedeo, 
En esto el Dios Himeneo 
Llamó a la casta Susana 
Que asomada a la ventana 
Se rascaba la mollera, 

Y él la dijo ¡quién te viera, 
Gran Duquesa de Toscana. 

GLOSA. 

[POR D. MANUEL CARRILLO.] 



Entre la toga y la espada, 
Vacilaba un cocodrilo, 
Si la Egloga de Batilo, 
Era una ecuación probada 
Que fijó la griega armada 
En las aguas del Leteo 
Como lo cantó Tirteo 
En los muros de Sodoma, 



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EL, PARNASO ORIENTAL. 



Porque nunca estuvo en Roma 
Tocando la lira Orfeo. 



No bien llegó de Pekín 
El canciller Verulamio 
Que cayeron del andamio 
Sus gregüescos de Carmín 
Que allí estaban con el fin 
De servirle a Ananías 

Y a todas las jerarquías 
Del tremendo consistorio, 
Llorando, al verlos, Marforio 

Y cantando Jeremías. 



Con casaca y sin birrete 
El Emperador Gang Hí, 
Se ajustaba un borceguí 
A orillas del Guadalete. 
Mas de improviso arremete 
El Lebiathan a Tobías 
Por defender a sus tías 
Que con el buen Rey difunto 
El Orinoco y Sagunto 
Bailaban unas folias. 



Desde el Asia Gengis-Kan 
Al pasar por el Tirol 
Se les apagó el farol 



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EL PAUNASO ORIENTAL. 



A Tirte afuera y a Aman 
Porque la Tribu de Dan 
Tripudiando con Alfeo 
Bailaban en el bateo 
De la octava maravilla 
Con el puente de Sevilla 
Los hijos del Cevedeo. 



Tangibles dos paralelas 
En el signo de Escorpión, 
Navegan al Septentrión 
En dos grandes carabelas : 
Pero amainaron las velas 
En medio del mar Egeo 
Por ver venir a Teseo 
Palanquetas arrojando 
Porque se iba mezclando 
En esto el Dios Himeneo. 



Con gorro, bata y chinelas, 
El Teyde y el Chimborazo 
Se guardaban de que el Tasso 
Les pegase las viruelas. 

Y al calzarse las espuelas 
El Arsenal de La Habana, 
Le vino al pronto la gana 
De visitar las cartujas 

Y por temor de las brujas 
Llamó a la Casta Susana. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 223 



De un brinco pasó el Danubio 
El Concilio de Pistoya 
Que descubrió la tramoya 
Urdida al Monte Vesubio 
Y el arquitecto Vitrubio 
Que llegaba de Ecbatana 
Con la Reina D. a Juana 
Le dijera con la boca 
Mejor os fuera estar loca 
Que asomada a la ventana. 



En disputa Teologal 
Llegaron a Salamanca 
De Arquímedes la palanca 

Y de Mesina el fanal, 
Al tiempo que Juvenal 
De tontillo y con pechera 
Se calaba la visera 
Comentando el Fuero viejo 

Y mirándose al espejo, 
Se rascaba la mollera. 



Las pandectas de Endimión 
El dogma del Senda- Vesta 
Y la prominente cresta 
Del Gallo de la Pasión 
Todos con grave atención 
Observaban la Quimera 
Que ha'blacjpra y placentera 
Con el ciego su vecino 



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224 PARNASO ORIENTAL. 



Se arrimaba al Rey Pepino 

Y él la dijo quién te viera. 

En un Zaino malacara 
Vino desde Soconuco, 
El Inca Huaycamacuco 
A quien Pincheira obsequiara 
Honrándose con la vara 
De alcalde de Cantillana 
Viendo una acción tan urbana 
El Inca de agradecido 
A Pincheira lo ha elegido 
Gran Duquesa de Toscana. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 225 



DIÁLOGO PATRIÓTICO, 

ENTRE — JACINTO CHANO, CAPATAZ DE UNA ESTAN 
CIA EN LASS ISLAS DEL TORDILLO, Y EL GAUCHO RA- 
MON CONTRERAS, VECINO DE LA GUARDIA DEL 
MONTE. 

(DE D. BARTOLOMÉ HIDALGO.) 

Se supone recién llegado el capataz Chano a la 
casa del paisano Contreras. 




CONTRERAS. 

¡Con que amigo! ¿Diaonde diablos 
Sale? Meta el redomón, 

Desensille, voto alante . . . 
¡Ah pingo que da calor! 

CHANO. 

De las islas del Tordillo 
Salí en este mancarrón: 
¡Pero si es trabuco, Cristo! 
¿Cómo está señó Ramón? 

CONTRERAS. 

Lindamente, a su servicio . . . 
¿Y se vino del tirón? 

chano. 

Sí, amigo; estaba de balde 



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226 EL PARNASO ORIENTAL. 



Y le dije a Salvador: 
Andá, traeme eJ azulejo, 
Apretara ele el cinchón 
Porque voy a platicar 
Con el paisano Ramón. 

Y ya también salí al tranco, 

Y cuanto se puso el sol 
Cogí el camino y me vine ; 
Cuando en esto se asustó 
El animal, porque el poncho 
lias verijas le tocó. . . 
¡Qué sosegarse este diablo! 
A bellaquear se agachó 

Y conmigo a unos zanjones 
Caliente me enderezó. 
Viéndome medio atrasado 
Puse el corazón en Dios 

Y en la viuda, y me tendí : 

Y tan lindo atropello 
Este bruto, que las zanjas 
Como quiera las salvó. 
¡Eh p. . . el pingo ligero 
Bien haya quien lo parió! 
Por fin después de este lance 
Del todo se sosegó, 

Y hoy lo sobé de mañana 
Antes de salir el Sol, 

De suerte que esta el caballo 
Parejo que da temor. 

CONTRERAS. 

¡ Ah, Chano . . . pero si es liendre 
En cualquiera bagualón ! . . . 



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EL PARNASO ORIENTAL* 227 



Mientras se calienta el agua 

Y echamos un cimarrón 
¿Qué novedades se corren? 

CHANO. 

Novedades . . . qué se yo ; 
Hay tantas que uno no acierta 
A qué lado caerá el dos, 
Aunque lo esté viendo el lomo. 
Todo el pago es sabedor 
Que yo siempre por la causa 
Anduve al frío y calor. 
Cuando la primera patria 
Al grito se presentó 
Chano con todos sus hijos, 
¡Ah tiempo aquél, ya pasó! 
Si fué en la patria del medio 
Lo mismo me sucedió, 

Pero amigo, en esta patria . 

Alcancemé un cimarrón. 

CONTRBRAS. 

No se corte, dele guasca, 
Siga la conversación, 
Velay mate: todos saben 
Que Chano, el viejo cantor 
Adonde quiera que vaya 
Es un hombre de razón, 

Y que una sentencia suya 
Es como de Salomón. 

CHANO. 

Pues bajo de ese entender 

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228 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Emprésteme su atención, 

Y le diré cuánto siente 
Este pobre corazón, 

Que como tórtola amante 
Que a su consorte perdió, 

Y que anda de rama en rama 
Publicando su dolor; 

Así yo de rancho en rancho 

Y de tapera en galpón, 
Ando triste y sin reposo, 
Cantando con ronca voz 
De mi patria los trabajos, 
De mi destino el rigor. 

En diez años que llevamos 
De nuestra revolución 
Por sacudir las cadenas 
De Fernando el baladrón 
¿Qué ventaja hemos sacado! 
Las diré con su perdón. 
Robarnos unos a otros, 
Aumentar la desunión, 
Querer todos gobernar, 

Y de facción en facción 
Andar sin saber que andamos: 
Resultando en conclusión 

Que hasta el nombre de paisano 
Parece de mal sabor, 

Y en su lugar yo no veo 
Sino un eterno rencor 

Y una tropilla de pobres, 
Que metida en un rincón 
Canta al son de su miseria; 
¡No es la miseria mal son! 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



229 



CONTRERAS. 

¿Y no se sabe en que diasques 
Este enredo consistió? 
¡La pujanza en los paisanos 
Que son de malla intención! 
V. que es hombre escribido 
Por su madre digaló, 
Que aunque yo compongo cielos 

Y soy medio payador, 
A V. le rindo las armas 
Porque sabe más que yo. 

CHANO. 

Desde el principio, Contreras 
Esto ya se equivocó. 
De todas nuestras provincias 
Se empezó a hacer distinción, 
Como si todas no fuesen 
Alumbradas por un Sol, 
Entraron a desconfiar 
Unas de otras con tesón, 

Y al instante la discordia 
El palenque nos ganó, 

Y cuanto nos descuidamos 
Al grito nos revolcó. 

¿Por qué nadie sobre nadie 
Ha de ser más superior? 
El mérito es quien decide, 
Oiga una comparación: 
Quiere hacer una volteada 
En la estancia del rincón 
El amigo Sayavedra. 



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280 EL PARNASO ORIENTAL. 



Pronto se corre la voz 
Del pago entre la gauchada; 
Ensillan el mancarrón 
Más razonable que tienen, 

Y afilando el alfajor 
Se vinieron a la oreja 
Cantando versos de amor; 
Llegan, voltean, trabajan; 
Pero amigo, del montón 
Reventó el lazo un novillo 

Y sólito se cortó, 

Y atrás del como langosta 
El gauchaje se largó... 

¡Qué recostarlo! ¡Ni en chanza! 
Cuando en esto lo atajó 
Un muchacho forastero, 

Y a la estancia lo arrimó. 
Lo llama el dueño de casa, 
Mira su disposición 

Y al instante lo conchaba. 
Ahora pues, pregunto yo: 
i El no ser de la cuadrilla 
Hubiera sido razón 

Para no premiar al mozo? 
Pues oiga la aplicación. 
La ley es una no más, 

Y ella da su protección 
A todo el que la respeta. 
El que la ley agravió 

Que la desagravie al punto: 
Esto es lo que manda Dios, 
Lo que pide la justicia 

Y que clama la razón : 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



Sin preguntar si es porteño 

El que la ley ofendió, 

Ni si es salteño o puntano, 

Ni si tiene mal color. 

Ella es igual contra el crimen 

Y nunca hace distinción 
De arroyos ni de lagunas, 
De rico ni pobretón: 

Para ella es lo mismo el poncho 
Que casaca y pantalón: 
Pero es platicar de balde, 

Y mientras no vea yo 
Que se castiga el delito 
Sin mirar la condición, 

Digo que hemos de ser libres 
Cuando hable mi mancarrón. 

CONTRERAS. 

Es cierto cuanto me ha dicho, 

Y mire que es un dolor 
Ver estas rivalidades, 
Perdiendo el tiempo mejor 
Sólo en disputar derechos 
Hasta que ¡no quiera Dios! 
Se aproveche algún cualquiera 
De todo nuestro sudor. 

CHANO. 

Todos disputan derechos, 
Pero amigo, sabe Dios 
Si conocen sus deberes: 
De aquí nace nuestro error, 



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232 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Nuestras desgracias, y penas; 
Yo lo digo, sí señor, 
¡Qué derechos ni qué diablos! 
Primero es la obligación, 
Cada uno cumpla la suya, 

Y después será razón 
Que reclame sus derechos; 
Así en la revolución 
Hemos ido reculando, 
Disputando con tesón 

El empleo y la vereda, 
El rango y la adulación. 

Y en cuanto a los ocho pesos. . . 
¡El diablo es este Ramón! 

CONTRERAS. 

Lo que a mí me causa espanto 
Es ver que ya se acabó 
Tanto dinero, ¡por Cristo; 
Mire que daba temor 
Tantísima pesería! 
¡ Yo no sé en qué se gastó ! 
Cuando el general Belgrano 
(Que esté gozando de Dios) 
Entró en Tucumán, mi hermano 
Por fortuna lo topó, 

Y hasta entregar el rosquete 
Ya no lo desamparó. 

Pero ¡ah contar de miserias! 
De la misma formación 
Sacaban la soldadesca 
Delgada que era un dolor! 
Con la ropa hecha miñangos, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 233 



Y el que comía mejor 
Era algún trigo cocido 
Que por fortuna encontró. 

Los otros, cual más cual menos 

Sufren el mismo rigor. 

Si es algún buen oficial 

Que al fin se inutilizó, 

Da cuatrocientos mil pasos 

Pidiendo por conclusión 

Un socorro: no hay dinero. 

Vuelva . . . todavía no . . . 

Hasta que sus camaradas 

(Que están también de mi flor) 

Le largan una camisa, 

Unos cigarros y adiós. 

Si es la pobre y triste viuda 

Que a su marido perdió 

Y que anda en las diligencias 
De remediar su aflicción, 
Lamenta su suerte ingrata 
En un mísero rincón. 

De composturas no hablemos: 
Vea lo que me pasó 
Al entrar en la ciudad; 
Estaba el pingo flacón 

Y en el pantano primero 
Lueguito ya se enterró, 
Seguí adelante. ¡Ah, barriales! 
Si daba miedo, señor; 
Anduve por todas partes 

Y vi un grande caserón 

Que llaman de las Comedias, 
Que hace que se principió 



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234 EL PABNASO OBIENTAIi. 



Muchos años, y no pasa 
De un abierto corralón, 

Y dicen los hombres viejos 
Que allí un caudal se gastó. 
Tal vez al hacer las cuentas 
Alguno se equivocó 

Y por decir cien mil pesos.. 
Velai otro cimarrón. 

Si es en el paso del ciego 
Allí Tacuara ( # ) perdió 
La carreta el otro día; 

Y él por el paso cortó 
Porque Je habían informado 
Que en su gran composición 
Se había gastado un caudal. 
Con que amigo, no sé yo 
Por más que estoy cavilando 
A dónde está el borbollón. 

CHANO. 

Eso es querer saber mucho- 
Si se hiciera una razón 
De toda la plata y oro 
Que en Buenos Aires entró 
Desde el día memorable 
De nuestra revolución, 

Y después de buena fe 
Se diera una relación 

De los gastos que han habido, 
El pescuezo apuesto yo 



(*) Apodo de un paisano. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



A que sobraba dinero 
Para formar un cordón 
Desde aquí a Guasapioúa ; 
Pero en tanto que al rigor 
Del hambre perece el pobre, 
El soldado de valor, 
El oficial de servicios, 

Y que la prostitución 

Se acerca a la infeliz viuda 
Que mira con cruel dolor 
Padecer a sus hijuelos, 
Entretanto el adulón, 
El que de nada nos sirve 

Y vive en toda facción, 
Disfruta grande abundancia; 

Y como no le costó 
Nada el andar remediado 
Gasta más pesos que arroz — 

Y amigo, de esta manera, 
En medio del pericón 

El que tiene es don Fulano, 

Y el que perdió, se amoló ; 
Sin que todos los servicios 
Que a la Patria le prestó, 
Lo libren de una roncada 
Que le largue algún pintor. 



CONTRERAS. 

Pues yo siempre oí decir 
Que ante la ley era yo 
Igual a todos los hombres. 



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236 EL PARNASO OKIENTAL. 



CHANO. 

Mismamente, así pasó, 

Y en papeletas de molde 
Por todo se publicó; 
Pero hay sus dificultades 
En cuanto a la ejecución. 
Roba un gaucho unas espuelas, 
O quitó algún mancarrón, 

O del peso de unos medios 

A algún paisano alivió: 

Lo prenden, me lo enchalecan; 

Y en cuanto se descuidó 
Le limpiaron la caracha, 

Y de malo y salteador 

Me lo tratan, y a un presidio 
Lo mandan con calzador; 
Aquí la ley cumplió, es cierto, 

Y de esto me alegro yo, 
Quien tal hizo que la pague. — 
Vamos, pues, a un señorón, 
Tiene una casualidad . . . 

Ya se ve. . . se remedió. . . 

Un descuido que a cualquiera 

Le sucede, sí señor. 

Al principio mucha bulla, 

Embargo, causa, prisión, 

Van y vienen, van y vienen, 

Secretos, admiración, 

¿Qué declara? que es mentira, 

Que él es un hombre de honor. 

¿Y la mosca? no se sabe, 

El Estado la perdió, 



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BL PARNASO OKIENTAL. 287 



El preso sale a la calle 

Y se acaba la función. 

i Y esto se llama igualdad ? 
La perra que me parió — 
En fin, dejemos amigo, 
Tan triste conversación, 
Pues no pierdo la esperanza 
De ver la reformación. 
Paisanos de todas layas, 
Perdonad mi relación: 
Ella es hija de un deseo 
Puro y de buena intención. 
Valerosos generales 
De nuestra revolución, 
Oobierno a quien le tributo 
Toda mi veneración, 
Que en todas vuestras acciones 
Os dé su gracia el Señor, 
Para que enmendéis la plana 
Que tantos años se erró: 
Que brille en vuestros decretos 
La justicia y la razón, 
Que el que la hizo la pague, 
Premio al que lo mereció, 
Guerra eterna a la discordia, 

Y entonces sí creo yo 

Que seremos hombres libres 

Y gozaremos el don 

Más precioso de la tierra: 
Americanos, unión, 
Os lo pide humildemente 
Un gaucho con ronca voz 
Que no espera de la Patria 



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238 PARNASO ORIENTAL. 



Ni premio ni galardón, 
Pues desprecia las riquezas 
Porque no tiene ambición, 

Y con esto hasta otro día, 
Mande usté, amigo Ramón, 
A quien desea servirle 
Con la vida y corazón. 

Esto dijo el viejo Chano 

Y a su pago se marchó, 
Ramón se largó al rodeo 

Y el diálogo se acabó. 




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EL PARNASO ORIENTAL. 239 



CANTOS. 

(DE D. JOSÉ PREGO DE OLIVER.) 

A LA RECONQUISTA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES 
POR LAS TROPAS DE MAR Y TIERRA A LAS ÓRDENES 
DEL CAPITÁN DE NAVIO D. SANTIAGO LI- 
NIERS, EL 12 DE AGOSTO DE 1806. 

OIA, 

Al ínclito varón, al fiel caudillo 

De las tropas hispanas 
Salud, prez y loor: la tristes canas, 
La tímida doncella, el parvulillo, 

A ti las palmas tienden, 
Porque las tuyas su orfandad defienden. 
La espada manejada por tu mano 

¡Qué de contentamiento 
Hizo nacer bajo este firmamento! 

Y ¡cuánta angustia ai escuadrón britano, 

Que con su pie mancilla 
Un mundo, que Pizarro unió a Castilla! 
Las Náyades triscando bulliciosas, 

Del Paraná en la orilla, 
Súbito dan con la aferrada quilla, 
Que transportó tus huestes valerosas; 

Atónitas la miran, 

Y gozo, y miedo, y turbación respiran. 



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240 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Una en pos de otra de la mano asidas, 

Con el dedo en la boca, 
Y el leve pie, que al suelo apenas toca, 
Andan cuidosas de no ser sentidas; 

Mas como en la llanura 
Nada descubren, trepan a la altura. 
Tienden la vista, y miran acampados 

Los bravos batallones, 
Que las lises, castillos, y leones 
Tremolan en sus lienzos estampados: 

Allí escuch n cantares 
De arrojos de *í iazanes y Vivares. 
Allí un soldado en adiestrar se empeña 

Al alazán fogoso; 
Mientras que de su tercio numeroso 
Hace un ilustre Cabo la reseña: 

Todos en movimiento, 
Su descanso es velar, su arma el sustento. 
Ya suena el tambor; y ya en hileras 

El fusil ordenado 
Relumbra al -Sol ; y el jefe denodado 
A la lid va guiando las banderas 

De nuestros combatientes, 
Por llegar a las manos impacientes. 
Hiende el aire el belígero alarido 

De las fuertes legiones; 
Recorriendo las filas los campeones, 
Celan el orden al valor unido; 

Y doblan sus fatigas, 
Al avistar las haces enemigas. 
Forman ambos ejércitos dos zonas; 

Rompe el fuego, y no cesa; 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



241 



Acá y allá se ve una selva espesa ; 
De agudas bayonetas y tizonas; 

Y con la artillería 
Retiembla el suelo y se encapota ed día. 
La atroz Muerte con mano descarnada 

Sus cabellos agita, 
Y el carro estrepitoso precipita 
Sobre una y otra hueste encarnizada: 

Súmese el eje todo 
En cráneos, en escombros, en sangre, en lodo. 
Por momentos se enciende la pelea, . 



Y el Ibero revuelve, * 

Y todo en sangre y fuego al paso envuelve ; 
La falange de Albión ya titubea, 

Y a la diestra cuchilla 
Cede por fin, y la cerviz humilla. 
La hermosa capital encadenada 

Por los crudos britanos, 
Viéndose libre, al cielo entrambas manos 
Levanta enternecida y prosternada; 

Sobre los muertos Mora; 

Y orna la sien del jefe vencedora. 



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242 EL PARNASO ORIENTAL. 



A LA MEMORIA DEL TENIENTE DE fraga 

TA D. AGUSTÍN ABBBU, MUERTO EN LA ACCION DEL 
CAMPO DE MALDONADO, EL 7 DE NOVIEMBRE DE 
1806. 

ODA. 

¿Abreu?... j amigo mío?... no responde. 
El denso velo de la noche eterna 
Su faz encubre, y a mi vista ansiosa 
Por siempre me lo esconde. 
Grabada en mi alma la memoria tierna 
De tu amistad ardiente y oficiosa, 
Te busco, Abreu, te busco, y no te encuentro. 
Sin ti a mis ojos es caliginosa 
Del sol la lumbre, y fuera de su centro 
Se me aparece toda la natura: 
¡ Tal es tu falta ! ¡ tanta mi amargura ! 

Tu alma voló a las auras; ese pecho, 
Archivo de mis cuitas, no palpita, 

Y sobre el suelo yace sanguinoso. 

El monstruo de la guerra con despecho 
El patrio suelo agita; 

Y tú a las armas corres; y ardoroso 
Del entorno te arrancas de tu esposa, 
De amigos, y parientes; 

Ni la voz lacrimosa; 
Ni los suspiros ni plegarias sientes, 
De sangre y amistad los duros lazos 
Superior a. Sansón hizo pedazos. 
No suena ya tu voz en mis oídos, 



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EL PABNASO ORIENTAL. 



243 



Aquella voz que de consejo llena, 
El penoso vivir me confortaba. 
Apenas apercibes los gemidos 
DeJ Colono, que atado a la cadena 
Por su perdida libertad lloraba, 
Cuando todo tu pecho se estremece, 

Y no pudiendo ver la patria hollada, 
Tu pundonor acrece 

El ansia de acorrerla con la espada, 
Al león semejante, que la arena 
Escarba, ruge, y de furor se llena. 
Encargado, por fin, de la jornada, 

Y al retumbar del sonoroso parche, 
Gozo y bravura su semblante vierte: 
Las filas corre de la gente armada, 

Y hace la seña de que el campo marche, 
La vía emprende, en pos la hueste fuerte 
Sigue al caballo, que el caudillo monta: 
El pueblo se abalanza 

En derredor; se aleja; ya trasmonta; 
Desaparece, y lleva la esperanza 
De cuantos, invocando el justo cielo, 
Piden la salvación del patrio suelo. 

Vencida la distancia del camino, 
A Maldonado ven, y al angiicano, 
Que formado en escuadras los espera; 
Abreu clama: "Soldados, el destino 
"Nuestros votos cumplió; no sea en vano 
"La estima, con que el pueblo nos pondera; 
"Sus hogares, sus hijos, sus altares 
"A nuestro acero fía; 

"Los que allí veis, forzaron nuestros lares; 
"No quede impune tanta demasía; 

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244 



ET« PARNASO ORIENTAL.. 



"La Patria gime, y el deber nos llama, 
"La muerte es vida, si la vida infama." 

Dijo: y al modo de torrente undoso, 
Que, retesando el cauce, se dilata, 

Y con ímpetu arrastra cuanto encuentra; 
Así nuestro caudillo valeroso 

Corre, atropella, hiende, desbarata, 

Y entra la confusión por doquier que entra: 
Mas despedido el plomo de un mosquete 

Le taladra un costado, 

Y al suelo arroja al ínclito jinete 

En lodo, en sangre, y en sudor bañado. 
El río lo ve caer, y sobre el pecho 
Inclina el rostro en lágrimas deshecho. 

Salve, Tarifa ilustre; salve, tierra, 
Madre de los famosos capitanes, 
Que de ornamento sirven a la historia: 
Tu bastas soda a domeñar la guerra, 
Pues si supiste producir Guzmanes, 
Que amenguasen del árabe la gloria, 
También en este día 
En Abreu nos presentas una hazaña, 
Que ha de alcanzar eterna nombradla 
Con pasmo ajeno, y con honor de España. 
Cántela, pues, el Apolíneo coro, 
Mientras yo callo sumergido en lloro. 




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EL PAKNASO OBIENTAli. 



245 



A MONTEVIDEO TOMADA POR ASALTO, 
POR LOS INGLESES. 

EL 3 DE FEBRERO DE 1807. 

ODA. 

— 0*0— 

La Guerra... la atroz Guerra... ol trueno, el rayo, 

El polvo, el humo denso, todo, todo, 

Su venida fatal al pueblo anuncia. 

Desde el mar las naves, y por tierra 

Las haces enemigas el tremendo 

Cañón asestan contra el débil muro, 

Y a un tiempo mismo bocas cien de bronce 

El fuego arrojan con horrendo estruendo. 

Zumbando globos por el aire vago 

Las calles cruzan, templos desmoronan, 

Edificios derrocan, y no hay nada, 

Que a su choque feroz oponga fuerza. 

Sólo la alcanza el ínclito caudillo, 

Veces mil más ilustre por su esfuerzo, 

Que por la cruz que de su pecho pende, 

Con faz serena, y con osada planta 

No para, y corre a visitar los puestos, 

Do el fuego, el estampido, y los membrudos 

Brazos, que sirven el cañón, trasladan . 

El horrísono carro, en que el Tonante 

Los rayos vibra, que Ciclopes forjan. 

El plomo silbador, que muerte avisa, 

Nunca puede abatir su erguida frente, 

Que llena de ambición espera un día, 



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246 EL PARNASO ORIENTAL. 



Quo a la par de Velazcos la sublime 

Al sacro templo de la augusta Fama 

Orlada del laurel inmarcesible, 

Con que Mavorte a sus campeones orna. 

Siguen sus huellas los varones claros, 

Quo fueron arrullados en la cuna 

Con cantares de abuelos, que a la Patria 

Inmolaron la vida: don que el cielo 

Impone al hombre conservar, y la honra 

Arrastra a aventurar todas las veces, 

Que llama el parche, o el clarín resuena. 

El pueblo y tropa, todo en mezclamiento, 

No hacen más que pelear; no hay otro oficio. 

Yo vi las artes, sí, vilas yo mismo 

Azoradas vagar, y demandando 

Favor y ayuda, las orejas sordas 

Atónitas hallar a sus plegarias. 

Los Talleres y fábricas cerradas, 

Son arrojadas del humilde techo, 

Que antes las albergó: tornan, y llaman; 

Pero no hay responder. Desconsoladas 

Huyen, y huyendo la cabeza vuelven, 

Por si descubren algún brazo amigo, 

Que corra en pos solícito a tenerlas; 

Mas en vano miráis : todos a una 

No curan más que deü cañón funesto. 

Antes del pecho borbotando sangre 

Al letal golpe de la bala ardiente 

Despedirán la fatigosa vida, 

Que la cerviz doblar a yugo extraño. 

Bajo un trono nacieron; bajo un trono 

Días vivieron de paz honda y blanda; 

Y quieren bajo un trono que los nietos 



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EL TARNAfíO OKIENTAL. 247 



Amorosos el lecho circundando, 

Con encendido lloro y mano leve 

En el sueño eternal cierren sus ojos. 

Las columnas de Albion, que sus pendones 

Quieren ver ondear en la asta misma, 

De do penden los lienzos, que tremolan 

Blasones de Castilla, el cerco estrechan; 

Aumentan baterías; y doblando 

El estruendoso fuego, ni un momento 

Es dado a los sitiados de reposo. 

Al batir continuado el muro tiembla; 

Las piedras desquiciadas se desploman; 

Y los escombros mismos son la escala 

De la brecha fatal: ¡ay! ciudadanos, 

Cubrid, tapiad el boquerón horrible, 

Que ha de ser tan fatal, cual lo fué en Troya. 

La máquina infernal del dolo griego. 

Quince veces el Sol salido había 

Por las rosadas puertas de la Aurora 

De rayos coronado en plaustro de oro. 

Sin que mostrase lástima ni duelo 

Por las cuitas de un pueblo, que afligido 

Ve por última vez, que declinando 

Su pausado rodar, el horizonte 

Va a sepultar el majestuoso disco 

En las líquidas urnas del undoso, 

Del sacro Paraná: queda rojeando 

La vía, por do fué : más a deshora 

Desparece el fulgor, y en todo el cielo 

Ni rastro queda de la excelsa lumbre. 

Del caos la hija triste sobre el suelo 

Densas tinieblas desparrama, y deja 

Casi inválido el ojo vigilante 



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248 BTj PARNASO ORIENTAL. 



Del atleta tenaz, que sobre el arma 

Apoya el brazo en que reclina el cuerpo. 

La circunvalación del muro todo 

De trecho en trecho múlites sustenta, 

Que inmóviles y atentos representan 

Estatuas del silencio, que interrumpe 

El eco bronco de olas encrespadas, 

Que azotan el peñasco, y luego humildes 

Bésanle el pie, y escúrrense a su centro. 

¡Cuánto de malandanza hoy avecina, 

Onda de maldición, al triste pueblo 

Tú sonar turbulento! oir no dejas 

El ruido sordo de la planta insana, 

Que arrebozada en el tupido manto 

De la noche sombrosa, y atrochando 

Por la brecha mortal, sin ser sentida 

Penetra audaz el lacerado muro. 

Al súbito rumor el castellano 

El arma requiriendo, presuroso 

Al riesgo corre, y al britano altivo 

En su valor un otro estorbo pone. 

El cañón y arcabuz a un tiempo atruenan; 

Densa la lobreguez; y sangre, y fuego, 

Y horror y estrago a todas partes lanzan. 

El furibundo Marte en torno gira 

De unas y otras legiones, aguzando 

La cólera y ardor; e introduciendo 

La confusión, las huestes mezcla y junta. 

Así mezcladas pugnan; y la lucha 

Más y más encarnizan, y la atroz muerte 

Enarbolando el brazo, la guadaña 

Descarga sin cesar, y a centenares 

Tiendo de cada golpe los varones, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



249 



Que son apoyo de la madre Patria. 
Bien pocas son las almas que te quedan, 
Ilustre madre, y esas pocas, helas, 
Helas pelear de sangre salpicadas, 

Y tropezando en los gloriosos cuerpos 
De los que perecieron, anhelando 
Volver con el laurel a tu regazo, 
Alejando infortunios de tu seno. 

Mas dado no les fué, y aun esos pocos, 
Acribillados, lloran la flaqueza 
Del brazo, que no puede con la espada, 
No puede más, que el enemigo carga, 

Y cual voraz incendio se difunde. 
Que no hay estorbo que su curso ataje. 
Al bullicio, al estrépito, a la grita, 
Las matronas y vírgenes transidas 

Se llenan de estupor, y en el retiro 
De la cámara yerma, presagiando 
La viudez y orfandad desconsoladas, 
Alzan los ojos de llorar cansados 
A los cielos de mármol a sus quejas; 
Las manos tuercen; y el vivir desaman. 




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BL PARNASO ORIENTAL. 



AL 81. ». SAlflAM 11*1111® 

BRIGADIER DE LA REAL ARMADA, Y CAPITAN GENERAL 
DE LAS PROVINCIAS DEL RIO DE LA PLATA, POR LA 
HEROICA DEFENSA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, 
ATACADA EL 5 DE JULIO DE 1807; POR DOCE MIL IN- 
GLESES, 

OIA, 

Gloria inmortal al héroe, que al britano 

Lanzó del patrio suelo: 
Bajo la augusta bóveda del cielo 
No resonó, Señor, tu nombre en vano: 

Tu militar denuedo 
Dio al hispano salud, al anglo miedo. 
Coged, vírgenes, flores; cortad palmas; 

Y tejed la corona, 
Que orle la sien al que con su tizona 
Logró dar expansión a vuestras almas: 

Cantad himnos en coro 
Al tutelar del virginal decoro. 
Cubrid el suelo de arrayán y rosa, 

Que ya lleno de gloria 
Se acerca el capitán, y la victoria 
Estampa al pie, donde su planta posa. 

Marte le dio su lanza; 
Virtud el cielo; la virtud templanza. 
¡Cuál anda el pueblo lleno de heroísmo! 

El pueblo, cuyos brazos 



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EL PARNASO ORIENTAL. 251 



Al enemigo hicieron mil pedazos: 
El pueblo y tropas al Averno mismo 

Llevaran el estrago, 
Si el caudillo al Averno hace el amago. 
Las naos de Albión, ¡ay! ¡Cuán veleras 

Abordaron las playas! 

Y como al bosque umbrío densas hayas, 
Cubrieron sus falanges las riberas, 

Amenazando al cielo, 

Y provocando con furor al duelo. 
Entran en la ciudad ; y e] alarido ; 

Y el clarín ominoso ; 

Y el rechinar del carro poderoso, 
Do el horrible cañón es conducido; 

La confusión acrece, 

Y el un Polo, y el otro se estremece. 
La lid: la lid: — Belona sanguinosa 

Los ánimos enciende; 
El plomo silbador el aire hiende 
Cual lluvia de granizo tempestuosa; 

La muerte sin sosiego 
Discurre envuelta en polvo, en humo, en fuego. 
La legión anglicana, que orgullosa 

El laurel se promete, 
Pugna feroz; intrépida acomete; 

Y a todo el pueblo sanguinaria acosa : 

Donde la planta imprime, 
Los troncos lloran, y la tierra gime. 
Los hijos deil Plata belicosos, 

Y el ibero aguerrido, 
Morir escogen por mejor partido, 
Oponiendo sus pechos generosos 

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EL P A UN A S<> ORIENTAIi. 



Al enemigo duro, 
Que vale cada pecho por un muro. 
Aquí, donde la guerra se abalanza, 

Y al anglicano hostiga; 
Aquí el furor, la sed, y la fatiga; 
Aquí la atroz y bárbara matanza; 

Aquí, do la refriega 
Recuerda Almanza, San Quintín, Brihuega. 
Deshechos, destrozadas las hileras, 

Las que eran haoes antes, 
Son ya troncos y miembros palpitantes, 
Que cubren calles, ocupando aceras: 

¡Eterno monumento 
De gloria a nos, al anglo de «escarmiento ! 
Todo cedió en favor, y en gran prez nuestra: 

— El isleño severo, 
Tan feroz y orgulloso de primero, 
Humillado y vencido ya se muestra: 

El que con sus legiones 
Leyes dictó, recibe condiciones. 
Sagradas sombras, que en la huesa estando 

De Sagunto y Numancia, 
Servísteis de modelo a la constancia 
De vuestros compatriotas, si mirando 

La batalla estuvisteis, 
Visteis que son lo que vosotras fuisteis. 
La América en sí vuelve; dijes torna 

A su rosado cuello: 
En trenzas repartió el suelto cabello; 
Y Iíí veste con oro y flores orna; 

Dase a los regocijos; 
\ r abre los brazos a sus dignos hijos. 



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BL PARNASO ORIENTAL. 253 



ODA. 

A LA DECADENCIA DE ESPAÑA. 

No existe Arnesto, ya ni remembranza 

De los claros varones, 
Que al frente de ibéricas legiones 
Llevaron el terror y la matanza 

De la una a la otra zona 
En su esfuerzo, en su brazo, en su Tizona. 
La poderosa lanza, que terciaba 

Villandrando en sus hombros, 
Ya doquier que forzudo la vibraba 
Lanzaba muerte, asolación y escombros, 

Yace, ha tiempo, olvidada, 
Envuelta en polvo y del orín tomada. 
Las ruinas de Sagunto son padrones, 

Que al pie del Turia undoso 
Publican con silencio majestuoso 
Que fueron sus indómitos campeones 

Confusión del Romano 

Y hoy vergüenza y baldón del Castellano. 
El atrevido, el ínclito Estremeño, 

Que con las huestes fieles 
Fió su vida al ponto en frágil leño, 

Y se orló en otro mundo de laureles, 

Desde la fría tumba 
Nos da en rostro con Méjico, y Otumba. 
Sí, Arnesto : disipóse cual espuma 

El tiempo bienhadado 



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254 



Kli PARXAftO ORIENTAL. 



En que el valor de España vio asombrado 
El lacio imperio, el moro, y Motezuma; 

Hubo, Arnesto, hubo día, 
En que la Patria tuvo nombradía. 
Mas hoy triste, llorosa, y abatida, 

De todos despreciada, 
Sin fuerzas casi al empuñar la espada, 
Que ha sido en otro tiempo tan temida, 

Mueve apenas la planta, 

Y los ojos del suelo no levanta. 
A su lado se ve el pálido Miedo; 

La encogida Pobreza, 
La indolente y estólida Pereza; 

Y la Ignorancia audaz, que con el dedo 

Señala a pocos Sabios, 

Y con risa brutal cierra sus labios. 
La Religión del cielo descendida, 

Con tanto acatamiento 
Por abuelos a nietos transmitida, 
Ve en el retiro de su augusto asiento 

Que los hijos, que crecen 
Bajo su sombra la ajan, y escarnecen. 
Los ministros sacrilegos de Astrea 

Penetran en el templo 

Y con maldad horrible sin ejemplo, 
Pisan, rompen el velo de la dea 

Y el fiel de su balanza 
Lo inclinan al poder o a la venganza. 
El Adulterio por los patrios lares 

Entra y sale corriendo, 

Y las palmas con júbilo batiendo, 
Cuenta ufano los triunfos a millares : 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



256 



Los justos sé comprimen; 
Hora Himeneo; las virtudes gimen. 
La devorante fiebre ultramarina 

Al suelo hispano pasa, 
Deja yermo el tugurio; el pueblo arrasa; 

Y el sacro Betis la cabeza inclina 

Sobre su barba cana, 
Viendo el estrago de la peste insana. 
Nuestras naos preñadas de riquezas 

De las minas indianas 
Surcan el golfo navegando ufanas 
Al puerto hercúleo: ¡ay! ¡qué de tristeza! 

¡De males! ¡y de estrago! 
Las de Albión os preparan sobre el lago. 
Al mismo tiempo de su templo Jano 

Va las puertas abriendo, 

Y el aldabón los clavos sacudiendo, 

Forma un ruido, que aterra al pecho humano; 

Da el bronce e] estampido, 
Salta la sangre, escúchase el quejido. 
En tanto España flaca y amarilla, 

El ropaje rugado, 
Destrenzado el cabello, y a su lado 
Postrados los Leones de Castilla, 

Alza las manos bellas 
A los cielos de bronce a sus querellas: 
¿Hasta cuándo, prorrumpe, Dios eterno, 

Ha de estar levantada 
La venerada, la terrible espada 
De tu justicia inmensa? ¿Tu amor tierno, 

Tu piedad sacrosanta 
A mis hijos no acorre en pena tanta? 



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256 EL PARNASO ORIENTAL. 



Los talleres desiertos; del arado 

Arrumbado el oficio; 
El saber sin estima ; en trono el vicio ; 
La belleza en apuro; Marte airado; 

Sin caudillo las tropas . . . 
¿Tornan, Señor, los tiempos de Don Oppas? 
¿En esto había de parar mi gloria? 

¿Mi fin debe ser éste? 
¿Y falsías, y guerras, y hambre, y peste, 
Los postrimeros fastos de mi historia? 

¿Mi lloro continuado 
No podrá contener tu brazo airado? 
Vuelve, Señor, el rostro a mis pesares; 

Vuelve lejos la guerra; 
Pureza al éter ; brazos a la tierra ; 
El respeto debido a tus altares ; 

Prez y valía al bueno ; 
A Themis libertad; paz a mi seno. 

THISBE 

POR LA MUERTE 
DE PIRAMO. 

•OTAVAI, 

Como la tortolilla, que en el prado 
Ai verse sin su esposo llora y gime, 



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EL P AUN ASO OKIENTAL. 257 



Y a sus lamentos inflexible el hado 
De su tristeza nunca la redime; 
Así también mi espíritu abrumado 
De la mortal congoja que le oprime, 
Por encontrar consuelo clama al cielo, 
Mas, aunque clama, no halla consuelo. 

[Joven desventurado! ¿Por mí habías 
Dp hollar las líneas de tan triste suerte! 
¿Era preciso que si tú morías, 
Asistiese yo misma a ver tu muerte? 
¿Decretó el Tribunal de las Harpías 
Tan horroso fin, trance tan fuerte? 
¿A tanto contra débiles mortales 
Pueden llegar las iras celestiales? 

Este día, que fué el que señalamos 
Para unir nuestro afecto en dulces lazos, 
¿Ha de ser tan aciago, que le hallemos 
Déspota de la vida sin dar plazos? 
¡El día, que a Himeneo consagramos, 
Da a Píramo la muerte, y en mis brazos 
Deja difunto al que esparaba vivo! 
Pfcra tanto rigor, ¿quién dio motivo? 

Esos luceros suyos eclipsados, 
Que me daban ayer tantos consuelos; 
Pues en la escuela del amor cursados 
Expresaban sus gustos o recelos, 
Hoy se ven en dos hoyos sepultados 
Por la mucha inclemencia de los cielos, 

Y en el horrible estrago que han sufrido, 
Ni aun señal les quedó de lo que han sido. 



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258 EL PARNASO ORIENTAL. 



Esa boca que gracias derramaba. 
A! paso que las cláusulas vertía; 
Ya cuando su cariño me afirmaba, 
Ya cuando su constancia me ofrecía, 
En medio de la pena que me acaba 
Hoy va la veo tan marchita y fría, 
Que dice muda en ademán bien triste: 
Ni sombra soy de cómo ayer me viste. 

j Es posible, sacrilego Cupido, 

Que habiendo sido tú nuestro monarca, 

Hayas en tu Gobierno permitido 

Que rigiese la furia de la Parca? 

La tijera mil veces ha esgrimido 

Contra las gentes que tu imperio abarca: 

Si eres deidad, prohibe estos insultos; 

Si no eres Dios, ¿por qué te damos cultos! 

Cuando a la proyectada unión has dado 

Para la ejecución este diseño, 

¡Así tu protección me ha abandonado 

A la fortuna en medio del empeño ! 

¡ A un hombre que en tu seno has fomentado, 

Así abandonas de la Parca al ceño! 

Si los Troyanos esta acción supieran, 

Que eres hijo de Venus no creyeran. 

Y tú, mi dulce bien, mi amado esposo, 
Si unido ya a los seres inmortales 
En la mansión del eternal reposo 
Miras aún con interés mis males, 
Euega a Jove desate el enojoso 
Nudo que me sujeta a los mortales. 



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EL PARNASO ORIENTAL. 



259 



Sí, Júpiter sagrado: haz con mi muerte 
Su descanso mayor, feliz mi suerte. 

Pero ya que el rigor del sentimiento 
Reservar quiere a mi pesar la vida, 
Para explayar en mí más su tormento, 
A tu acero, mi bien, enternecida 
Osculo doy de paz, como instrumento 
Que ha de dar a mi espíritu salida. 
Pisar no quiero el suelo ni un minuto 
Que tu muerte cubrió de horror y luto. 

POETA. 

Aquí Thisbe difunto ya el semblante, 
Y revolviendo con pavor los ojos, 
En el proyecto de su fin constante 
Sacrifica la vida a sus enojos, 
Envainando en su pecho en un instante 
El agudo puñal, y son despojos 
Casi a un tiempo los dos del fatal hado: 
i Estos tus premios son, Amor sagrado? 




34 



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260 EL PABNASO ORIENTAL. 



A UN ROMANCE, 

A LA MUERTE DEL VIRREY DE BUENOS 
AIRES, D. PEDRO MELO DE PORTU- 
GAL. 

CANCIÓN: 

OQO 

Llora la reina de Dido 
Al mirarse burlada del Troyano; 
Mas su dolor crecido 
Es do mostaza un invisible grano, 
Comparado al dolor y desconsuelo 
Del Dios de Delfos, del Señor de Délo. 

Su rostro soberano 
Manifiesta el dolor, que su alma siente: 
Saldrá el intento vano 
Do todo aquel que divertirle intente. 
¡ Tanto ha podido en su ánimo sagrado 
La inconsideración de un Licenciado f 

Viendo al Rey del Parnaso 
En tal consternación, tal amargura, 
Fui allí, paso a paso, 

Y lleno de respeto y de ternura 

Le dije: ¿quién, señor, turba a los Reyes f 

Y él me responde: Un Bachiller en Leyes. 

El Coro de las Musas, 
Antes llenas de gala y gentileza, 
Ahora todas confusas, 



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EL PARNASO ORIENTAL. 261 



Deslucido el fulgor de su belleza, 
Lanzan suspiros, y en su pena grave 
Piden al Dios venganza contra Ecliave. 

La Lira, que sonaba 
En el Pindó, y al cielo suspendía, 
Arrinconada estaba, 

Y en ella este letrero se leía : 
Hijos míos, me tiene destemplada 
La Clerecía de la Real Armada. 

Montado en un Romance, 
Más árido y enjuto que un Coleto, 
Dio al Parnaso el avance, 

Y a todo el monte puso en más aprieto, 
Que el que nos cuentan que sufrió el Romano 
Del fuerte y vengativo Coriolano. 

En la plaza infelioe 
De Príamo no fué tan espantosa 
La entrada, que se dice, 
Del Griego, y de su hueste valerosa, 
Como ha sido espantosa al Pindó entero 
La entrada que hizo en él D. Juan de Agüero. 

Canción, mucho recelo 
Que des tarde o temprano en tales manos; 
Mas quiera el justo cielo 
Que todos mis temores salgan vanos, 
Pues la muerte me füera menos dura 
Que mirarte en poder de ese buen Cura. 



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262 EL PARNASO ORIENTA!* 



••VITO 

OflC 

Revolución ... ¡ Buen Dios ! tomó a destajo, 
¡A nadie en paz dejar! Cómo se agita, 
Cual violento huracán se precipita 
Echando por la boca espumarajo. 

Derriba al encumbrado, eleva al bajo, 
El palacio, la choza, el templo, ermita, 
Penetra su furor, e insana grita : 
"Toda cabeza de traidor aba jo/ ' 

De andrajos cubre el cuerpo polvoroso. 
Corre, y en el correr la furia acrece. 
El vulgo aplaude al monstruo sanguinoso 
Al verla el sabio, atónito enmudece, 
Quiere apartarse, se hace sospechoso, 
Y entre el tumulto bárbaro perece. 



FRAGMENTO 1.° 

Repantigado en la elevada cumbre 
De su contemplación un sabio adusto 
Mirando estaba el globo; 
Y en medio de su arrobo 
Fija la vista en una muchedumbre 
De jóvenes y ancianos, 



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EL PAÜNASO OBIENTAL. 263 



Que asiendo un aldabón con ambas manos, 

Pulsa a la puerta de oro tachonada 

Del santuario grandioso 

De himeneo; con la cabeza orlada 

De rosas y amaranto, presuroso 

El Dios abre, y al punto exclama: insanos 

i A quién no dará risa, 

Para tamaña empresa tanta prisa! 

A vuestras aldabadas repetidas 
Las bóvedas del templo retumbaron; 
Los Genios se asustaron; 
Las Ninfas a mi cuito consagradas 
Andando acá y allá despavoridas 
Gimieron, y temblaron, 
Juzgando que los vientos desatados 
En las entrañas de la madre tierra 
La hacían cruda guerra, 
Para rasgarla el seno, 
T salir sobre el suelo desfrenados. 
¡Qué pretendéis, cuitados? 
Veo mi templo lleno 

De hombres de gran saber arrepentidos 

De verse en su morada, 

¿Y vosotros venís con planta osada? 



Dijo: y a las palabras sacrosantas 
Del Dios se estremecieron; 
Mil cosas en su mente revolvieron 
Asombrados los pechos varoniles, 



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264 BL PARNASO ORIENTAL. 



Y retirando del umbral las plantas, 
Del templo abandonaban las mansiones: 
Mas fueron flacos como lo fué Aquiles. 
F! lloro, la terneza 

Del sexo hermoso, que a mirar tornaron, 
Los hizo avergonzar de su dureza, 

Y la cerviz al yugo doblegaron. 

K! sabio adusto que lo estaba viendo, 

Exclamó sonriendo: 

FJ hombre con pasiones es torrente, 

Que hinchado con las aguas lleva el puente. 

A D. FELIX CASAMAYOR. 
ROKAW01. 

FRAGMENTO 2.° 

Más árido y enervado 
Que aquel metro funeral, 
Que al Virrey Meló compuso 
Cierto numen Clerical, 
Tomo la pluma mi Félix, 
Pues no puedo sosegar, 
Si no te cuento la historia 
De mi mal de pe a pa. 
Cuatro meses bien cumplidos 
Me he llevado en cavilar, 
Que este año no llegaría 
A ver el Cirio Pascual. 



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EL PABNASO ORIENTAL. 265 



Vómitos, inapetencia, 

Vigilias, y otros mil más 

Achaques de este jaez 

Me vinieron a asaltar 

Con más violencia, que al moro 

Don Rodrigo de Vivar. 

Me llegué a poner tan flaco, 

Que el pueblo empezó a dudar, 

Si era D. José Oliver, 

O el alma de Garibai. 

En lo sutil a las auras 

Se las podía apostar, 

Pues si el médico venía, 

Y me quería pulsar, 

Era echarse a palpar sombras 

El pretenderme palpar. 

Me decía mi mujer: 

Dime, por Dios, dónde estás, 

Que por la casa te busco, 

Y no te puedo encontrar: 
La respondía, y ai eco 
Dirigía la visual; 

Mas en vano, porque nunca 
Me alcanzaba a columbrar. 
El resquicio de una puerta 
Daba entrada tan capaz 
A mi cuerpo, como al tuyo 
Puede dar la de Alcalá. 
A este estado reducido 
Me tuvo el flato infernal: 
Flato lo llama el país; 
Mas miente, que es huracán. 
Hubo dentro de mi cuerpo 



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266 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Tanto viento, y viento tal, 

Que pensé haberme engullido 

La cabeza mazorral 

De algún montañez cerril 

Preciado de su solar. 

El ejercicio a caballo 

Cosa sobrenatural 

Me dijeron todos que era 

Contra este perverso mal: 

Ni un día de un mes siquiera 

Se me escapó sin montar; 

Pero ni yo, ni eí caballo 

Adelantábamos más, 

Que él cansarse de correr 

Y yo de no adelantar. 

Pildoras, purgas, jarabes 

Entraron para atacar 

En este cuerpo infeliz 

A mi enemigo mortal, 

Pero él defender el puesto 

Con mayor tenacidad, 

Que el paso del Rhin famoso 

El ejército alemán. 



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EL PABNASO ORIENTAL. 267 



CRÍTICA JOCOSA. 

Polleras de angaripola 
Con una cuarta de encaje 
Cuentan que llevaba el paje 
Del Arzobispo de Angola 
Que iba a Tetuán por forraje. 

En el camino encontró 
A el Patriarca Noé 

Y al pasar se le ocurrió 
Decirle riyendo: Che, 
¿El Diluvio se acabó? 

Teniendo por vilipendio 
No4 la risa y pregunta, 
Quiso quitarse la punta 

Y diz que la dijo incendios 
En París a una difunta. 

Calle y no más, le decía 
Salomón que lo escuchaba 
Pero él más se destemplaba 

Y de cólera reía, 

Tan pronto como lloraba. 
Se enfureció de manera 

Que el Emperador Agripa 

Por cortar toda quimera 

Dio orden a una partera 

De meterlo en una tipa. 
Viendo el caso enmarañado 

La prudente Abigail 

Se fué a lo de su cuñado 

35 



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268 



EL PARNASO ORIENTAL. 



Que vivía en el Brasil 

O en el sarto de Alvarado. 

El Conde de Lucanor 
Que darla autoridad quiso 
La envió por Embajador 
A caballo en un Petizo 
Por todo el monte Tabor. 

Creo en Dios Padre, exclamó 
Al oir la novedad 
El Reverendo Feijóo, 
Mas quisiera a la verdad, 
Ser rosa de Jerico. 

El Sabio Rey D. Alfonso^ 
Con tan rara exclamación 
Se ecbó a entonar un responso, 
Mas le dijo Faraón: 
Calíate que sos un zonzo. 

Cuando se supo en Viena 
Dicho de tanto gracejo 
El Cid y D. a Jimena 
Cenaron en noche buena 
La cola de un pingo viejo. 

Llevó a mal la colación 
Nuestra infanta Doña Urraca 
Y por dar un bofetón 
Al Profeta Simeón 
Se metió en una Petaca. 

La buscó todo el Concilio 
De Trento, pero un abate 
Primo hermano de Virgilio 
Expuso de que el Emilio 
No enseñaba a Cebar Mate. 

Reflexión tan oportuna 



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EL PARNASO ORIENTAL. 269 



Libertó de una borrasca 
Al gran Cardenal de Luna 
Que se encontraba en Osuna 
Atado con una guasca. 
Viéndose con libertad 
Este insigne caballero 
Dió de su prosperidad 
Noticia a la Cristiandad 
Por medio de un Aguatero. 

Aprobaron la elección 

Los Conciliarios de Brujas 
Siendo todos de opinión 
De regalar cuatro cujas 
Al Chancho de San Antón. 

Consultó el Duque de Feria 
El caso a Santo Domingo 
Mas dijo Santa Quiteria 
Que era el Santo muy Lulingo 
Para hablar en la materia. 

Que el Castillo de Venasque 
Tenía hombres de razón, 

Y que fuera Gedeón 

O que despachase un Chasque 
Con actos de contrición. 

Que así la Samaritana 

Y otras gentes de cordura 
Procedieron en La Habana 
Cuando tuvo la locura 
Sansón de comer Picana. 

He dicho mi parecer 
Concluyo, y se me da un pito 
Que me tengan por mujer 



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270 E L PARNASO ORIENTAL. 



Y pues, va ya a anochecer, 
Voyme a mi casa, adiosito. 



NOTA. — Todas las piezas poéticas que se encuentran in- 
sertas desde la página 239 hasta ésta, son originales del Sr. 
D. José Prego de Olirer. 

El editor. 



FIN DEL TOMO SEGUNDO. 



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ÍNDICE. 

DE LAS COMPOSICIONES MÉTRICAS 
&UE CONTIENE ESTE TOMO. 



Pág. 



Drama intitulado Los Treinta y Tres 1 

Canción Patriótica 45 

Canción Patriótica de los Cívicos de Montevideo ... 48 

Canción: El Patriota Emigrado 51 

Oda a la Jura de la Constitución 5$ 

Oda recitada en el Teatro de Montevideo 60 

Himno cantado en Máyo de 1832 65 

Himno 67 

Himno 70 

Acrósticos 72 

Otro 73 

Canción Patriótica de la Comparsa de San Felipe. . . 74 

Himno a la elección del segundo Presidente .... 77 

Canción: El Voto Público al mismo asunto 80 

Oda al mismo asunto 83 

Oda al mismo asunto 87 

Oda 93 

Traducciones: Oda 1.» de Horacio a Mecenas .... 95 

Oda a los Romanos, Hor. Lib 3.° 99 

Oda 7.» al Pueblo Romano, Hor. Lib del Epodon ... 101 

La Colina Alegórica 102 

Soneto a la muerte del señor don Víotor Barrios . . . 106 

Acróstico a la memoria de una hija ama-da 107 

Elegía al mismo asunto 108 

Décima: La muerte en pos de Himeneo 112 

Oda a la Reina Regente de España 113 

Desahogo poético de un Patriota Oriental 118 

Oda: La Madre Africana 125 

A mi Amigo A. . 127 

Poema-embrión: La Torada 129 



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272 ÍNDICE. 

Canción: La Pobreza 133 

Himno Crítico 136 

Décimas críticas: El Pau Nuestro de cada día .... 139 

Epigrama 140 

Oda al 25 de Mayo 141 

Himno del Sol 142 

Himno al Sol 14© 

Diálogo entre el Corazón y el Entendimiento .... 153 

Letrilla 155 

Kegalo a Dorina 156 

Letrilla ieo 

A la Mujer 1*0 

Soneto: A Filis Fugitiva 161 

Soneto: El Talianrfn 162 

Letrilla jocosa 1*3 

Imitación de CadaNo 166 

Letrilla: A una Abeja 

Letrilla: Mis pesares 170 

Letrilla: A los que hacen versos a cada cosa .... 172 

Letrilla: Mi Barquilla 174 

Fábula: La Cotorra y los Patos 175 

Versos 176 

Letrilla a Julia 171 

Otra a la memoria de Fili l&l 

Otra 183 

Otra: A Flora 

Otra: El Picaflor de Dorina 186 

Endechas 190 

Sátira 19 * 

Décima: A un Ombú cortado 106 

Canción: A la colocación 4e laa Estatuas de la Caridad . 197 

Letrilla . . 200 

Epigrama: Imitado de uno latino 201 

Décima improvisada 202 

Letrilla: El Alfiler 202 

Letrilla: El Anillo 2 "4 

Letrilla: La Aguja »»d 

Aviso* La Moza y sus "Recuerdos 206 

A la Envidia 2 2? 

Aviso I™ 

Soneto: El arribo a mi Patria 214 

Décimas: La Metromanía 215 

Otras 22 ? 

Diálogo patriótico. Entre Contreras y Chano • • . . 225 

Oda a la reconquista de la Ciudad de Buenos Aires . . 239 



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ÍNDICE. 273 



Oda a la memoria de don Agustín Abren 242 

Oda a Montevideo tomado por asalto en 1807 .... 245 
Oda al señor don Santiago Liniers por la defensa de 

Buenos Aires 250 

Oda a la decadencia de España 253 

Octavas: Thisbe por la muerte de Piramo 256 

Canción: A un Romance 260 

Soneto 262 

Fragmento 1.° de una Oda a Himeneo ibíd 

Fragmento 2.° de un Romance a don Félix Oasamayor . 264 

Crítica Jocosa 267 



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OtnilUA LA umA II LOf 

SEÑORES SUSCR1PTORES 

AL l. er TOMO DE ESTA COLECCIÓN. 



NOMBRES. EJEMPLARES NOMBRES. EJEMPLARES. 



JllXCmO. OcUOr XuLUlloLiU 11 <3 XX a 


1 


Excmo. Señor Ministro 


de la 


cienaa x/. Juan rojana x« 




Guerra General D. 


Pedro 




2 
* 




o 


D. Angel María Navarro . . 


1 


Guillermo Muñoz * . . 




Antonio Gomila 


2 


José del Poso * 




Antonio E. Fernández * . . 


1 


Juan María Prieto . 




Antonio Morales * . 


1 


Jorge Oarbailido * . 




Andrés Somellera * . . . 


1 


José Alvarez * . . 




Bruno Mas * 


1 


Juan Suasnábar * 




Braulio Costa 


1 


Luis Ferrando 




Bernardo ¡Berro * . . . . 


1 


Lorenzo Nogues * 




Conrado Bmquer * . . . . 


1 


Luis Antonio Carballo 




Dionisio J. Caviedes . . . 


1 


Manuel B. Gallardo * 




Eusebia Reventós * . 


1 


Manuel Domínguez . 




Eugenio Ziapato * . . . . 


1 


Mr. Dasfchois . . . 




Esteban Lombardo .... 


1 


Manuel B. BuBtamante 


* 1 


Flumencio Muñoz .... 


1 


Manuel Carrillo . . 




Félix Calzada * 


1 


Manuel Cabral * 




Francisco A. Vidal * . . . 


1 


Pedro A. de la Serna 


* ] 


Francisco de los Santos 


1 


Teodoro Bustasnante * 





NOTA — Los SS. Suscriptores cuyos nombres llevan esta 
señal * no fueron colocados en la lista de los que cooperaron 
a la impresión del primer tomo, unos por olvido y otros por 
llegar sus nombres demasiado tarde, los que no la llevan, se 
han suscrito a él, al ser imitados a este segundo. 

El Editor. 



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SlfORlf f ViOBIFf 

A ESTE 2.° TOMO. 

Rxcmo. Señor Ministro de Gobierno doctor don Francisco 

Llambí 1 

Excmo. Señor Ministro de Hacienda don Juan María Pérez 2 
Excmo. 8eñor Ministro de la Querrá General don Pedro 
Lenguas 2 

NOMBRE* EJEMPLARES. HOMBRES. EJEMPLARES. 



A 



D.a Ana M. de Lavalleja . 


. 6 


D. Antonio Díaz. . . . 


. 2 


Andrés Manuel Durán . 


. 2 


Antonio Gomila .... 


. 3 


Antonio Alba .... 


. 1 


Artonio Morales 


. 1 


Antonio M. Pérez 


. 1 


Antonio Mancebo 


. 1 


Antonio Puentes . . 


. 1 


Antonio Acuña .... 


. 1 


Augusto Lasala .... 


. 1 


Andrés Lamas .... 


. 2 


Augu-íto Posólo .... 


. 1 


Ambrosio Velazco . . . 


. 1 


Agustín Castro .... 


. 1 


Agustín Murguiondo . . 


. 1 


Agustín Almeida . . . 


. 1 


Antonio de Castro . . . 






B 


D. Bartolomé Quiles . . 


. i 




. i 


Benito Domínguez . 


. i 



Alejandro Cbucarro 
Antonio Bejoy . . . 
Antonio Ríms . . . . 
Antonio J. Machado 
Antonio T. Caravia. . 
Antonio Stomellera 
Andrés S'omellera. 
Antonio F. Fernandez . 
Adolfo Soatoa 
Antonio T. Silva 
Ambrosio Mitre . . 
Alejandro Al varea . . 
Alejo Villegas . . . 
Angel Mariano Navarro 
Antonio M. Guimaraens 
Antonio Pagóla , 
Antonio Fariña . . . 
Antonio Prieto . 



Bernardo Berro 2 

Bruno Mas ...... 1 

Benito Larraya 1 



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D. Benito Chain. 
Benito A. Núñez. 
Braulio A. Pinilla 



B 

1 I Ignito Baena 

1 I Bernardo Constante 

1 



c 



D. Carlos Anaya 
Carlos G. Villademoros 
Cayetano Bégalia 
Cosme Catta . . 
Cirilo Barbat 
Cesáreo Villegas 
Carlos Moratori . 
Carlos Juanicó 



Carlos San Vicente 
Conrado Ruquer . 
Calixto Acevedo 
Cayetano J. Stturla 
Casimiro Piñeiro 
Carlos Lacalle. . 

c g. a . . . 



D 



D. Doroteo García . 
Diego Noble y C.» . 
Daniel Vidal . . . 
Dionisio A. Del Soto 



D. Eugenio Ziapató . . 
Estanislao G. de Zúfiiga 
Eufemio Gadea . . 
Elias Irueta .... 
Eusebio Correa 
Eulogio Pinazo . . 



D. Francisco Osorio. . 
Félix Calzada . . . 
Francisco Martínez . . 
Flumencdo Muñoz 
Francisco Lavifia (padre) 
Francisco Lavifia (hijo) 
Felipe Maturana 
Francisco Taborda . 
Francisco Rodríguez 
Florencio Pinilla 
Francisco Araucho . 
Fabio J. Main es . . 
Félix Barrios . . 



Domingo Veracierto 
Dionisio J. Oaviedes 
Diego Furriol . . 



E 



Eusebia Beventós 
Esteban Navan-o 
Eusebio Cabra! 
Elias J. Pereyra. 
Esteban Lombardo 
Eladio Fuentes . 



F 



Francisco Antonino Vidal 
Francisco Tezanos . . 
Francisco Pico . . . 
Francisco Paredes . . 
Francisco Muñoz (padre) 
Francisco Muñoz (hijo) 
Francisco Aguilar . . 
Francisco Beissig . . 
Francisco S. de Antufía 
Francisca Homero 
Felipe Echagüe . . . 
Francisco Cortinas . . 
Francisco de los Santos 



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p 


X». X IflUtMOU iltOKlllillUV • 


X 


Francisco X. G. de Zúñiga 


•Francisco Martínez . 


. 1 


Florencio Várela 


Francisco A. de Figueroa . 


. 2 


Francisco A. de Lira 


xermia uraooez .... 


. 1 


Francisco Calainé 


Fernando Iglesias 


. 1 


Francisco G. Arroyo 


Francisco Parejas 


. 1 


Francisco Ourbelo . 




G 


vniunri r cichii ... 


. 2 


Gabriel Piedra Cueva 




. 1 


Gabino Parada 


Gerardo Moratori 


. 1 


Gaspar Beissig 




. 1 


Genaro Rivas 




1 


Guillermo Moutier 


Oer/inimo Cáceres 


. 1 






H 


D. Hilario Pin .... 




T) * ToniAcitA Biifttflman tp 


j 

. i 


L 


D. Ignacio Echagüe. 


. 2 




Jpidoro Vivas . 


. 1 




Isidoro De-María 


. 1 


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D .TnR¿ María. PljLtfl.ro 


J 

. 2 


José Brito del Pino. . . 


«JOiMJUlU valu pWxH> ... 


. 2 




«JUBc -rVUlUIHU ajih viL»rtt; 


. 1 


José María Manso .... 


Tna¿ Pn va raí 


1 




♦ »Ui*Jl X. ¥ aMJUü£ ... 


. 2 




«lo^c xiiriuio jxLtMirttzu . . 


. 1 


Juan Francisco Giró 




. 1 




Joaauín. Revillo 


1 


José Benito Lamas .... 


Tdqá Anfnnín Pío onorr o 


. 1 


José Félix Antuña 


Tl.on 1+ fi nv/i(n 


. 1 






. 1 




•Tfííinnín fSVmnít.Pii. 

ti vaUUlU vUvl/lvCi» ... 


. 1 


José Ignacio U. Echagüe . 




. 1 


Juan A. González .... 


José Vidal 


1 




Jomó Párente Riveiro . 


. 1 




Joaquín Sagra y Periz . . 


. 2 


José María González . . 




2 


José A. Languenheim . . . 


Joaquín de Vedia . . . 


. 1 





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D. Juan B. Blanco . . . . 

Juan Wich 

José María Estévez. 

Juan Pineda ...... 

Juan Isidro Díaz . 
Juan P. González Valle jo . 

Jaime Illa (hijo) 

Juan Mn 

Joaquín Requena . . . . 
José A. Iturriaga . . 

Jcsé G. Requena 

Juan P. González . 

Juan G. SSenra 

José Solsona 

José Sondean 

Juan Sevilote 

José Rodríguez Braga . 

José María Roo ...... 

José del Pozo 

José Alvarez 

José Vidal . . ... . 

José María Veracierto . 
Joaquín Pereira . . . 
José Julián Maciel . 

Juan Gouland 

Juan G. Coria 

Juan M. Amaya 

José María Arzac (padre) 

José Alonso ...... 

Juan Andrés Espinosa . 
Juan Ventura González. 
José Vázquez Ferrara . . 
José Saavedra 



D. Luis Larrobla 
Luis G. Vallojo . . 
Leonardo Olivera 
Luis Antonio Oarballo 
León Pereda . 
Lucas Díaz . 



1 Julián Alvarez . 

1 José E. Zas 

1 José María Reyes 

1 José Tomás Arrúe . 

1 Juan Méndez Oaldeira . 

1 Jaime Hernández. 

1 Juan María Prieto . 

1 Juan Susviela 

1 José Botet 

2 José Olsina 

1 Juan Martínez . 

1 Joaquín Suárez 

1 Juan Zufriategui. 

1 Juan Manuel de la Sota 

1 Juan Martínez . . . . 

1 José Antonio Bianqui . 

1 Juan Lucio Zuasnabai . 

1 Jorge Carballido . 

1 Juan Masana 

1 Juan Esteban Caravaca 

1 Joaquín Machado . 

1 Juan José Durán 

1 Juan Pedro Salvañach . 

1 Jcsé Tardáguila . 

1 José Yopis . . . . 

1 Juan Suárez . 

1 José Toribio 

1 José Dobal 

1 José Agustín Pagóla 

1 Juan Francisco Machado 

1 José Vázquez Ledescna. 

1 Juan B. Capurro . 

1 José Miguel k . . . 

L 

1 Luis Fernández . 

1 Luás Dea 

5 Luis Piñeiro 

1 Luis Bernardo Cavia 

1 Luis Masariego . . . . 

1 Lázaro Luis de María . 



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D. Luis Goddoífroy. . . 


. 1 


Luciano de las Casas . 


1 


Luis Ceferino de la Torre . 


. 2 




. 2 








M 


Di María Josefa Olivera . 


. 5 



D. Manuel B. Bust amante 
Miguel Bodríguez 
Manuel Vigil 
Manuel Araucho 
Manuel Méndez . 
Miguel Echeverriarza 
Manuel Gradin 
Manuel Díaz . 
Martín Donado . 
Manuel A. Crespo 
Miguel Valencia . 
Modesto Sánchez 
Miguel Forteza . 
Manuel B. Gallard 
Manuel Correa 
Manuel Domínguez 
Mr. Darthois 
Manuel Tejera 
Marcelino Santurio 
Manuel Menéndez 
Manuel Sensano . 
Manuel J. de la Torre 
Manuel X. Gómez . 
Miguel Vacan i (padre) 
Miguel Vacani (hijo) 
Manuel Pérez. 
Aianuel Gordon . 
Modesto Polonio Díaz 
Miguel Gómez de León 



D. N. López, Provisor . 
Sarciso Perrer . . 

Sáenz 

Narciso D. Tenorio. 



Luis Antonio Pereyra 
Laureano Anaya 
Lorenzo Pérez 
Luis Lerena . . . 



D.a María A. Sánchez 
D. Manuel Vidal 
Manuel Baillo 
Manuel Menúes . 
Miguel Antonio Berro 
Miguel Brid . 
Manuel Bas . 
Miguel SolBona 
Manuel Morella 
Manuel N. Tapi 
Manuel Fernández Luna 
Manuel Llamas . 
Manuel Cabra! . 
Manuel Machó 
Manuel Ayala 
Mariano Lavandera 
Manuel Figueroa 
Manuel Beissig . 
Manuel H. y Obes 
Marcelino Carranza 
Manuel Pezzi 
Melitón González 
Manuel Carrillo 
Manuel Silva . 
Martín Cavia. 
Marcos Hincón 
Miguel Alegre 
Martín Ximeno 
Manuel Lezama 



N 



Narciso Pérez 
X. Ocar . . . 
Nicolás Fernández 
Nemecio del Soto 



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D. Pedro Gervasio Pérez . 


4 


I*.* Paula Laredo de Díaz . 


. 1 


Fe#ro Somellera. . 


1 


D v Pablo Delgado . . . 


6 


Pedro de Nava .... 


. 1 


Pablo Duplessis .... 


. 1 


Paulino G. Vallejo . 


1 


Pantaleón Pérez .... 


. 1 


Pedro Nieto 


1 


Pedro Oacharavilla . 


. 1 


Pedro Villademoros . 


. 1 


Pablo Domeneche 


. 1 


Pedro Latorre .... 


. 1 


Pedro J. Otamendi . 


. 1 


P*dro B. Díaz .... 


. 1 


Pedro A. de la Serna . 


. 1 


Patricio Villagráu 


. 1 


Pablo J. Goyena. . . . 


. 2 


Pedro Melilla .... 


. 1 







R 



D.a Eafaela N. de Goyena 2 

D. Ramón Artagaveytia . 1 

Rosendo Velazco .... 2 

Ramón Rodríguez .... 1 

Román J. García .... 1 

Ramón M. del Peláez ... 1 



Román Acha . . . 
Ramón Bustamante . 
Ramón Iifián. 
Rafael Machado . . 
Rafael P. Echeniqae 
Raimando Prat . . 



s 



B.a Serafina Parella ... 1 

D. Santiago Vázquez ... 2 

Sebastián Sagarra .... 1 

Sebastián Solsona .... 1 

Salvador Tort 1 

Santiago Estrázulas. ... 3 



D.a Simona Montoro 
D. Servando Gómez 
Santiago Gadea . 
Santiago Paz. . 
Santiago González 
Saturnino Peralta 



T 



D. Teodoro M. Vilardebó . . 2 

Tomás Casares 1 

Teodoro Bustamante ... 2 



Toribio Tutzo 
Tomás Escudero 



u 

L T n Porteño agradecido ... 2 



D. Valentín San Martín 
Vieente Vázquez. . . 
Vicente Berro . . . 
Vicente Lapido . . . 



Víctor Ziapató 1 

Vicente Arroyo y Gines . . 1 
\ ícente Vilaldemoros . . . 1 



D. Xavier Argerich 1 



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